Cada día que pasa, el PRI
se va metiendo en una encrucijada cada vez más profunda y desesperante, en especial para
sus muchos miles de seguidores (que aún los tiene y que su desesperanza va en aumento a
raíz de los acontecimientos penosos en que se ha visto inmerso el PRI gracias a la
intransigencia de 14 diputados de ese partido, que por no habérseles permitido integrar
un Consejo Electoral "ad hoc" a las necesidades del "jefe", con la
desgastada bandera de la "violación de nuestra soberanía estatal", se permiten
violar la Ley al no acatar una resolución del Trife, órgano máximo en resoluciones de
índole electoral).
Y si decimos desesperanza vivida
actualmente por los priístas, es que saben que este pleito contra los marginados del
Trife se les revertirá e irremediablemente perderían las elecciones de mayo próximo.
No está de más recordar que los yucatecos
somos gente sensible, que si bien no aceptamos confrontaciones fuertes ni mucho menos
físicas, sí somos afectos a cobrar venganza por otros medios (en las elecciones, por
ejemplo).
Además, los priístas duros están sacando
el cobre que siempre han traído dentro de sí mismos, y si en épocas pretéritas
todavía no muy lejanas todo lo anterior se veía "normal" (incluyendo las
intervenciones del Centro, así sean pasando sobre la Ley), ahora todo esto causa escozor
dentro de las huestes priístas, acostumbradas a la imposición, al desorden y también a
la intransigencia...
Por todo esto, me causaron intranquilidad
las declaraciones del abogado Orlando Paredes Lara, quien al arribar de la
metrópoli dijo al reportero de la fuente que sí se harán elecciones en mayo y que él
tomaría posesión de la gubernatura en agosto próximo. Además, externó que es el
candidato natural al gobierno y que a sus contendientes "no se les ve ni con la
lupa".
Atónito esperaba ver al día siguiente
alguna declaración desmintiendo al reportero del Diario y lo deseaba
desde lo más profundo de mi ser, pero no se dio nunca esta respuesta por parte del
Abogado. Pues qué pena.
Conocí de cerca a Paredes Lara hace
más de 15 años; fue precisamente cuando fue nombrado por su partido para contender por
el VI Distrito local, con sede en la villa de Muna. Lo traté durante toda su campaña, ya
que me encomendó en ella la parte de "prensa". Y salvo durante la
pronunciación de sus discursos (cuando el hombre parecía que se transformaba en otro por
el énfasis que le daba a sus palabras), salvo eso, siempre me pareció D. Orlando
una persona callada, muy trabajadora y muy responsable. Le notaba también cierto aire de
persona humilde y recuerdo que ya siendo diputado no era presidente de la Gran
Comisión, le visité algunas veces a su cubículo; cuando posteriormente arribó a
la Secretaría de Gobierno durante el interinato de Dulce María, también
lo visité algunas veces, cada vez más esporádicamente debido a que sus oficinas siempre
estaban llenas y ya se dificultaba encontrarlo con algunos momentos libres para platicar.
Por eso y por otras circunstancias personales de estudio, dejé de frecuentarlo...
Así, no dejan de sorprender las
declaraciones de Orlando; habla como si tuviera la varita mágica en sus manos y en
cualquier momento podría darle fin al lío del Congreso; y si lo puede hacer, ¿por qué
no lo ha hecho? Habla también de que en agosto será su toma de posesión como gobernador
(tal y como si tuviera una bola de cristal de esas que utilizan los adivinos), ninguneando
totalmente a otros aspirantes de su propio partido que a mi entender tienen también el
derecho a aspirar. Y pensando en que ganara la nominación del PRI, tampoco hoy en día se
puede menospreciar a la oposición, que ¿por qué no decirlo? está en uno de
sus mejores momentos.
Hoy no debemos olvidar que los tiempos son
otros. La gente ya no se deja manipular ni mucho menos engañar. Ya sabe el pueblo que
para estas épocas de elecciones salen gentes de la penumbra, quienes agazapados esperan
estos momentos para dividir y confrontar o hasta entorpecer los procesos electorales. Cada
votante ahora exigirá de quien pretenda "sacrificarse" precisamente eso,
"sacrificio", y que al que elija sea su primer servidor, que no sea autoritario,
y sobre todo que deje de lado la soberbia y que ondee la bandera de la humildad.
Humildad para rectificar; humildad para
hacer y decir las cosas; humildad para con sus gobernados; humildad para ejercer el poder;
humildad para, en una sola palabra, gobernar acompañado de la sencillez. (M.G.E.,
Mérida, Yucatán, Méx., enero de 2001)
|