Hoy día, los mexicanos
somos testigos de un acontecimiento sin precedente: la democratización de nuestro país
es una realidad palpable, histórica y absoluta, una búsqueda que prolongó su hallazgo
setenta años y que el 2 de julio pasado concluyó con el triunfo electoral de Vicente
Fox Quesada (esto, sin dejar de mencionar a los miles de hombres y mujeres que
aportaron su acción o su pensamiento para que este sueño se convirtiese en el presente
que vivimos y construimos). Así, la victoria del Partido Acción Nacional en las urnas no
es solamente de quien la representa, sino también pertenece a los que de manera directa o
indirecta colaboraron en la edificación de un nuevo y moderno Estado nacional, y entre
ésos se encuentra, por méritos obtenidos durante un sexenio de aceptación y apertura
democrática, el actual presidente Ernesto Zedillo Ponce de León.
Así, a pesar de los sectores del Partido
Revolucionario Institucional empeñados en desprestigiar la imagen política de Zedillo,
al grado de adjudicarle la culpa de la derrota priísta más caótica en mucho tiempo, el
actual mandatario de México fue una de las partes fundamentales para que la llamada
"transición" haya podido consumarse: el solo hecho de haber reconocido
públicamente el día de las elecciones la derrota del partido oficial
generó, además de una sorpresa mayúscula entre los telespectadores, todo género de
comentarios de las más diversas índoles.
Algunos, envueltos por la certeza de
victoria sexenal de antaño que en fin de cuentas devino fracaso, se han dado a la tarea
de perpetrar un verdadero "linchamiento" contra Zedillo, al extremo de
que no ha habido semana, desde las pasadas elecciones federales, en que no aparezcan
declaraciones contra su persona por parte de los propios priístas. Sin embrago, si de
algo pueden enorgullecerse éstos es de tener entre sus filas al hombre que, al igual que Adolfo
Suárez en España, abrió la puerta a la modernidad política, rezagada, callada e
ignorada durante tantos años. No obstante, las cosas suceden en orden contrario: la
enorme aportación tricolor a la democratización mexicana puede terminar, como en el caso
de Carlos Salinas de Gortari, en una máscara que pide monedas por entretener a los
automovilistas en las esquinas.
Lentamente, pero día a día, el PRI se
derrumba entre los nichos de poder que aún conserva y los grupos subvencionados que
vivían de su nómina, entre promesas de reestructuración total y cacicazgos aún no
resignados a desaparecer
Aparentemente la única carta fuerte que este partido
podría utilizar en su defensa ha sido desechada, pisoteada y humillada, sin tomar en
cuenta que era la última de la baraja.
Hasta en las mejores familias
Independientemente del ridículo que la
mayor parte de la prensa mexicana cometió el 8 de noviembre ante los resultados de la
elección estadounidense, esto es, al declarar triunfador oficial como noticia de
primera plana a George Bush Jr., lo sucedido en tales comicios es algo
inusitado en la historia de EE.UU. Por primera vez un juez debió intervenir para mediar
en la pugna entre los dos candidatos presidenciales que, a manera de la tan criticada
democracia latinoamericana, cayeron en difamaciones, reclamos, objeciones e impugnaciones
antes sólo propias del "Tercer Mundo". Los votos en Florida fueron contados a
mano, uno por uno, con tal de asegurar la inexistencia de un fraude que podría poner en
duda al sistema político de aquel país.
Queda demostrado una vez más que la
democracia es, hasta el momento, el modelo de gobierno óptimo, aunque su eficacia dependa
completamente del ser humano que, lejos de ser clasificado en regiones o
"mundos", es el mismo, con análoga posibilidad de cometer errores que van más
allá de las designaciones culturales, sociales o políticas. Como dato interesante, el
recuento de votos ha retardado casi un mes el resultado oficial, cosa que no es mal vista
por tratarse de EE.UU. y a pesar de que los mercados financieros padezcan altibajos con
cada día que pasa. La razón: un sistema de justicia confiable que no se vende y es capaz
de dictaminar imparcialmente a favor de cualquier candidato.
De reglamentaciones y cosas peores
Desde hace varios años el Distrito Federal
se ha vuelto presa de las marchas que en sus calles día con día se llevan a cabo. Desde
pseudo estudiantes que a su paso destruyen lo que se encuentran, hasta burócratas que
exigen retribución por seis años de trabajo a medias, el tránsito capitalino se ve
afectado por la voluntad de unos cuantos, quienes suponen que la libertad de
manifestación descrita en nuestra Constitución pasa por alto otro derecho de la Carta
Magna: la libertad de tránsito. Así, desde hace seis años el tema de una regulación a
este respecto ha sido propuesto en distintos foros que, obedeciendo más al populismo
andante que a la voluntad de quienes pagan impuestos que a su vez son los que pagan
el levantamiento de vías de circulación, han resultado una simple preocupación en
vez de una ocupación. Y, como suele suceder en esta ciudad, una vez que el problema se
vuelve mayúsculo es cuando se toman las medidas necesarias para solucionarlo.
El jueves 23 de noviembre un niño perdió
la vida atropellado en las cercanías de la Secretaría de Gobernación. La víctima se
encontraba en una manifestación del Frente Popular Francisco Villa cuando un vehículo
intentó rebasar al tumulto y la embistió. Independientemente de las circunstancias en
que tal suceso se desarrolló, y haciendo a un lado la búsqueda de culpables, las marchas
que tanto perjudican a la población defeña cobraron una víctima inocente. Un día
después, Rosario Robles, jefa de Gobierno, convocó a un plebiscito para
cuestionar sobre la posible regulación y control de plantones, marchas y manifestaciones.
¿Por qué dar solución a un problema sólo cuando se padecen las magnitudes y los
extremos que logra alcanzar? Mejor sería comenzar por plantear el conflicto desde su
inicio, antes de que las consecuencias como en este caso cobren vidas
inocentes y pongan en riesgo la seguridad de los habitantes del D.F. Lo mismo sucede con
los mercados ambulantes que obligan al peatón a caminar al lado de automóviles en
marcha, o con la seguridad que dista mucho de una pronta eficacia, o con las viviendas
construidas al borde de barrancos, y así tantos asuntos cuyo planteamiento no llega sino
hasta cuando hay consecuencias graves.
En fin de cuentas, la actualidad de nuestra
nación semeja más un caos que el mínimo orden, y sólo por hacer mención de tres
problemas acaecidos durante una semana. Problemas de educación, de principios, cultura y
valores
Siempre educación. Quizá la raíz del problema recaiga en un sistema
escolar que, por más que enseñe a sus educandos la repetida y plagiada frase "El
respeto al derecho ajeno es la paz", en la realidad demuestra que tal premisa es
sólo una más, como lo son códigos, leyes, preceptos y convencionalismos caídos en el
olvido a causa de su incorrecta o nula aplicación, llámese también inutilidad.
Por otra parte, opino que la construcción
de un Wal-mart en el Paseo de Montejo es una aberración para la ciudad de Mérida (C.C.L.,
México, D.F., noviembre de 2000; xsharly@hotmail.com) |