Mérida, Yuc., 31 de Dic.
(Notimex). "El año viejo", la cumbia colombiana que
data de los años 50 y se ha constituido en "himno" de las fiestas decembrinas
en México y otros países latinoamericanos, tiene para su intérprete "Tony"
Camargo un mensaje: "La vida reflexiona puede ser plena en lo
sencillo".
Antonio Camargo Carrasco, quien compartió escenarios con las
esplendentes orquestas de los años 50 y artistas consagrados como Agustín Lara y Dámaso
Pérez Prado, figura emblemática de una era dorada de la canción mexicana,
depositario del oropel y la bohemia, imagina a alguien, como reza la letra de la canción,
que "no olvida el año viejo".
Y no lo olvida, dice la estrofa mecida por
el vaivén de un cadencioso ritmo tropical, "porque me ha dejado cosas muy buenas:/
me dejó una chiva,/ una burra negra,/ una yegua blanca/ y una buena suegra".
"Hay personas que me platican de su
suegra fallecida, de cuando ésta, en vida, ponía mucho El año viejo,
y al hacer ellas lo mismo la recuerdan en estas fechas", rememora "Tony"
Camargo a sus 75 años de edad, con su hablar lúcido, su trato cordial, distintivo
de un México que pareciera ido.
El recuento que hace el protagonista de "El
año viejo" corresponde con fidelidad extrema a la persona del intérprete de la
canción, alguien que no olvida el tiempo pasado por las cosas buenas que le dejó en el
inventario de un ser sencillo, pleno, feliz, "como la mayoría de nuestro
pueblo", agrega.
Hay un dejo, un rastro casi imperceptible
en la voz y los gestos de "Tony" Camargo que deriva en la
nostalgia de lo ido, de los ahora ausentes que entonces desfilaron con él en las
pasarelas de los iluminados salones de baile, del California Dancing Club, Los Angeles, El
Smirna, La Floresta, El Brasil, El Colonia, El Anáhuac, El Pavillón.
Son muchos los nombres que "Tony"
Camargo evoca en un camino musical que inició en 1942 y que abarca programas de
radio, televisión, cine, teatros, escenarios de diversa índole, giras nacionales y
cientos de grabaciones, y que aún no concluye: Agustín Lara, María Victoria,
Los Diamantes, Los Ases, Los Hermanos Martínez Gil,
José Alfredo Jiménez, las orquestas de Pérez Prado y de Pablo Beltrán
Ruiz.
Superviviente de un México perpetuado en
el recuerdo, "Tony" Camargo radica desde hace unos años en
Mérida, la otrora "Ciudad Blanca" que ahora le da ocupación como uno de los
cantantes de la Orquesta del Ayuntamiento, a cargo de Carlos Uicab, con
presentaciones semanales en la Plaza Principal, los parques Santa Lucía y Santa Ana, y el
Centenario.
Camargo grabó en México "El
año viejo", compuesto por Crescencio Salcedo, canción que escuchó en
Caracas, Venezuela, y que forma parte de su primer long play que data de 1953,
ahora considerado entre las piedras angulares de la música tropical mexicana con temas
como "La Engañadora", "El negrito del Batey" y "La
Bandolera".
"Allá en el Camino Real/ hay un
hombre aparecido,/ en la montaña/ se aparece/ ese hombre es tu marido", es la
estrofa central de "El hombre aparecido", otra de las canciones
inolvidables del repertorio de "Tony" Camargo incluidas en esa
selección discográfica de antología.
Camargo es también el novel intérprete de "A
Tabasco", que grabó con la orquesta del campechano Angel Cu en 1959; el
autor de la obra es el tabasqueño "Pepe" del Rivero, quien
escribió: "¡Ven, ven, ven!/ Vamos a Tabasco/ que Tabasco es un edén". Se
trata de un long play de Perless que incluyó también las composiciones "Guíndame
la Hamaca", "Mercado de Villahermosa" y "El Rucucú",
entre otras.
También proviene de esa época "El
Partido por la mitad", que el Partido Acción Nacional le pidió grabar en la
década de los 70, en tiempos de las elecciones que ganó José López Portillo,
insertando un eslogan partidista que no pudo adaptar porque lo impidieron directivos del
sindicato de músicos.
La letra de "El Partido por la
mitad", del puertorriqueño Manuel Jiménez, advierte que "Ya vienen
las elecciones/ y todo el mundo viene a votar./ Yo voto por el partido/ que a cada cual le
convenga más./ Yo tengo mi partidito/ que es segurito/ que va a ganar/ y a todos pido que
voten/ por el partido por la mitad".
"Tony" Camargo
nació en Guadalajara, Jalisco, en 1926, en el seno de una familia de artistas dedicados a
la farándula de las carpas. Sus padres, Manuel Camargo y Guadalupe Carrasco,
fueron cantantes sumidos en el ajetreo de aquellos foros itinerantes en interminables
giras por el centro del País y el Bajío.
Al cabo de interminables andanzas, don Manuel
estableció a la familia en la capital de México, donde, como encargado del Cine Rívoli
en Santa María La Ribera, convivía con Agustín Lara, Juan Arvizu, "Toña
la Negra", "Pepe" Guízar, Las Hermanas Aguilar,
con "Toño" Escobar y otros tantos artistas.
"Siendo un niño me ponía a barrer la
sala vacía; subía al foro y cantaba; imaginaba al público y sus aplausos".
Desconocedor de las armonías, no pudo formar parte de un incipiente trío y a los 16
años de edad emprendió una carrera como solista "en un cabaretucho llamado La
Conga, sito en las calles de República de Cuba y Aquiles Serdán, y meses después
me contrataron en el Montparnase.
"En el interior soy muy sentimental y
me siento orgulloso cuando hablo de mis padres, de mi familia, de mis hijos. Estoy
tranquilo, a gusto".
"Tony" Camargo
establece diferencias entre los cantantes actuales y los de entonces, quienes, como él,
imprimían un sentido único a cada interpretación, con espacios sin modelos acartonados,
abiertos a la creatividad, la innovación y la improvisación según "el ambiente,
que cambia de un instante a otro".
"Antes no andaba uno copiando. Yo
buscaba mis números y se hacían arreglos que incluso los propios autores no imaginaban
posibles", y cita como ejemplo la canción "Haz karacatisqui", un
vocablo de su invención, onomatopéyico de la carcajada.
"Nunca pensé que tuviera tal
trascendencia", dice al aludir a "El año viejo", una canción
"sobre la vida que puede ser plena en lo sencillo, con la buena suegra como remate,
sin mensaje rebuscado o garigoleado, con una melodía pegajosa".
"Tony" Camargo se
mantiene en la actividad que le reditúa tantos recuerdos de noches de letreros de neón,
de escenarios y candilejas.
Habla sin cesar de lo ido, de lo que fue, y
se escucha profundamente injusto consigo mismo cuando pregunta: "Qué hice en la
vida? Sólo cantar; no hice nada de provecho...", en especial cuando aún hay muchos
que al reconocerle se le aproximan emocionados y le piden un autógrafo. (C.R.J.,
Mérida, Yucatán, Méx., enero de 2001)
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