Por si quedaba alguna duda
de quién fue el culpable de la plaga de interinatos que a partir de 1984 sufrió
Yucatán, hoy tenemos el panorama más claro que nunca.
La primera vez que Víctor Cervera
Pacheco llegó a la gubernatura de Yucatán, en 1984, lo hizo con el título de
interino, después de darle una patada al inútil general de división Graciliano
Alpuche Pinzón. En 1988 Cervera le cedió el encargo a Víctor Manzanilla
Schaffer, a quien se le subieron los amigos; ello fue aprovechado por su antecesor (y
para entonces flamante titular de la Secretaría de la Reforma Agraria) para, en 1991,
echarlo de la silla, misma en la Cervera sentó a Dulce María Sauri Riancho.
(Por cierto, la hoy presidenta nacional del
PRI era entonces senadora, y asumió la gubernatura interina sin haber renunciado a su
encargo de legisladora; simplemente, siendo ya gobernadora, mandó un fax al Senado
pidiendo licencia. Algo muy similar sucede ahora en Tabasco, ya que el diputado federal
priísta Enrique Priego Orozco asumió la gubernatura interina de ese Estado sin
haberse separado antes de su encargo de legislador.)
Doña Dulce, siguiendo el guión que
escribió el entonces secretario de la Reforma Agraria, Víctor Cervera, hizo
modificar la Constitución del Estado para crear una "minigubernatura" de 18
meses, de tal manera que los tiempos se le ajustaran a don Víctor para que, al
terminar la administración de Carlos Salinas de Gortari, aquél pudiera regresar a
Yucatán, cumplir con una estancia de seis meses y luego volver a ser gobernador, ya que
durante su interinato hizo modificar la Constitución estatal para tal efecto.
En diciembre de 1993 la Sra. Sauri
abandonó vergonzosamente el puesto de gobernadora y dejó como encargado de despacho a Ricardo
Ávila Heredia. ¿La razón de su fuga? No pudo consumar el fraude electoral que
hubiera situado a Orlando Paredes Lara (el hoy candidato de Cervera a la
gubernatura) como alcalde de Mérida por 18 meses.
Al cabo de ese año y medio, periodo en el
que gobernó un mediocre (Federico Granja Ricalde), llegó de nuevo Cervera
Pacheco al palacio de la calle 61. En el "paquete" estaba incluido Paredes
Lara, ahora como diputado local y presidente de la Gran Comisión del Congreso del
Estado.
Don Orlando instaló el gamberrismo
en el Congreso; el Poder Legislativo conoció una de las peores etapas en toda su
historia, quizás sólo superada por la actual, bajo la batuta de Myrna Hoyos Schlamme.
Es decir, ambas etapas durante la administración cerverista.
El asunto del desacato a la sentencia del
Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (Trife) va en completa
concordancia con lo que ha sido Víctor Cervera dentro de la política: un
desestabilizador, un gamberro, un cacique al que poco le importa la legalidad. En su
época estudiantil fue un porro; al final de su carrera es igualmente un porro, pero en
grande.
Don Víctor ha basado toda su
administración en dos ejes: la obra pública y el reparto de limosna (lo demás es lo de
menos). Ambas actividades las ha realizado en grande. En cuanto a la primera, supo
"convencer" a la administración federal para que ésta canalizara recursos al
Estado; quizás la debida repartición de comisiones y contratos (junto con la
presentación de estudios de viabilidad) fue la clave. Tenemos el caso del aeropuerto de
Kaua como ejemplo, ya que el gran beneficiario de esa obra fue Emilio Díaz
Castellanos, es decir, Emilio Gamboa Patrón, ex titular de la Secretaría de
Comunicaciones y Transportes, quien para ese entonces era subsecretario de Gobernación,
muy cercano al titular de esa dependencia, Francisco Labastida Ochoa, a la postre
candidato del PRI a la Presidencia de la República.
En cuanto a la repartición de limosnas,
don Víctor supo cómo, cuándo, cuánto y dónde, de tal manera que los yucatecos
se sintieran obligados a votar por el PRI en las elecciones.
Mucha obra pública, mucha limosna, mucha
ilegalidad, grandes fracasos (en el campo, sobre todo) y muy poca civilidad. Así podría
resumirse este sexenio cerverista. Todo ello aderezado antes, durante y seguramente
después por la inestabilidad política. (J.C.F.M., Mérida, Yucatán, Méx.,
enero de 2001)
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