El día de la justicia
Difícilmente los mexicanos de
todas las condiciones sociales y en todos los rincones del país presenciaremos
otro momento histórico en nuestras vidas como el de este 1º de diciembre con la llegada
del nuevo presidente de la República, Vicente Fox Quesada al Palacio Nacional.
La entrega del mandato de parte del viejo
sistema político, representado por Ernesto Zedillo, y la recepción que
hace el nuevo gobierno, constituyen por si solas un acontecimiento que millones de
mexicanos y gente de otras naciones aspiraban a presenciar algún día
en nuestro país. Sin embargo, llegado el momento, es evidente que muchos millones de
personas más en este país aún no asimilan ni cuantifican los alcances o significado que
tiene para el país entero ese simple cambio de una banda presidencial.
Dos páginas en este editorial no pueden
dar cabida a ningún análisis sobre el partido que deja el poder y sus logros y errores.
No pretendemos hacerlo.
Dicen que "no hay mal que dure cien
años ni cuerpo que lo aguante", pero este dicho no aplica en el caso del PRI porque
apenas duró poco más de 70 años en el poder. No llegó al siglo. Tampoco sería justo
calificar al otrora partido oficial, como el causante de todos los males que padecemos en
esta era contemporánea. Fueron, eso sí, sus malos miembros los causantes de esta debacle
a la que hoy se dan cita solo algunos.
Huérfanos de poder, carentes de mando,
miles de priístas hoy se debaten entre si hacer que renuncie su lideresa o esperar a que
ella lo haga sola en medio de una rechifla. Siguen sin darse cuenta del grave error que
por años cometieron y pretenden echar las culpas a un grupo de circunstanciales
personajes derrotados, a los que les tocó estar ahí en el momento de la debacle.
Mientras eso ocurre, los mexicanos todos
sin excepción, somos invitados especiales de este gran momento que comienza en
la nación, aún para los que hoy van de salida. Los priístas, nostálgicos, no admiten
que se diga que el nuevo presidente deberá partir de cero o que sea mucho lo que tendrá
que reconstruir. Tienen razón, pero quizá no haya manera de calificar lo que el sistema
que al fin salió de Los Pinos, hizo en este México de cien millones de mexicanos,
cuarenta de los cuales por cierto reciben el calificativo de pobres y
de miserables.
Decir que hicieron hospitales, caminos,
puentes, que mantuvieron la "paz social", etc. etc., sería mal evaluarlos
contando sus obras materiales. El PRI en el poder, que hoy ya no sabemos si realmente
seguirá existiendo sin la cabeza de un Presidente, hizo más que eso. Por ejemplo, llevó
a la muerte a Luis Donaldo Colosio al tiempo que estableció los puentes necesarios
leáse instituciones que finalmente dieran paso a elecciones limpias.
No sobra decir que no fue fácil que el PRI
convertido en un sistema y en un poder absoluto accediera a quitarse de una vez por todas
del gobierno presidencial. Primero tuvieron que darse cruentas batallas en el terreno de
la democracia, cientos de fraudes, miles de urnas robadas, millones de votos no contados,
y no pocos candidatos muertos, para que las cosas comenzaran a cambiar.
Curiosamente, algunos de esos mismos
priístas que hoy lamentan su derrota, son a los que escucharemos en breve pronunciar
palabras despectivas llenas de rencor contra "el PAN, el partido oficial",
como si con ello pudieran borrar de un plumazo, lo que con ese membrete causaron cuando
ejercieron el poder.
No fue fácil esa lucha. En especial cuando
la contrastamos con lo que aquí ocurre. Ciertamente, pese a sus memorables actuaciones
cívicas, Yucatán es un auténtico bastión priísta al que le falta mucho trabajo de la
oposición por dejar de serlo. Empero no lo decimos nosotros todos los
días una docena de priístas en el Congreso se esfuerza por lograr que nuestro estado
también devuelva una repulsa el 27 de mayo a ese partido.
Si, precisamente son los malos priístas
hoy en el poder estatal, los que con esmero tejen la que podría ser su derrota en las
urnas por la gubernatura. Nadie hace mejor trabajo para la oposición que ellos.
Yucatán, señoras y señores, asiste a ese
encuentro insólito del cambio presidencial, con malos yucatecos a la cabeza de sus
poderes, que lo mismo atropellan a la justicia como lo hace en conocidos y sonados casos
en manos del Poder Judicial, que a las leyes como ocurre con el desacato del Poder
Legislativo o que violan la Constitución en el ejercicio del Poder Ejecutivo.
Malos priístas como Dulce Sauri,
que parece haber recibido un entrenamiento en un buque para saber saltar apenas la nave
hace agua ya lo hizo antes en el gobierno del Estado y ahora lo repite en el PRI
nacional, son los que aportan granitos de arena en beneficio de la todavía
llamada "oposición" cuando hacen convocatorias de boicot contra un simple acto
protocolario de cambio de banda presidencial.
Pésimos priístas, que teniendo a un nuevo
"héroe de los mexicanos" en la persona de Ernesto Zedillo, se han dedicado a
insultarlo, por el simple hecho de que no pudo impedir que se impusiera la voluntad
popular el 2 de julio pasado.
Espacio nos faltaría para consignar con
detalle lo que aportan cada día que pasa, esos personajes por acrecentar el llamado
"efecto Fox". Parece que a todos les urge sacar al PRI también de
Yucatán, pero eso, será obra de los priístas. A la sociedad solo le quedará confirmar
su decisión el día de las elecciones.
* * *
No es una tarea fácil la que nos aguarda
como sociedad. Por ejemplo, Vicente Fox se propone echar a andar un ambicioso plan
de impulso a la vivienda que sin duda, en nuestro terruño, habría de beneficiar
precisamente a los "vivienderos" yucatecos que durante años se han coludido con
el gobierno en turno para lucrar con el precio de la tierra, reducir las dimensiones de
las casas, ofrecer materiales de la peor calidad y defraudar con elevados costos, a los
ocupantes de las propiedades (que contraen créditos impagables), al tiempo que se suman
en los momentos necesarios, al apoyo de campañas políticas del partido contrario al del
hoy presidente, repartiendo dinero y prestando vehículos, a sus candidatos en busca de
garantizar su acceso a los planes oficiales de construcción de casas.
Fox también anunció el impulso del
mayor plan de ayuda al campo en la historia de México. Según dijo en un programa
televisivo, el nuevo mandatario quiere dotar de los insumos de riego necesarios para
hacerlo realmente productivo.
De nuevo, los directamente beneficiados,
serían aquellos corruptos proveedores que con la complicidad de malos funcionarios que
exigen o reciben jugosas "comisiones", han abastecido al agro yucateco
de costosos, carísimos instrumentos de riego, que hoy yacen ociosos en los cuatro puntos
cardinales de la geografía estatal. Sobran ejemplos de los equipos que inoperantes,
confirman el mal ejercicio de la política y su peor deformación que es la complicidad
empresarial.
Millones de pesos se han gastado en ese
programa que en Yucatán no pudo alcanzar sus objetivos y metas en el sexenio que
finaliza, de 20,000 hectáreas anuales. En seis meses termina la gestión cerverista y
salvo contadas excepciones, aquellos enormes y valiosos equipos, no funcionan y se han
convertido en elefantes blancos, que amenazan con sangrar las exiguas finanzas de los
hombres del campo que los aceptaron en crédito.
¿Qué podemos esperar del gobierno de Vicente
Fox entonces, dando beneficio precisamente a esos corruptos empresarios que cómplices
del mal gobierno hoy se frotan las manos en espera de volver a recibir nuevos contratos de
obras y servicios? La pregunta no tiene respuesta. Quizá se podrá esperar mucho, como
por ejemplo, que los casos de contubernio empresarial y político trasciendan y así se
puedan perseguir o bien simplemente que ya no se repitan en este nuevo sexenio.
Fundamentalmente lo que abrigamos conservar
es la paciencia. Tiempo le faltará al Sr. Fox para medio enderezar lo torcido,
para corregir lo desviado, para subsanar lo roto, para recuperar lo robado... en apenas
seis años. Hay que recordar que a los causantes de todo ello les tomó mucho tiempo
conseguir lo que finalmente hicieron. Así que rehacerlo, no será cosa de días.
No obstante, el primer paso ya está dado,
sacando al PRI de Los Pinos, lo cual, siendo justos, en realidad es una falacia porque lo
que salió de ese recinto no es un partido, sino un sistema, representado por un hombre
con poder. De ser cierto, el PRI tendría hoy pies y cabeza para mudarse a otra parte y la
verdad, no se los vemos.
Es tan incierto su futuro que no nos
extrañaría que dentro de poco tuvieran que pedir prestado para sostener la sede que
tienen en México.
En fin, memorable, emocionante,
insólito..., son muchos los adjetivos que se pueden utilizar para calificar al 1º de
diciembre del año 2000. Sin embargo, el que más pudiera englobar lo que en realidad
encierra ese cambio, es el de justo. No se trata de un simple cambio de poder; es
más que eso. Es el resultado, primero, de una suma de errores muchos,
de malos tratos, injusticias, atropellos y excesos que los mexicanos soportaron durante
los últimos años; segundo, es el fruto de una lucha dada por también millones de
mexicanos, por darse un mejor gobierno y una mejor calidad de vida.
La llegada de Fox a Los Pinos es en
suma, fruto de todos. Especialmente del PRI.
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