Semanario de Información y Análisis Politico No.585

Mérida, Yuc., México Enero 5 de 2000
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ANALISIS
EDITORIAL
CONTACTO CON LA POLÍTICA NACIONAL
DESDE PALACIO
TUNKUL
LA CAMINERA
COSAS DE LA CIUDAD
DESDE MI HAMACA
CRÓNICAS DE MI CIUDAD
INFORMACIÓN
¿QUÉ SON DIEZ AÑOS?
AMENAZA PANISTA: DENUNCIARÁN PENALMENTE A CERVERA
LOS PLAZOS VENCIDOS
GOLPISMO
YUCATÁN Y SUS ASUNTOS PARA LA HISTORIA
LLAMADO A EXIGIR POR SUS DERECHOS
EL AÑO QUE INICIA
DE TODO UN POCO
OPINIÓN
¿HASTA CUÁNDO REACCIONARÁ LA SOCIEDAD CIVIL?
Félix A. Rubio Villanueva
CULTURA URBANA
Blanca Estrada Mora
DOS ALMAS GEMELAS: CERVERA Y MADRAZO
Filiberto Pinelo Sansores
RECUENTO DE LOS DAÑOS
Juan Carlos Faller
EL SIDA, VERGÜENZA SOCIAL Y FRENO A CONDUCTAS SEXUALES
Germán Sosa Monsreal
CONTRA LAS VIEJAS COSTUMBRES
Miguel A. Gamboa García
EL MEOLLO DEL ASUNTO
Róger Aguilar Salazar
CANDIDATOS, CANDIDATITOS Y CANDIDATOTES
Freddy Heredia Durán
POLÍTICA PENINSULAR
ESTADO DE CAMPECHE
ESTADO DE QUINTANA ROO
MUNICIPIO DE SOLIDARIDAD
MUNICIPIO DE BENITO JUAREZ
CULTURAL
UN YUCATECO EN LA MARINA DE EEUU
JUAN MAGAÑA Y ALONZO, EN EL MUSEO DE LA CANCIÓN
UN HIMNO SOBRE LA VIDA PLENA EN LO SENCILLO
CINET

PORTADA

CARTON DE CALDERÓN

CARTON DE ESCAMILLA

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Cultura urbana

Blanca Estrada Mora

Desde hace varios años los profesionales estudiosos del desarrollo urbano alertaron a la sociedad mundial acerca de un reacomodo demográfico que convertiría necesariamente al siglo XXI en el siglo del urbanismo, en el que el crecimiento, el desarrollo, los avances y los problemas sociales se concentrarían en las ciudades.

La Polis, la Urbe, la Ciudad. Espejismo esperanzador para los habitantes de las zonas rurales que dejan su tierra; cárcel sin rejas para miles de citadinos pobres; espacio prometedor y controlable para los poderosos; lugar apropiado para la existencia de un amplio abanico de división del trabajo. La Ciudad, tan nuestra y tan ajena.

Durante la segunda mitad de la centuria pasada, México vivió un acelerado proceso de urbanización producido por tres causas fundamentales: la explosión demográfica, la industrialización de algunas regiones del País y la migración tumultuaria de habitantes del campo a las ciudades en busca de trabajo que les permitiera lograr mejores condiciones de vida. Lo anterior dio como resultado la conformación de grandes zonas urbanas en las que se concentra la mayoría de bienes y servicios. Desafortunadamente, la planificación del desarrollo urbano en nuestra patria fue nula, propiciándose con ello un crecimiento anárquico de las llamadas manchas urbanas. Es hasta 1974 (cuando México participa en la I Cumbre del Hábitat, convocada por la ONU) cuando se inician acciones legales, técnicas y prácticas para ordenar el desarrollo urbano. Hoy, iniciando el año 2001, siete de cada diez mexicanos vivimos en las ciudades, y uno de cada cinco lo hace en el Distrito Federal y su zona metropolitana.

En Yucatán, como entidad mexicana, vivimos el mismo proceso. La decadencia de la actividad henequera, la falta de apoyo crediticio y de proyectos reales de diversificación agropecuaria, han dado como resultado que a la presente fecha, el 72% de la población del Estado se concentre en 18 de sus 106 municipios, y que uno de cada dos yucatecos vivamos en Mérida.

Mérida, la "Ciudad Blanca", la protagonista de la expresión de que "cuando se acabe el mundo, me voy a Mérida", es ahora una urbe que ha crecido aritmética y geométricamente. Nuestra ciudad, de la que nos sentimos orgullosos y a la que presumimos a la menor oportunidad; la que ha sido y continúa siendo musa inspiradora de músicos y poetas; a la que aseguramos querer, pero que cada día cuidamos menos. El crecimiento nos ha convertido en seres insensibles a nuestro hábitat; para la mayoría de los meridanos el único espacio que importa es el interior de su vivienda o centro de trabajo; las aceras ya no nos corresponden, las calles no son nuestra responsabilidad, el trazo urbano no es nuestra competencia, el ambiente no nos interesa, el ruido ha dejado de importarnos, etc. Parece que se nos va olvidando que esta ciudad es nuestra gran casa; que en sus calles transitamos todos en vehículos o a pie, lo mismo ricos que pobres, hombres, mujeres, niños, ancianos, empresarios, mendigos, delincuentes o políticos; que respiramos el mismo aire, y fundamentalmente se nos está olvidando que nuestra ciudad es un ser vivo que sigue creciendo y que continuará cobijando a nuestros hijos y a nuestros nietos durante este siglo que inicia.

¿Realmente queremos a Mérida? Para querer algo, primero hay que conocerlo. ¿Conocemos verdaderamente a esta ciudad que tanto presumimos? ¿Toda, o solamente sus partes bonitas, aquellas que no lastiman, las que no nos enfrentan con nuestra conciencia social? ¿Qué Mérida conocemos? ¿Con cuál estamos comprometidos para cuidarla y defenderla? ¿La del Paseo de Montejo, del Centro Histórico, del Parque de las Américas, del Monumento a la Patria, de los barrios tradicionales, de las casonas de Itzimná, de las mansiones de Villas la Hacienda, de Montecristo, de la Avenida Itzaes, del Parque del Centenario, bueno, de Jardines Miraflores? ¿O acaso sólo conocemos la Mérida de la Gran Plaza, de Plaza Fiesta, de Liverpool, del complejo deportivo de la Inalámbrica y del aeropuerto? ¿Y la otra, la Mérida de las colonias San José Tecoh, San Marcos Nocoh, Xoclán Bech, Xoclán Susulá, Emiliano Zapata Sur, Mil Piedras, Renacimiento, Kilómetro Siete, Mahat Rahá, Pino Suárez, el Roble, Luis Donaldo Colosio, Santa María Chuburná , por citar algunas de las cerca de 90 colonias marginadas de esta ciudad capital?

No permitamos que nuestra comodidad de conciencia difumine la realidad que nos rodea. Son los pobres los que construyen la ciudad mediante la ocupación en círculos concéntricos de los llamados cinturones de miseria, de los que de manera cíclica son expulsados al llegar a esas zonas el desarrollo; en esos territorios viven valerosas mujeres que luchan a brazo partido por la consecución de servicios públicos y equipamiento urbano; en esas partes de la ciudad están más solos y olvidados que en ninguna otra los ancianos; allí los discapacitados carecen de arquitectura urbana que les facilite su desplazamiento; y es precisamente en esas zonas marginadas de nuestra Mérida donde los niños y las niñas crecen con el ejemplo y el ejercicio de la preponderancia de la fuerza sobre el derecho para sobrevivir. Mañana 6 de enero, esta ciudad festeja 459 años de haber nacido. Démosle como regalo dos compromisos: conocerla toda y defenderla toda. Por nuestra parte, a través de las páginas de La Revista, intentaremos —en posteriores publicaciones— llevarles de excursión a la Mérida donde viven los pobres, los marginados, esos a los que ahora simuladoramente se les llama "grupos vulnerables". Mientras tanto, ¡felicidades Mérida, la de Yucatán! (B.E.M., Mérida, Yucatán, Méx., enero de 2001)

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