La cuarta forma de obtención de lotes
para la construcción del espacio urbano, se inicia en 1992 con las reformas al artículo
27 de la Constitución de la República, y la posterior promulgación de su
correspondiente ley reglamentaria: la nueva Ley Agraria.
Esa reforma
Constitucional, presentada a los ejidatarios del país como la panacea que acabaría con
su pobreza, y que serviría para dar "libertad y justicia al campo mexicano",
tal y como lo expresó el autor de la iniciativa correspondiente, el entonces Presidente
de México Carlos Salinas en un discurso pronunciado en Los Pinos el 14 de
noviembre de 1991, supuestamente al convertir al campesino en dueño absoluto de su
parcela, le permitiría decidir sobre su propiedad, evitaría el latifundismo y
convertiría a los ejidatarios en socios de compañías inmobiliarias, etc. La aplicación
de ese marco jurídico, con la puesta en marcha del programa PROCEDE, puede considerarse
como uno de los más grandes engaños, fraudes y despojos que se han cometido en perjuicio
de los mas necesitados durante la pasada década.
A partir de 1994, mediante el PROCEDE, se inicia en el municipio de
Mérida un inmoral acaparamiento de tierras ejidales, sobre todo en el norte de la ciudad,
mediante ilegales y amañados procedimientos para despojar a los ejidatarios del único
patrimonio que les quedaba: su tierra. Asambleas fantasmas, corrupción de autoridades
ejidales, una enorme red de complicidades entre funcionarios agrarios y supuestas empresas
de topografía, complacencia y encubrimiento de funcionarios del gobierno del estado,
"pagos" irrisorios a los campesinos y la ignorancia sobre sus derechos de los
verdaderos dueños de esas tierras, convirtieron a los ejidos circundantes a Mérida en el
"Botín de oro" para unos pocos políticos y antiguos y nuevos ricos, que se
transformaron de la noche a la mañana en verdaderos terratenientes urbanos que ha la
fecha han monopolizado la nueva periferia de nuestra capital y estrangulado su futuro
crecimiento.
La parcelación del primer ejido yucateco, el de la hacienda San
Antonio Ool, ubicada al noroeste de la ciudad, con una extensión aproximada de 320
hectáreas, mismas que fueron compradas de inmediato por la empresa Mitza, fue el disparo
de salida para que las tierras ejidales de Chuburná, Dzitya, Komchén, Tamanché,
Xcanatún, Temozón norte, Chablekal, Santa Gertrudis Copó, Cholul y Sitpach, fueran
adquiridas por un grupo de capitalistas anónimos que han utilizado para ello como cabeza
visible a una empresa llamada TAPSA representada por el ingeniero agrónomo Alfonso
Pereira Palomo.
Durante los últimos seis años, han sido innumerables los atropellos
cometidos no sólo a los ejidatarios, sino también a cientos de avecindados que después
de trabajar durante años sus lotes, se enteraban de que había un nuevo dueño
"legal" que los despojaba de su patrimonio. Colonias periféricas enteras,
habitadas desde hace 15 o 20 años, y urbanizadas con el esfuerzo y la aportación
económica de los colonos como la Leandro Valle o Santa María (donde incluso se había
iniciado el proceso de expropiación y regularización a cargo de la CORETT), de pronto se
convirtieron en "propiedad" de personas relacionadas con TAPSA, que exigían el
pago de cada lote para entregar "títulos de propiedad" y amenazaban con el
desalojo en caso de no cumplirse sus condiciones. El inicio de la urbanización de un
macro-fraccionamiento al noroeste de Mérida, en el triángulo que conforman 500
hectáreas ubicadas entre el anillo periférico y la carretera a Dzitya, sin permiso
oficial alguno de las autoridades competentes, pero tan bien planeado, que utilizará los
terrenos del antiguo tiradero de basura como jardines y zona arbolada de amortiguamiento
en pocos años, son algunos pequeños ejemplos de la magnitud de este productivo negocio,
consistente en síntesis, en darle al ejidatario $5,000 pesos por hectárea, y venderla en
$ 240,000 como mínimo.
Denuncias públicas, denuncias penales, denuncias ante la Procuraduría
y el Tribunal Agrarios, tanto de ejidatarios como de avecindados, de nada han servido,
situación entendible si recordamos que la aplicación de la nueva Ley Agraria y la
ejecución del programa PROCEDE, la iniciaron Víctor Cervera Pacheco como
Secretario de la Reforma Agraria, y Myrna Hoyos como directora del Registro Agrario
Nacional
Mérida se encuentra hoy, sitiada por una nueva forma de
"propiedad privada" que impide su crecimiento ordenado, y que hace inaccesible
la tierra para el uso habitacional de los pobres.
La adquisición de lotes en esta nueva parte de Mérida, está de
antemano reservada a quienes puedan pagar el precio que se les ocurra fijar a los
especuladores.
Todo lo anterior, nos refiere el absoluto estado de indefensión en que
se encuentran los colonos marginados para acceder a una adecuada y expedita obtención de
tierra urbana para uso habitacional, y por supuesto la falta absoluta de planificación
urbana para los pobres, como si estos no constituyeran la población mayoritaria en
nuestra entidad.
Es impostergable llevar a cabo una verdadera planificación del uso del
suelo en las zonas urbanas del estado, y de manera inmediata en la ciudad de Mérida; pero
esa planificación debe ser integral, apegada a las diferentes necesidades de la
población, así como al cumplimiento estricto de las leyes de la materia, tomando en
cuenta a todos aquellos que se han ganado a pulso el Derecho a la Ciudad, porque son
quienes la construyen: sus habitantes. (B.E.M. Mérida, Yucatán, a 9 de febrero de
2001)
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