| El
camino al barranco
El lo buscó y los demás lo
ayudaron. Ahora las cosas están como lo deseaba. Primero, el gobernador de Yucatán, Víctor
Cervera Pacheco, generó el caos suficiente y exacto que le permita como al
ladrón del cuento que los excesos que cometió durante los 10 años de su
cuasi-reinado, apenas sean revisados bajo una tenue luz, al tiempo que cruza la polvareda
que originó con el desacato.
En pocos días, nadie se acordará de lo
tupido, solo de lo duro. Es más, de lo último duro. Quienes llevaban la cuenta de sus
acciones, y deshojaban el calendario, aplaudirán con lo primero que suceda, incluso,
alguna tregua.
El desgaste ha sido tremendo. No hay un
momento de paz para la gente de México. El gobernador mantiene en jaque a tribunales, a
las máximas autoridades, a la prensa, a la sociedad, a sus adversarios... todos están
marchando al ritmo que él dicta.
Así las cosas, sus corruptelas, sus
desplantes y sus ilegalidades conocidas por todos pasarán de largo
frente al discurso que incendia al Estado. Y es que la orden ya está dada. El día que
esta edición salió a la venta (viernes 9 de febrero de 2001), los funcionarios de su
gabinete, así como la mayoría de los alcaldes priístas, ya tenían la orden expresa de
"levantarse" contra del Gobierno Federal, si éste mandaba la fuerza pública en
contra de sus consejeros y de él mismo. La revuelta tan temida está ya en
camino.
Treinta y siete años después que inició
a golpes su carrera política, se prepara para concluirla de igual manera. Bravucón,
bronco, desacatador. En su discurso del jueves 8 de febrero, Cervera mostró, al
igual que Nerón, su deseo de destruir lo por tantos años conformado.
Y con una singular prisa, suficientemente
rápida, el amigo de Mario Villanueva calcula sus últimos días. Falta muy poco
para que termine su mandato y no podía no quería salir de otra forma.
Solo este final deseaba.
¿Por qué incendiar el Estado? Sencillo.
¿Qué o cuánto más puede recuperarse de las cenizas, si el fuego fue voraz?. Nada
queda. Y eso quiere. Que no quede nada para nadie. El ya se va. Aquí se termina la
historia. Nadie después. Menos viniendo de la oposición.
¿Qué campaña puede haber en un mes,
luego de esta quemazón? ¿Qué puede hacer la oposición cuando todos los caminos ya
estén rotos? Fue un camino sin retorno. Cervera parece haber ganado, al menos en
los objetivos primeros que buscaba. No habrá elecciones normales, no habrá tiempos
naturales. Todo tendría que hacerse con prisa, con dificultad, con apremio. Va a dar
trabajo convocar a elecciones legales. Pero más trabajo dará convencer a la gente de que
las votaciones que habría en mayo, a lo mejor solo serán las de Cervera.
La Revista no es pesimista pero le
parece algo se lo dice que esta historia, reiterada y usada, ya la
hemos vivido. Es sin embargo, un final de dos tiempos.
El primer final es antes del 1º de agosto,
con Cervera como testigo y promotor. El segundo, después de que se vaya. Hay que
entenderlo así porque solo así se concibe evitar que la oposición triunfe en las
elecciones. El final que quiere el gobernador de Yucatán es aquel en el que el PRI gane
por forfit es decir, que el PAN, el PRD y todos los demás, no participen. Es claro
el mensaje.
Y esto lo reafirma el hecho de que el
remandatario se solidarice con el consejo de la 57, en el que los plazos para inscribirse
ya se vencieron. Solo el PRI y sus partidos y grupos afines, podrán jugar esa contienda.
La apuesta está hecha. Ya consiguió
levantar a todos sus seguidores, chantajeó la solidaridad y pasó la charola cobrando las
facturas a sus beneficiarios. Esta semama, los empleados del gobierno que no laboran en
él, los colegios a su servicio, las cámaras que creó, los sindicatos y asociaciones
fantasmas o de membrete, y por qué no, su amigo el Arzobispo, se unirán en una sola voz
para defender a su jefe.
Frente a sus incondicionales, el mandatario
lanzó un nuevo y lastimero discurso. Le puso nombre a su enemigo desde el principio. Creel
Miranda, Santiago, es el traidor; el hombre que quiere desestabilizar Yucatán. Lo
dijo entre líneas. Es el hombre que representa para él el emblema de un
imperio inexistente que pretende hacer de esta tierra una colonia.
Inspirado en el subcomandante Marcos,
el gobernador se subleva ante aquellos que, hoy, intentan abolir el estado de ilegalidad
que éste ha hecho valer en lo que considera "su colonia", que no es otra que
nuestro Yucatán. "No será colonia de nadie" dice, pero mentalmente
agrega: "Solo mía".
Fue el camino al precipicio. Estamos al
borde del abismo. Cervera pretende jalar al Estado al fondo de un barranco cuya
salida no se alcanza a mirar. Y, como Nerón, intenta mirar el desastre a bordo de
un carruaje.
Para ello utiliza sus piezas. Manda a sus
peones al sacrificio. Al fin que a él le sobran myrnas, lucellys, chuques, emires,
peraltas, marcianos, pelones, naxones, benjamines, fitos, chivos, turcos, y tantos otros
dispuestos a luchar aún entre ellos para satisfacer los designios de su amo.
Su carne de cañón está lista. Repartiendo pesos compra las conciencias. Ahí está el
ejército que pretende envolver en esta absurda lucha en contra de la Federación.
Lo terrible es que si la sangre brota, ya
no habrá manera de pararla. Empero, recordemos, no sería la primera vez. El desenfreno
será de grandes proporciones y los saldos desastrosos para el Estado. Quiere otro chemax,
pero ahora en Mérida. Ni siquiera nos imaginamos lo que puede representar para nosotros.
Cervera apostó una fortuna ajena.
Mueve a sus esbirros, a sus incondicionales. Él juega con la candidez demostrada por las
autoridades federales, piensa que si Yucatán se incendia, él, como Nerón, podrá
mirar el fuego a lo lejos.
Cervera se juega su último resto. A
unos cinco meses de dejar el puesto, se acerca de prisa al final de sus días. Sabe que no
se pudo por la vía de la razón, tampoco a través de la legalidad, y menos ocurrirá por
la fuerza. Se ha llegado al límite.
Las piedras en el camino no significan otra
cosa más que bloquear toda acción que intente el Gobierno Federal. El mismo que a duras
penas intenta tomar el poder. Llegó el final de este asunto. No hay manera de dar marcha
atrás.
Un nuevo gobierno llega, un viejo
gobernador se va. Con paciencia, aguardemos que pase lo que tenga que pasar.
Sin embargo, algo le dice a La Revista
que con todo y este circo, aún con el peso de la ley, la PGR, la Federal Preventiva, y la
Secretaría de Gobernación, no podrán con él. Mejor dicho, Fox no podrá con Cervera.
¿Y el Ejército?
|