Razones tuvo la alcaldesa de Pereira, Martha Elena
Bedoya, al declinar la invitación que le hizo la "Organización Internacional No
Gubernamental Capital Americana de la Cultura." No podía permitirse el lujo de
desembolsar 900 millones de pesos para "invertir" en una empresa de imagen de
dudosa rentabilidad. Lo mismo hizo Germán Cardona, alcalde de Manizales, a quien
un tal Xavier Tudela, presidente de la OING, le pidió "invertir" en la
causa casi 1.000 millones.
Hoy estudian su postulación, como si deshojaran una margarita, los
alcaldes de Zipaquirá, Cali y Cartagena. Pero la margarita ya está deshojada y la
última hoja dice NO. La "inversión" inicial que exigen los catalanes tiene una
rentabilidad incierta. El pomposo título puede satisfacer la imagen de un mandatario o
los bolsillos de funcionarios que "trabajen" en la empresa, pero no hay
probabilidades de que satisfaga las carencias culturales de una ciudad con más
necesidades que satisfacciones.
Vivos hay por todas partes y este invento es una avivatada ingeniada
para descrestar incautos, para alimentar desde las nuevas metrópolis la candidez
provinciana. Las ciudades se convierten en "capitales" de la cultura por el
patrimonio que ostentan que en Cartagena es mucho y por las inversiones que
coherentemente se hagan para estimular procesos culturales.
Conozco Catalunya y Barcelona como la palma de mi mano; conozco a los
protagonistas de su cultura pero no tenía conocimiento de la existencia del señor Tudela.
Pienso que trabaja para fuera, mejor dicho, trabaja para exportar ese primer producto del
carácter empresarial de los catalanes, resumido en una frase: "anar per la
pela." Es decir: "ir por la plata." Y por la plata parecen ir los
promotores de ese título honorífico.
Desembolsar casi medio millón de dólares para promocionar una ciudad
de la periferia americana puede ser poca plata, pero en el caso de Cartagena es mucha,
pues es mucho más de lo que se le acaba de asignar al Instituto Distrital de Cultura para
el ejercicio del 2001. ¿Recuerdan ustedes la deliciosa comedia "El Embajador de la
India"? ¿Recuerdan "El Inspector" de Gogol? Por ahí nos
entendemos: la relación dialéctica que se establece entre el vivo y el incauto es la
misma que se establece entre el ingenioso estafador y el ignorante estafado.
En una época, avivatos europeos vendían títulos nobiliarios a
pretenciosas familias americanas que soñaban con un escudo de armas. El título que hoy
quieren vender unos "lletraferits catalans", (chapuceros de las
"letras" que tal vez sean letras de cambio), es un título ilusorio.
Si la ciudad quiere apostarle a la cultura, que invierta en la
incultura de la salud, de la vivienda, de la alimentación, de la segregación social.
Inviertan en una cultura que se derrumba, como la del Teatro Heredia, en una compañía de
danzas estable, en las iniciativas teatrales que agonizan en la mendicidad, en un Festival
de Cine que ha sido vitrina de Cartagena en el mundo. Invierta para adentro que, para
fuera, hay muchas inversiones perdidas, capitalizadas por la vanidad. Mérida, capital de
Yucatán y ex capital Cultural de América, no es ahora mejor de lo que era antes de
ostentar el título. Desembolsó una platica, le dio para comer enchiladas a burócratas
locales pero, sobre todo, le dio de comer salmón y caviar a Tudela y sus
muchachos. (Tomado del periódico El Universal, vía Internet)