Nuestra ciudad ha venido
perdiendo gradualmente su belleza arquitectónica a través de los años en forma
alarmante. La hoy "Capital Americana de la Cultura" está siendo descuidada, en
primer lugar, por las autoridades municipales y por los "colonos" guardianes del
INAH, que dan una de cal por dos de arena.
Todavía no se borra de la memoria de los
yucatecos que, indefensos, vimos cómo la picota, por los años sesenta, destruyó el
antiguo Olimpo, para ser convertido su lugar en un estacionamiento. El motivo que originó
la acción de la picota, es que era "insalubre", según el departamento de
sanidad de ese entonces. Gracias al empuje del buen Patricio Patrón se hizo algo
decoroso en ese lugar.
Junto con el Olimpo también cayó, entre
otras casonas del centro histórico, la ubicada en la confluencia de las calles 64 x 63 y
que perteneció al hacendado don Sixto García, y que a la fecha está convertida
en un terreno para estacionamiento, con las condiciones más paupérrimas que nos podamos
imaginar.
Y si recorremos la historia, así han
sucumbido decenas de casonas, unas por la desidia y otras por el interés de comerciantes
avorazados que se valen de todo para conseguir dónde instalar sus negocios, aún a costa
del patrimonio de la ciudad.
En la actual administración, solamente
para señalar algunos casos, vale la pena mencionar el terreno ubicado en la glorieta de
Justo Sierra, donde hoy se construye un "supermercado", a pesar de las protestas
de algunos grupos cívicos, pero al parecer el permiso fluyó a la obra en cuestión, sin
mostrarse el proyecto al público. Se está gestando y los problemas los veremos luego y
que los resuelva otra autoridad, porque las de ahora ya no estarán...
En el primer cuadro de la ciudad, por la
calle 70, se dieron permisos para derruir varias casas de ese entorno, incluso algunas de
la calle 72, para "expandir" un templo mormón. Seguramente que ahí los
dólares fueron la "mantequilla que hizo posible el daño patrimonial". Lo mismo
está pasando ahora en la calle 63 entre 58 y 56, donde se está levantando un edificio
"moderno" que seguramente albergará comercios sin lugar a dudas
dejando en ese sitio otra sensación antiestética.
En esa misma manzana, sobre la 58, entre 61
y 63, la picota, protegida por las sombras de la noche, tal y como trabajan los bandidos y
los entes del mal, derribaron lo que fue la conocida farmacia Drogas, S.A.
Ahí insistió en evitar la destrucción el
INAH, pero quién sabe qué obscuros intereses pudieron más y la obra de desbaratar sigue
hoy en sus últimos momentos. A ver qué van a dejar construir ahí los genios del
rimbombante título "Desarrollo Urbano" y bajo qué condiciones se permitió un
crimen más contra nuestra ciudad.
En la lista están seguramente decenas de
casas, adquiridas y cerradas por sus propietarios, en espera que éstas se derrumben solas
y así se limpien los terrenos y vendan a precio de oro.
¿Será que no existe autoridad alguna para
tomar este asunto del Centro Histórico y emita leyes y reglamentos para que quienes
posean predios en esa zona no los abandonen? Y simplemente o los cuidan y dan
mantenimiento, o que los obligue la ley a venderlos, para darles un uso adecuado y se
acabe así un grupo de "empresarios vivales" que, apoyados por funcionarios
"venales", siguen destruyendo nuestro patrimonio urbanístico; y a las futuras
generaciones solamente les podremos mostrar en fotos y videos cómo era Mérida, la
Capital Americana de la Cultura. (M.A.G.G. Mérida, Yucatán, Méx., Diciembre de
2000).
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