Arrancamos enero y de
entrada le preguntamos al gobernador de Yucatán ¿qué son diez años?.
Lo hacemos porque a siete meses de que Víctor
Cervera Pacheco deje la silla que durante casi diez años ha detentado en el Palacio
de Gobierno, ha comenzado la verdadera, la real cuenta regresiva.
Un conteo en el que sin lugar a dudas, los
yucatecos tendremos la enorme oportunidad de medir los saldos y de cuantificar los
verdaderos logros. No espejismos.
Para nadie es un secreto que tras el primer
interinato del actual gobernante, en pocos meses ya no quedaba rastro de lo que
supuestamente había hecho los cuatro años anteriores.
Comencemos a contar. ¿Vale la pena el
descrédito publico al cual se hizo acreedor Víctor Cervera en esta década?, o en
todo caso, sirvió de algo erogar la millonaria suma que gastó para las campañas, usando
el dinero del erario. ¿Vale la pena sostener panfletos cuya única finalidad es alimentar
la egoteca de un gobernante y la vanidad de su gobierno? ¿Vale la pena maicear a
varios de los corresponsales nacionales, para que oculten lo que todo México ya sabe y
conoce desde siempre que aquí tenemos al gobernante más antidemocrático,
rencoroso, atrabiliario y corrupto?.
Si, insistimos en preguntar: ¿valió la
pena para tratar de hacerse de una imagen ficticia completamente opuesta a la
real y sacrificar su nombre como el de su familia, solo por retener el poder?.
En los primeros días del año que
comienza, nuestro semanario recibió información desde la capital de la República del
mal trato del que fueron sujetos en Yucatán por parte del gobierno Estatal los
corresponsales extranjeros que vinieron a cubrir las elecciones del dos de julio pasado.
Volvemos a preguntar: ¿Valió la pena?.
¿Valió la pena ponerse en contra de la
construcción del monumental centro cultural "El Olimpo" por ser obra de un
alcalde panista?.
Qué triste ha de ser la vida para Cervera...
porque si a alguien le deben el acelerado crecimiento de la figura política de Patricio
Patrón Laviada es precisamente a Cervera. Falta muy poco para ver ahora los
resultados de esa estatura.
Pero sigamos preguntando ¿vale la pena el
sucio manejo de los programas sociales, así como de las finanzas publicas, de los
invernaderos, del programa de fertirrigacion y de tantos otros negocios?.
¿Valió la pena la embestida del gobierno
estatal a los ganaderos con el Decreto 34, el cual prohibía vender vaquillas, mismo que
fue peleado y ganado por un prominente empresario?.
¿Valió la pena el abandono a la juguera
de Akil, dejando a muchos citricultores en la calle?. Y es que no hablamos del puerto de
altura y socios que lo acompañan.
No son cuentas fáciles de saldar.
Revisando el pasado, el presente y hasta el futuro, es sencillo señalar que la sociedad
le va echar en cara y más adelante la historia y cobrar la división que
creó entre tantos sectores de la sociedad, por el simple hecho de querer tener el control
hasta de las opiniones.
Los empresarios por ejemplo, a
los que obligó a crear su minicoordinadora empresarial, la cual no tiene ningún crédito
frente a la Coparmex, serán de los primeros porque ¿cómo quedarán cuando usted
gobernador se vaya?. Ya no será necesaria "su unidad" porque no habrá quien
los obligue a aplaudirle ¿y quién los necesitará?.
Continuemos. ¿Vale la pena el constante,
asqueroso y sucio manejo en la impartición de justicia, que dieron pie a sonados casos?.
¿Dónde quedan el reparto de coas, de
bicicletas, alambres de púas y demás enseres que usted canjea con dignidad y sirven para
jugar con el hambre de un pueblo, cuando vemos resultados como el del 2 de julio?.
Se sabe que la inusitada respuesta
ciudadana al cacique yucateco, en las pasadas elecciones del 2 de julio cuando Yucatán
votó a favor de Vicente Fox y rechazó este estilo de gobierno, lo obligó a
calificar como traidores a miles de ciudadanos yucatecos, sin advertir, querer darse
cuenta de la realidad, que se cosechó lo que se sembró. Odio.
¿Vale la pena ser un gobernante que tiene
la manía de culpar a los denunciantes y no a los delincuentes electorales?. De qué sirve
tener un Congreso que hace lo que le ordena y que antepone los intereses particulares muy
por encima de los intereses generales.
Los aplaudidores del Gobernador en vez de
ayudarlo lo perjudicaron con su servilismo hipócrita, ese es el saldo del balance. En
contra.
El gobernador yucateco nunca pensó que se
diese el divorcio de Cervera con la sociedad, no se dio cuenta que el diablo esta
en los detalles. Satanás a imagen y semejanza se le apareció el dos de
julio. Y todo por no tener el cuidado de satisfacer a esa sociedad, y escuchar únicamente
a sus lacayos y aduladores profesionales.
Al hacer este balance, podemos advertir que
su conducta no ha sido aprobada por la ciudadanía, y que "ejercer" el gobierno
con él, para él y con nadie más que él, de nada le ha servido ni en los últimos cinco
años y medio ni en los anteriores primeros cuatro.
En un profundo examen de conciencia se le
puede decir que, ¿Qué son diez años de gobierno para un hombre que no pudo hacer nada
por su patria ni por dialogar con nadie?.
La tarea de construir una Patria es para
todos, liberar a Yucatán de un gobierno cínico y autoritario, donde no hay diálogo y la
razón tropieza con la barbarie, ha comenzado.
Quedan siete meses de chamba. Hoy
arrancamos.
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