Entre septiembre y
diciembre de 1993 se realizaron las más grandes movilizaciones del magisterio de todo el
Estado por el cambio de tabulador. A fines de este año, y en pleno movimiento
magisterial, se realizó el congreso extraordinario (en el SNTE los raros son los
congresos ordinarios) de la Sección 33 que habría de elegir a su Comité Ejecutivo. El
Pleno de Representantes del Consejo Central de Lucha llamó a elegir delegados que se
identifiquen con el movimiento para disputar el poder seccional a los
"institucionales", lo que fue acatado en un elevado porcentaje en las asambleas
delegacionales.
El día de la inauguración del congreso,
el magisterio realizó una marcha de la plaza principal al local en donde se realizaría
el evento. Entonces ocurrió algo singular: cuando se dieron a conocer por medio del carro
de sonido los nombres de los delegados identificados con el movimiento (no llegábamos a
30), de los distintos contingentes saltó el mismo reclamo: "¿En dónde está
nuestro delegado?". Todos ellos traicionaron sus compromisos y se fueron a lo seguro:
a sumarse a los grupos "institucionales" de la Sección, disciplinados al
Comité Ejecutivo Nacional.
Otro hecho singular que hay que destacar es
que esos delegados también aprobaron en la plenaria del congreso la elección directa de
los dirigentes por el voto directo y secreto de todos los miembros del sindicato pues,
como se recordará, fue durante ese congreso que se aprobó en Yucatán por primera
vez esa demanda que los delegados democráticos propusimos.
Sucede igual en todos los congresos:
siempre habrá delegados que falten a la palabra empeñada con las bases que los eligen
para, una vez solos, escoger ir "con la luna (Comité Ejecutivo Nacional) o con el
sol (gobierno del Estado)". Por eso es que los miembros del SNTE no tienen confianza
en los dirigentes seccionales que surgen de los congresos; la poca que les pueda otorgar
el beneficio de la duda la pierden por completo por el mal desempeño de sus funciones.
Por eso es, también, que las elecciones directas de los comités seccionales y del
nacional son una consigna democrática que ha alcanzado un elevado consenso que hasta
aspirantes a la Secretaría General Seccional se atreven a proponerla a sabiendas de que
no será posible por el momento y de que sólo una insurgencia nacional podría arrebatar
esa conquista, ya que la reforma de los estatutos es también tarea de los congresos.
Esto es: ahora tenemos varios aspirantes a
la Secretaría General de la Sección 33 del SNTE. ¿Quién o quiénes elegirán de entre
ellos al ganador? Si Ud. cree que los delegados, podría equivocarse: si Elba Esther
y sus comisionados lograran la hazaña de disciplinar a los cerveristas con los
"institucionales" no cerveristas, la señora podría hacer lo que en Quintana
Roo, en donde personalmente ella designó al actual secretario general.
Si, por el contrario, Cervera y sus
vasallos tienen los suficientes arrestos y se empeñan en hacer valer su muy probable
mayoría de delegados, que ya amarraron tras tres años y medio de golpeteos contra los
grupos democráticos y de clientelismo realizado gracias a la concentración del poder
seccional por Aldana Novelo, entonces habría dos posibilidades: la primera, que Elba
Esther se vea en la necesidad de hacerse del voto de los delegados cerveristas al
congreso nacional a cambio de escoger, siempre ella, de entre los aspirantes de esa
facción hasta ahora tapados al que ocuparía ese cargo. La otra posibilidad
está implícita en la amenaza de suspender la elección del comité seccional para que Elba
Esther designe una comisión ejecutiva que se haga cargo de la Sección en tanto
termina el periodo del Gobernador.
Como Ud. ve, en todas las variantes
anteriores no son los delegados los que elegirán: siempre será la hasta ahora jefa del
grupo hegemónico en el SNTE.
La única posibilidad de que los delegados
pudiesen jugar el papel de electores del secretario general (lo del resto del comité es
otro cantar) sería que en el congreso se formase una coalición con fuerzas no
cerveristas que incluyese a otros delegados lo suficientemente fuerte como obligar a
una elección, tal como sucedió en el congreso anterior. Pero hay otros datos que no
parecen apuntar a eso: las reuniones facciosas que el representante de Elba Esther
ha venido realizando con todos los miembros del actual comité seccional (la última fue
un desayuno el lunes por la mañana), salvo los tres secretarios del comité de la
Corriente Democrática de los Trabajadores, en las que los miembros no cerveristas del
comité son presionados a unirse a los del grupo de Aldana para asegurar una
elección prefabricada (en eso, los del nacional son expertos en alta cocina) o, de lo
contrario, ya se sabe, habrá comisión ejecutiva.
Así se están prefigurando las cosas en la
Sección 33. Para que después nadie salga con el pretexto de que no sabía en lo que se
metía, que se tome nota de lo que aquí informamos. (R.A.S., Mérida, Yucatán, Méx.,
noviembre de 2000)
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