Uno menos
Generalmente, los años nuevos los pasa
nuestro líder en su rancho. Por la Navidad no se preocupa. La cena es en casa, con la
visita de Ricardo, de Berlín, de Raúl, Fito, y tantos
otros socios, perdón, amigos. Eso lo sabe mucha gente.
Pero el fin de año, la cosa cambia. Por la
mañana, desde muy temprano, arma un circo tremendo gira por el oriente del
estado, que incluye a varios invitados, a los que no les cae nada bien que se los
lleven el último día del año a recorrer potreros, carreteras y unidades agrícolas.
Es toda una pesadez. Con toda sinceridad se
los decimos: fastidia. Cada año es lo mismo. Sin embargo, debemos apechugar y hacer como
que no nos molesta. Es lo mismo todos los 31 de diciembre. Debemos volver de la gira
pasadas las 10 de la noche, para apenas bañarnos, vestirnos y adormilados festejar el fin
de año. Claro, si el jefe nos deja francos.
Nuestro Gran Gobernador en cambio, se queda
en su cama de piedra de Chen Pato, sin que nadie lo moleste, tragando todo el venado que
se le antoje. Por cierto, se le debe asegurar que es cola blanca y que no fue tirado en
Chocholá. (No se necesita de muchas certificaciones porque todo mundo sabe que en aquella
zona ya no hay venados).
Siguiendo con la tradición, muchos saben
que los 31 no suele estar presente toda la familia pero las vacas y los toros si. Y ese
olor a pasto verde... a estiercol fresco, mmmm, no lo perdona el jefe. Es como su segunda
adicción. No elucubren, la primera es la política.
La cena es también de sobra conocida. El
pavilo, siempre está presente en la mesa y no puede faltar un buen vino, aunque ya
entrada la noche, lo mejor es un buen vaso de etiqueta negra. Tampoco lo perdona el jefe.
Entrando en materia, nuestro líder no se
imaginó recibir el regalo de año nuevo que le llegó Desde Palacio, pero de Tabasco.
Directo de la Quinta Grijalva, la llamada vía satelital entró a la habitación de
nuestro jefe: "Te dejo libre el camino Víctor. Me voy".
Y es que el amigo Madrazo se
desesperó. El resultado del Tribunal no le agradó y decidió romper lanzas con México.
No pudo con el paquete de la presión del Trife y no le quedó otra que resortear como lo
hizo. Por eso viajó. Mal.
Tenía tiempo suficiente para hacer
campaña y dejar las cosas a su antojo, pero prefirió salir en medio de reflectores.
Allá él. Con Villanueva y Espinosa, ya son tres los que no supieron como
irse.
Dicen que nuestro venerado gobernador se
sintió un poco mal por la salida de Roberto de esa forma y acudió a visitarlo, a
fin de convencerlo de no hacer tantas olas.
Sin fdalsas modestias, debemos señalar que
tenía la esperanza de que se quedara, pues hubiera querido tener competencia en esto de
la presidencia del PRI.
Ahora, si directito nuestro G.G. viaja
solo, en primera clase y sin prisa. Nadie lo detiene. Ni la PGR.
Bueno, nos callamos por hoy porque nuestro
jefe anda cabildeando entre los consejeros que eligió el Trife para
"convencerlo$" de que no se acerquen a la toma de posesión... o de lo
contrario... (Mérida, Yucatán, enero de 2001)
Quejas a: cerveraesamor@yahoo.com
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