Hipotéticos
escenarios de posibles cambios.- El TEPJF, enfilado y decidido a superar y
afrontar su mayor prueba desde la creación de la instancia; firme la resolución de la
fracción priísta del Congreso local para no acatar el más reciente fallo de la
instancia federal que pide reponer el proceso de integración del Consejo Estatal
Electoral (CEE) y agotados los plazos determinados por el tribunal para cumplir con la
disposición, los siguientes son algunos de los hipotéticos escenarios del desenlace del
caso:
El TEPJF fija multas a los diputados
disidentes y turna el expediente a la Cámara Baja al tiempo que pide el arraigo de los
legisladores locales a cargo de agentes de la Policía Federal Preventiva. Los diputados
federales de las fracciones del PAN y el PRD de la Comisión de Gobernación y Puntos
Constitucionales y del pleno hacen uso de la mayoría simple que requiere el
procedimiento, aprueban el desafuero de los legisladores yucatecos, quienes afrontarían
acusaciones penales en el ámbito federal y dejan en manos del Senado de la República la
reposición del CEE.
La perspectiva puede conducir hasta a la
desaparición del Poder Legislativo y la intervención de instancias federales que
deberán reponerlo bajo su control directo. Una situación de esta índole puede hasta
conducir a la desaparición de poderes en Yucatán, un suceso inédito en la historia
contemporánea local y hasta nacional desde que la Cámara de Diputados instruyó, pero
por órdenes del Ejecutivo Federal entonces a cargo del presidente Luis Echeverría
Alvarez y la intromisión supralegal del presidente, una medida similar contra el
gobernador de Sonora Armando Biebrich.
Sin embargo, una medida de esta índole,
apegada al espíritu de la ley, resultaría contraproducente al comienzo de la nueva
administración federal de Vicente Fox Quesada pues quizá alentaría a una
corriente priísta en los estados e incluso en los organismos camarales federales con el
doble propósito de fundamentar un frente externo contra el nuevo secretario de
Gobernación, Santiago Creel Miranda, y una cabeza de puente de los
"duros" para apoderarse del liderazgo nacional del PRI.

Mario Tránsito Chan Chan.
|
Aunque escandaloso e medio de ribetes
cercanos a lo increíble, el suceso es capitalizado casi de inmediato por los estrategas
de comunicación e imagen del nuevo gobierno. El caso Yucatán, con su gobernador como
figura eminente de la "línea dura" de un PRI sumido en profundas
contradicciones y pugnas internas, da oportunidad al ejemplo de la magnitud de la
resolución de los recién ungidos gobernantes por acatar la ley y defender la democracia.
Una veloz concatenación de hechos deriva
en la supresión de los poderes en Yucatán y la caída de un ala identificada como
radical en el PRI. Resurge el tema de la supuesta inconstitucionalidad del mandato de Cervera
y políticos de otros partidos encarredados en las postulaciones a la gubernatura
abanderan causas no dirigidas ya contra el tambaleante Congreso yucateco sino contra el
propio Ejecutivo local. Un dramático efecto de dominó apresura la caída estrepitosa de
formas políticas que alguna vez fueron consideradas perennes y Yucatán, otra vez en el
ojo del huracán, es conducido a las elecciones por autoridades locales provisionales.
Un escenario menos dramático favorece las
inciativas de negociación que favorecería la intervención conciliadora de la
Secretaría de la Gobernación. Al cabo, los diputados priístas pagarían sus multas pero
no serían sujetos a las instancias ulteriores del proceso gracias a que lograron avanzar
en una negociación con el PAN y el PRD yucatecos que permite una integración plural del
CEE y conservar intacta la solemne imagen del TEPJF. Sin embargo, esta perspectiva es
demasiado buena, más propia de una parábola campirana que de la realidad apremiante de
las circunstancias que caracterizan el asunto.
Un escenario inesperado pero acorde a
los nuevos tiempos se deriva de las fracturas que comienzan a tambalear la estructura
monolítica del mando camaral del PRI y la teoría parte de la posición asumida por el
diputado cetemista Mario Tránsito Chan Chan, quien pidió que se convoque al pleno
a fin de que cada diputado exprese su acuerdo o desacuerdo con el desacato, un
planteamiento que tuvo fulminante respuesta de la diputada Hoyos Schlamme, quien le
acusó de sostener intereses personales ajenos a los de la fracción priísta.
Este escenario, de ribetes sorprendentes,
logra agregar al bloque de diputados del PRD y el PAN que están de acuerdo con el fallo
federal y de ningún modo quieren ser arrastrados al abismo por cuyo borde caminan la
presidenta de la Gran Comisión y los diputados del PRI... o al menos la mayoría de
éstos, pues la inesperada rebelión del cetemista se añade a la ya conocida del diputado
Gaspar Xiu Cachón, quien, erigido en anticerverista confeso, ha dicho que está de
acuerdo con el respeto al fallo del TEPJF.
De esta forma serían doce los diputados
-dos de ellos priístas- que en un momento de desesperación, según este escenario, se
deslindan a plenitud del desacato y sólo bastaría uno para inclinar la balanza de la
mayoría a su favor. ¿Quién podría ser el decimotercer disidente ante la inminencia del
desafuero y la desintegración camaral? Una pista: hasta ahora, la presidenta nacional del
PRI no ha apoyado la cruzada de la diputada Mirna Hoyos, como analizaremos más
adelante. Liborio Vidal Aguilar, uno de los diputados identificados a plenitud con
la ex gobernadora, tampoco parece inclinado a jugarse el todo por el todo al lado de Mirna
Hoyos y los legisladores que aún apoyan a ésta. Un indicio sobre su futuro
comportamiento proviene también de lo dicho por el presidente estatal del PRI, Roberto
Pinzón Alvarez, pues éste deslindó al partido del problema y es seguro que no haya
sido así de no contar con el visto bueno de la jefa de su grupo político, que también
incluye a Vidal Aguilar.
En este México nuevo un escenario de esta
índole de ningún modo es privativo de lo ficticio. Diputados del PRI, PAN y PRD contra
diputados del PRI ¿Será posible? Por que probable sí lo es, sin duda.
Consecuencias del desacato.
La figura emblemática del desacato, Mirna Hoyos Schlamme, la presidenta de la Gran
Comisión del Congreso local, hizo añicos con su radicalismo cualquier perspectiva de su
carrera política. Se diría que cumplió un ciclo y que sus perspectivas por la
postulación de su partido a la gubernatura si alguna vez fueron mínimas ahora son nulas.
Estandarte de una cruzada contra
autoridades federales en una coyuntura desfavorable a lo sumo hacia su partido, a partir
del primer día de diciembre la diputada priísta viviría situaciones inéditas, bajo
todo el peso del poder que ya no controla su partido.
Las señales externas de su partido hacia
su actitud no fueron lo favorables que esperaba. Hasta ahora, la presidenta nacional del
PRI, su coterránea Dulce María Sauri, no ha asumido la defensa de los diputados
locales emanados del instituto político y en realidad es poco probable y menos posible
que lo haga ocupada como estará en afrontar la embestida de las corrientes internas que
lanzarán todas sus fuerzas para apoderarse de la conducción nacional de la
organización.
Incluso, la posición del líder del Senado
de la República, Enrique Jackson Ramírez, lejos de respaldar la risible
campaña que pretende protagonizar la diputada yucateca para suprimir el TEPJF fijó una
raya para mantener a los senadores priístas ajenos al asunto y pidió el estricto
cumplimiento de la ley para zanjar el caso, que no es otro sino un nítido mensaje para la
fracción priísta: cumplir sin reservas con lo dispuesto por la instancia federal.
Los deslindes de directivos priístas
respecto de la cruzada que pretende encabezar Mirna Hoyos contra el máximo
Tribunal deben debieran preocuparle y motivarle a la reflexión y el sentido
común, pero lejos de asumir una posición madura y sensata la legisladora ahonda su
propósito y lejos de apoyar la causa el presidente estatal del PRI, Roberto Pinzón
Alvarez, dejó en claro que el asunto es competencia plena de los diputados y con ello
también delineó un límite en los apoyos del partido a su fracción parlamentaria.
Así las cosas, la diputada Hoyos
Schlamme lanza palada tras palada al túmulo de su carrera política, leal a la piedra
angular que ha distinguido su trayectoria y su triste papel en el Congreso: su fidelísima
devoción a ser congruente con sus incongruencias.
Conforme transcurran los días crecen las
posibilidades de defecciones en el propósito de la fracción priísta. Si estas prosperan
Mirna Hoyos quedaría sola, acompañada de su terquedad voluntariosa. Al final no
le quedaría mas remedio que ser el factor "sacrificable" y entonces pediría
licencia para separarse del cargo por motivos de salud como digno colofón para su
memorable intransigencia.
La estrategia que promueve para emprender
un juicio de controversia ante la Suprema Corte de Justicia de la Nación está viciada de
origen. No es previsible ni viable que el máximo tribunal del país que vela por el
cumplimiento irrestricto del país nulifique el fallo de una instancia cuyas resoluciones
son irrevocables. No un abogado, cualquier leguleyo consideraría principios jurídicos
elementales para desistir de un recurso semejante.
¿Profeta? Entrevistado
al cabo de la última visita del doctor Ernesto Zedillo a Yucatán como
investido como presidente, el gobernador Víctor Cervera Pacheco,
refiriéndose al mandatario saliente, pronunció una de sus máximas en suma
inescrutables: "Todo ejercicio del poder tiene un fin". Sin embargo, para un
político que ha conocido y vivido las más altas esferas del poder político de la
nación, que ha logrado sobrevivir a condiciones en extremo adversas y constituye una
figura emblemática del ámbito priísta nacional, la sentencia dicha como colofón al
ciclo de visitas del jefe del Ejecutivo Federal parece contextualizada mejor en el terreno
de una reflexión personal exteriorizada por alguien para sus adentros.
El maestro de los tiempos, el hábil
político que gobierna con mano de hierro que gobierna con guante de seda es consciente
que el poder pertenece más al ámbito de lo furtivo y acepta que es más difícil
conservar el poder que obtenerlo. Intuye quizá que su ciclo declina y pronto llegará a
su fin. Sólo le resta la dirigencia nacional del PRI para continuar en las altas esferas
que le son hartas conocidas, pero también es cierto que la lucha por obtener la
presidencia del partido será en extremo compleja. Sí, coincidimos con el gobernante: "Todo
ejercicio del poder tiene un fin".

José Toraya Baqueiro.
|
Otro más.- Agregado a la
precampaña priísta por la gubernatura, José Toraya Baqueiro tiene
significativos activos para aspirar a la postulación entre los que destacan, por las
características del entorno político vigente, las de ser identificado con una posición
conciliadora en relación con los otros grupos políticos locales y la facilidad y
credibilidad que este atributo le proporciona para tender puentes hacia las fuerzas
políticas moderadas de otros partidos.
Abogado vinculado al grupo político de Víctor
Cervera, ex regidor meridano, director-fundador de la Cousey en el interinato del
actual mandatario estatal y director nacional de la Corett, Toraya militó en el
llamado "Grupo Galileo", distinguido por su ánimo de apertura y constantes
llamados a la necesidad de una democratización interna del PRI que a la postre será
considerada como una de las voces con mayor legitimidad que gritó en el desierto en la
etapa del precolapso que culminó con la derrota del PRI en las elecciones del 2 de julio.
Autor de diversas iniciativas durante su
gestión en el Senado de la República, ejerce una actividad empresarial en el sector
transportista que le reditúa presencia y relaciones y participó en la precampaña de Francisco
Labastida Ochoa en la etapa postrera del proceso logrando mejorar la
posición del precandidato en un escenario complejo.
Goza de buena imagen ante la opinión
pública y figuró en aquella famosa fotografía periodística que retrató a todos los
aspirantes por la candidatura del PRI a la gubernatura menos, se diría, por el gran
ausente, quien les tomó la foto y que al final obtuvo la postulación: Víctor Cervera.
Ahora las condiciones de la entidad y de la
nación sin distintas a las de entonces. Toraya puede ser un buen candidato por su
fama pública desprovista de la trayectoria beligerante y traumática que domina a
precandidatos como Orlando Paredes Lara y Carlos Sobrino Sierra. No
obstante, el ex senador tiene que demostrar un propósito firme por la democratización
interna del PRI yucateco y un ánimo por conciliar a quienes, como aquéllos y Carlos
Calderón Cecilio, consideran que tienen méritos suficientes, de una índole u
otra, para recibir la nominación. (Mérida, Yucatán, diciembre de 2000)
|