Casi 10 años pasaron para
poder pasear nuevamente la gran capital de los Estados Unidos Mexicanos. Varias veces
estuvimos de paso; si acaso un par de ellas fuimos a visitar a unos parientes y otra a la
Villa.

Templo Mayor.
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Ocho días en la metrópoli aparentemente
son muchos, pero se vuelven nada ante la enorme cantidad de atractivos que la más hermosa
de las ciudades de todo México tiene, y es que aquí hay para escoger lo que uno quiera:
museos, paseos guiados por el Centro Histórico, el Palacio Nacional con su jardín
botánico, el museo de Juárez y no se diga de los murales de Diego Rivera y
de la visita guiada al Templo Mayor (que nos da una idea bastante clara del tamaño de los
edificios que los aztecas tenían en funcionamiento a la llegada de los conquistadores, y
la maqueta en la que vemos la grandeza del lago de Texcoco nos muestra cómo la capital se
lo fue comiendo hasta nuestros días). La catedral metropolitana está siendo restaurada,
pero aún así vale la pena contratar a un guía especializado para que nos enseñe sus
secretos, que son muchos. Conocer cada uno de los edificios mencionados toma fácilmente
de dos a tres horas, y si usted es de a los que les gusta la onda cultural o religiosa no
puede faltar una visita a la iglesia de Santo Domingo y desde luego al Santuario de
nuestra Virgen Morena de Guadalupe, a la famosa Villa.
Chapultepec sigue siendo el lugar más
visitado por los turistas de provincia y los capitalinos; luce esplendoroso. Ahora
afortunadamente hay un paseo en un carrito y el guía va explicando los mil y un detalles
que el Castillo y el parque tienen, desde la batalla de los Niños Héroes en 1847 hasta
los días en que fue casa oficial de los presidentes de México. Los museos, jardines,
cercas de hierro forjado francés y hasta el zoológico son únicos para pasar un rato
agradable. Planee un día completo, con sus pequeños ratos de reposo y comida a base de
antojitos (si es de los que los saborea); de lo contrario no disfrutará el único pulmón
ecológico que le queda a la Ciudad de México.

Danzantes en el Zócalo.
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¡Ah!, se nos olvidaba que el Museo de
Antropología es una de las maravillas del México moderno. Si le gusta la cultura maya,
vaya directo al pabellón que así lo indica y admire algunas de las piezas más
sobresalientes que indebidamente los gobiernos centralistas se llevaron de los lugares
donde originalmente fueron hallados. Entre esas piezas está el Chacmool (Garra roja)
original que fuera descubierto por el investigador y explorador francés Le Plongeon
a fines del siglo XIX (y que afortunadamente fue rescatado por las autoridades antes de
que se lo pudieran llevar al extranjero) en la plataforma de Venus (después de dinamitar
dicho lugar) en la majestuosa Chichén Itzá, Patrimonio Cultural de la Humanidad (dato
que sólo saben las autoridades federales y no más de un centenar de yucatanenses
interesados en su cultura). También podrán ver el disco de turquesas y jade que se
encontraba en el tigre rojo que está en la subestructura del castillo o pirámide de
Kukulkán. Verá también innumerable cantidad de vasijas de barro y cerámica policroma
de los diferentes períodos de esplendor de los "griegos de América" (como les
llamó el Dr. Sylvanus G. Morley, mayista que vivió muchos años entre nosotros
investigando, restaurando y escribiendo su libro que en su momento fue casi la biblia en
cuanto a teorías y opiniones calificadas sobre nuestra cultura).
La sala de Bonampak, del Estado de Chiapas,
es increíble. Ver la reproducción de los murales que cubrían los aposentos de los
sacerdotes, dignatarios, reyes y príncipes mayas es un sueño que pocos tienen el
privilegio de ver.

Palacio Nacional.
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Uno de esos días, Dulce María (mi
esposa) y los compadres Martha y Eduardo fuimos a dar un paseo a Xochimilco,
famoso lugar de las chinampas donde los lugareños cultivaban flores y algunas plantas y
legumbres comestibles que eran transportadas al centro de la Gran Tenochtitlán; nuestro
paseo fue de casi cinco horas; pasamos uno de los días más apacibles; es difícil creer
que en la capital haya lugares donde la quietud y el cantar de los pájaros son todavía
una realidad, y cuando quisimos entretenernos tuvimos mariachis, marimba, tríos y una
barca que preparaba sopes, gorditas, carnes asadas, otras tortillas hechas a mano con
nopalitos asados y queso blanco, con su salsa picante ¡uh, qué sabroso!, y
para tomar, lo que a usted le guste.
La temporada taurina estaba finalizando.
Ver al América en el estadio Azteca o a los universitarios en la Ciudad Universitaria.
Sitios como Cuicuilco y Copilco se desarrollaron antes de que el volcán Xitle escupiera
toda su lava que cubrió enormes áreas que llegan hasta Jardines del Pedregal.
Si usted va de compras, hay de todo y en
todas las calidades. Perinorte, Perisur, Santa Fe, además de las tradicionales tiendas en
el centro como el Palacio de Hierro, Liverpool o el área de la calle de Durango donde hay
buenas tiendas, pero si usted es de a los que les gusta la artesanía y quiere redecorar
su casa con obras de las manos mágicas de los artesanos mexicanos, entonces el lugar es
Indios Verdes, en Insurgentes norte: 20 mil metros cuadrados de artesanía de todo el
País le esperan.
Frente a la Alameda, tradicional lugar de
descanso de propios y extraños, puede verse el monumento a don Benito Juárez, con
una talla en mármol que reza "El respeto al derecho ajeno es la paz", que los
legisladores priístas yucatanenses hasta hoy no entienden porque no han entendido qué
quiere decir "respeto".
¿Le gusta el teatro, bailar, disfrutar una
sabrosa cena de dos en un romántico lugar, o ir con parientes o amigos? Eso no es ningún
problema; hay cientos de restaurantes de todo tipo de comida. ¿Algo informal? Taquitos,
¡uh!, hay docenas por todos lados, y si le gusta la cocina koshier, entonces vaya
a Polanco.
¿Dónde hospedarse? La Ciudad de México
tiene la más amplia variedad de hoteles, pero si quiere un lugar seguro, de clase y
calidad, piense en el Fiesta Americana Reforma, con precios accesibles, buen servicio y
buena comida. Su gerente general, Jorge Neuenhaus, veterano profesional hotelero,
está pendiente de todos los detalles para que el personal en turno cumpla con su trabajo
para darle gusto a usted. Los taxis en la puerta del hotel son seguros; un poco caros,
pero la seguridad tiene su precio; si va a necesitarlo todo el día, negocie desde el
principio un precio justo.
El María Isabel Sheraton es otro de los
hoteles que se encuentran en Reforma, de los tradicionales; la atención y el servicio son
de primera; su cafetería y restaurantes son de calidad.
Aeroméxico, Mexicana, Magnicharter,
Aerocaribe y otras líneas tienen paquetes que en ocasiones resultan más económicos que
reservar un hotel determinado. Pregunte, haga cuentas y decida; la opción que escoja es
la mejor.
En cuanto a seguridad en la metrópoli,
tome sus precauciones; no ande solo después de que oscurezca, tome taxis del hotel
después de checar con los botones. En cualquier ciudad del mundo hay inseguridad; no
lleve más que una tarjeta de crédito cuando salga a la calle y con el efectivo que usted
considere pueda gastar; no lleve joyas ni esté mostrando a todo mundo qué y cuánto
tiene.
Para un servidor fue grato redescubrir la
capital del País y estoy invitado a pasar otra semana a principios del año 2001. No lo
piense; para sus próximas vacaciones piense en el D.F.; no se va a arrepentir. Para
mayores informes, consulte la página web www.df.gob.mx donde encontrará el correo
electrónico. (F.A.R.V., Mérida, Yucatán, Méx., noviembre de 2000; Comentarios
rubio@mail.mda.com.mx
o telfax [9] 984-0143) |