Tabasco, ¿espejo
para Yucatán? Atención pormenorizada, de análisis microscópico merece
para Yucatán el caso Tabasco, donde las fuerzas políticas locales parecen erigirse en
posiciones enfrentadas que por momentos parecen irreconciliables. Son muchas las
enseñanzas derivadas de la situación que deben ser motivo de reflexión para los actores
políticos locales y que analizaremos a continuación.
El origen del conflicto no proviene de la
sentencia del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Trife) que anuló
en Tabasco el resultado de las elecciones locales para gobernador. El punto de partida se
remonta a la derrota de Roberto Madrazo Pintado en la elección interna del PRI
para nominar al candidato a la Presidencia de la República.
Otros considerarán que la simiente del
conflicto se remonta al fallecimiento, en circunstancias trágicas y nebulosas, de Carlos
Madrazo Becerra, un presidente nacional del PRI de ala moderada y de propósito
reformador cuyas visiones políticas colisionaron de frente con el estatus monolítico de
la entonces omnipotente nomenklatura priísta. A la muerte del padre en un sospechoso
accidente aéreo, el hijo habría decidido con secreta vehemencia protagonizar
una cruzada personal que culminara con su llegada a la Presidencia del País para,
entonces, reivindicar al progenitor ante los ojos de la Nación.
Sin embargo, para alcanzar el objetivo
(enraizado en el ánimo de quien se considera agraviado por lo ocurrido al padre), el hijo
adoptó un sentido de sobrevivencia política pragmático, oportunista, apegado a la
percepción de que el fin justifica los medios. Y vaya que lo ha demostrado.
Pero al margen de este paréntesis
correspondiente al terreno de una especulación válida para explicar los motivos que
pudiera tener alguien obsesionado con el ejercicio del poder, analicemos lo sucedido
después de la derrota de Roberto Madrazo en la contienda por la precandidatura a
la Presidencia.
Madrazo Pintado obtuvo dividendos de
su derrota cuando en un principio se negó a reconocer en público la victoria de
Francisco Labastida Ochoa, quien pese a su holgada victoria sobre el tabasqueño
requería del aval de éste con el fin de evitar potenciales deserciones entre los
militantes y simpatizantes priístas que identificaron al entonces gobernador con licencia
con el adalid de una democracia interna en el aún partido oficial, vocero de posiciones
críticas al sistema otrora monolítico.
Recurriendo a reconocidos publicistas que
dieron una muestra magistral de la llamada mercadotecnia política (que no es otra que una
propaganda política innovadora, crítica, agresiva y contestataria), Madrazo y sus
asesores tuvieron una percepción falsa acerca de las posibilidades reales de triunfo del
precandidato. Enfrentado a la derrota, comprendió que aparentando una fuerza nacional
que no hubo tiempo de comprobar podría negociar su retorno a la gubernatura
de Tabasco. Ernesto Zedillo y Francisco Labastida accedieron, y a
cambio el vencido accedió a presentarse en la escenografía de la unidad priísta.
Tras la derrota de Labastida en las
elecciones, Madrazo volvió a mostrar actitudes y lenguaje críticos y hasta
beligerantes. Impuso a Manuel Andrade Díaz como candidato a la gubernatura y
reactivó su programa de propaganda. Sin embargo, creyéndose como cree que lo
es el propietario de Tabasco, mantuvo a un candidato débil, estigmatizado con el
madracismo e incapaz de resarcir los daños que causó a la unidad del priísmo local su
imposición, y su triunfo electoral resultó nimio ante la magnitud de las preferencias
que motivó la alianza opositora.
Vino después una aciaga etapa
postelectoral para Madrazo y su incondicional ganador de los comicios. Una larga
etapa de impugnaciones de la oposición culminó con la sentencia de una instancia federal
que determinó el acabose para el político madracista y colocó al borde del abismo el
proyecto político de Roberto Madrazo, fundamentado en la entidad como el reducto
político del cual surgiría como el Ave Fénix para reconstruir su camino a la
Presidencia de la República con la presidencia nacional del PRI como plataforma.
Ido al extranjero por causa de la salud de
su esposa, según la versión difundida en Villahermosa para justificar su ausencia de la
entidad a partir del último día de su mandato, Madrazo todavía pudo dar una
patada de ahogado para imponer a otro incondicional suyo que gobernaría al menos 18
meses, la misma inquietante cifra que coincide con el "miniperíodo" yucateco
auspiciado por quien todos conocemos. Sin embargo, en la premura por usar las leyes a su
conveniencia, el político tabasqueño olvidó que la legislatura saliente no podía
nombrar a un gobernador interino por la sencilla, elemental, lógica y hasta
suprajurídica razón de que todavía había un gobernador constitucional en funciones, o
sea, él.
¿Cuál es el futuro de Madrazo? Al
momento de escribir estas líneas y pese al deslinde del presidente Vicente Fox Quesada
del caos político que se avizora en Tabasco, todo parece indicar que el grave conflicto
de ingobernabilidad que se incuba en esa entidad sólo será resuelto mediante la
intervención de una instancia de la Federación, y en concreto de los poderes Legislativo
y Ejecutivo. Cuando lleguen las elecciones extraordinarias los electores no le perdonarán
al ahora ex gobernador su obstinada intervención en los destinos de la entidad, de la
cual el político tabasqueño se cree dueño, como si fuera su rancho o uno de sus
múltiples baldíos.
No se necesita ser adivino para advertir
que el experto en supervivencia, el tabasqueño evadido, ahora sí no se levantará de
ésta. Ni duda cabe. Sus días como cacique de Tabasco han terminado y los acontecimientos
nos darán la razón. Y está terminado incluso porque (como sucede entre los políticos
de línea dura) intentó encausar para su beneficio un sentimiento entre la población de
defensa de su tierra, del terruño, de los "bienes superiores" de Tabasco, como
si sólo él representara esos principios.
Es curioso cómo los políticos
acostumbrados al ejercicio del poder que se recrea y regenera en su misma ambición, no
pueden o quizá no quieren, o no saben cómo reconocer cuándo el ciclo que
protagonizan ha llegado al final.
Ahora, una pregunta de tarea: en toda esta
historia cuyo desenlace definitivo aún desconocemos, ¿cuántos, cuáles puntos se
asemejan a los de la situación política prevaleciente en Yucatán?
Sensatez. Estas
cualidades de prudencia, buen juicio y cordura son las que requieren todos los actores
involucrados demandantes y demandados para impulsar iniciativas que destraben
el conflicto político yucateco que se yergue como sombra ominosa sobre los comicios
locales que se deben realizar el 27 de mayo próximo. El tiempo comienza a ser un factor
que gravita sobre la fecha, y hasta donde podemos ver a nadie, absolutamente a nadie en la
entidad ni siquiera a los férreos defensores y practicantes del regionalismo
autóctono convendría volver a colocar al Estado como el ingobernable territorio de
los interinatos.
Pero de entre todos los actores
involucrados quizá al que le corresponde poner la mayor parte es al Poder Legislativo
local, pues está visto que al Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación lo
que menos le importa es la consecuencia política de sus actos jurídicos.
Creemos que la iniciativa corresponde al
terreno del Congreso local y aunque son muchas y hasta cierto punto son justificadas sus
razones para sostener la negativa a acatar el fallo de la instancia federal, es también
igual de claro que al ser lo legal y jurídico un molde rígido que no admite maniobras ni
interpretaciones se debe recurrir a la flexibilidad de la política, el diálogo, la
civilidad, la negociación y, sobre todo, la sensatez de no empujar a la entidad a un
conflicto similar al que se vive en Tabasco.
Cierto es que se requieren reformas
constitucionales para evitar la dilación característica de los procesos en el Trife,
porque la tardanza de sus resoluciones como está probado puede gravitar de
forma determinante en la gobernabilidad de una entidad y con ello en un punto delicado del
esquema de seguridad nacional, sobre todo en una zona estratégica como el Sureste, donde
el entorno socioeconómico y sociológico puede ser caldo de cultivo para gérmenes que
hagan más frágil el equilibrio político de la región.
No pedimos actuar en la materia al margen
de la ley, sino que ésta apure a las instancias encargadas de impartir justicia para que
los plazos no sean lo prolongados que son ahora, a fin de evitar que los fallos
contribuyan a generar crisis como la vivida en Tabasco y la incipiente que se incuba en
Yucatán. (Mérida, Yucatán, Méx., enero de 2001)
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