Todo iba más o menos bien
hasta que el cacique metió brutalmente la pezuña en la elección del Comité Ejecutivo
de la Sección 33 del Sindicato Nacional de Trabajadores de la Educación (SNTE), en el
Congreso efectuado recientemente. La había metido antes y durante éste por conducto de
sus agentes Rosa Baduy (su veterana y fiel operadora en el magisterio, a la que ha
convertido en "caciquita" de éste) y René Aldana, el secretario general
saliente, a quien impuso hace tres años y ocho meses, pero se cuidó de no dar el golpe
más fuerte hasta el último tramo del evento, cuando los delegados estaban más confiados
porque creían, equivocadamente, que de la cooptación no iba a pasar.
Ni siquiera le respetó a su delfín Orlando
Paredes Lara el "derecho" a ser el gran elector y a poner, por tanto, al
nuevo secretario general de esta sección, en la persona de Raúl Méndez Osorio,
para garantizarse tener a un controlador del magisterio de su entera confianza durante su
campaña y a una contraparte sindical a modo cuando fuera gobernador. Cervera dio
la orden, en el último minuto de las pláticas entre los representantes del Comité
nacional y los candidatos reales, para que fuera hecho a un lado Méndez y puesto
en su lugar Freddy Santos Morales, un dócil seguidor de la Baduy. Para
valorar el tamaño de la intromisión del cacique debe saberse que este Santos ni
siquiera era candidato. Los votantes no se enteraron que lo era hasta que se leyó la
planilla única con que se materializaba la imposición.
Este Congreso magisterial demostró, de la
manera más fehaciente, por qué falta mucho camino por andar para poder decir que México
es un país democrático y que en él ya no hay sindicatos corporativos.
Si en el SNTE, que es un sindicato que dice
ya no ser corporativo y que se dice convertido a la democracia (a cada rato lo repiten sus
dirigentes, encabezados por su líder moral, Elba Esther Gordillo Morales), ocurren
hechos tan vergonzosos como éste en que un gobernador estatal impone al principal
dirigente de una de sus secciones (ante la impotencia, la complacencia y aún la
complicidad de los dirigentes nacionales, en el contexto de una estructura interna
piramidal que impide que sus millones de integrantes puedan intervenir en la elección de
sus dirigentes), ¿qué podemos esperar de aquellos sindicatos dirigidos por líderes que
ni siquiera, aún de manera hipócrita, han proclamado su conversión a la democracia?
No obstante el lento desarrollo del
Congreso de la Sección 33, por la obligada negociación entre los diferentes candidatos a
su Secretaría General y los representantes del Comité nacional del Sindicato, las
formalidades se habían cubierto bien hasta antes del "pezuñazo". El proyecto
de nuevo Comité Ejecutivo, sin incluir a la Secretaría General y algunas carteras que
quedaron sujetas a la negociación, había sido consensado entre los delegados al través
del voto secreto de éstos.
Sólo faltaba, para coronar con éxito el
trabajo, que la Secretaría General fuera consensada también, tanto entre los
negociadores como entre los mismos delegados. No sucedió tal cosa. Después de larga
espera, con el Congreso detenido a partir de la declaración de un receso, regresaron al
salón de sesiones los negociadores algunos de éstos sumamente molestos y los
representantes nacionales, éstos con la planilla ya completa en las manos y dispuestos a
someterla a votación de los delegados, como si así lo hubieran acordado las partes que
negociaban.
Aquí fue donde ardió Troya. Apenas se
pronunció el nombre del candidato de la planilla de "unidad", se desató la ira
de muchos delegados. El Congreso estuvo a punto de degenerar en un zafarrancho. Muchos
delegados de los grupos en que estaba dividido el conjunto contrario al cerverismo
manifestaron su indignación por el madruguete y se enfrentaron tanto a sus rivales como a
los representantes del Comité nacional. Algunos de los candidatos participantes en la
negociación, aplastados por el "dedazo", relataron cómo ocurrieron los hechos
en el cuarto de hotel donde se efectuaron las pláticas.
Refieren que, en primer lugar, las
conversaciones se prolongaron demasiado porque ninguno de los varios candidatos
entre ellos Méndez aceptaba renunciar a su candidatura. Todos se
mantenían en sus trece. Así estaban cuando, inopinadamente, entró una llamada
telefónica. Un ayudante le dijo al representante del Comité nacional de mayor jerarquía
que estaba siendo solicitado por teléfono. Salió de la estancia con su equipo, quedando
en ella sólo los candidatos que negociaban. Tardaron bastante en regresar. Cuando lo
hicieron, la situación cambio. Venían en actitud distinta. Uno de ellos le dijo al otro:
"Díselos tú, porque yo no me atrevo".
Al fin se decidieron y uno tomó la
palabra: "Lo sentimos mucho, pero el próximo secretario de la Sección no será
ninguno de ustedes" y, enseguida, dieron el nombre de quien por órdenes de
"alguien" sería el nuevo dirigente durante los siguientes tres
años de los trabajadores yucatecos de la educación "transferidos", sin
que estos trabajadores lo hubieran postulado nunca ni hubieran sabido jamás que él
también era candidato para Ripley y, más aún, sin que el magisterio
lo conozca, ante las protestas de los candidatos de esa manera humillados.
¿De quién fue la llamada por teléfono?
¿Por qué después de ésta los representantes del Comité nacional se sacaron de la
manga el nombre de alguien que nunca, nunca había sonado como candidato pero que es
hombre de todas las confianzas de Rosa Elena Baduy y de René Aldana? Sólo
cabe una respuesta: el cacique volvió a imponerse a la dirigencia del SNTE.
Es por eso que en el Sindicato es reclamo
unánime que las elecciones dejen de ser arreglos y componendas de unos cuantos y se
implante el voto directo, además de secreto, de todos y cada uno de los miembros del
mismo para elegir a los dirigentes seccionales y del Comité nacional. Mientras sigan
estas elecciones estando en manos de un pequeño grupo de dirigentes timoratos y con
intereses políticos comunes a los de quienes gobiernan, el SNTE seguirá siendo víctima
de atropellos como el cometido nuevamente por el cacique Cervera en contra de la
voluntad de los trabajadores de la educación de la Sección 33 del SNTE. (F.P.S.,
Mérida, Yucatán, Méx., noviembre de 2000)
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