Desesperado,
aunque trate de disimularlo, porque le han salido muy mal las cosas últimamente, el
cacique apela a los recursos de más estofa, aquéllos con que los priístas, en primer
lugar él, intentaron siempre remediar los problemas que, cuando tenían el gobierno de
todo el país en sus manos, enfrentaron.
En la plaza principal, en su deshilvanado
discurso del viernes, sin embargo muy aplaudido por una turba acarreada y pagada para
hacerlo, Cervera repitió la vieja receta utilizada por los gobernadores,
diputados, senadores, etc., del desinflado partido al que pertenece, en los añorados
tiempos del "señorpresidentismo", de atribuirle todas las virtudes y bondades a
los grandes tlatoanis de entonces, a los presidentes del país, a sus amos, mientras con
cobardía manifiesta, a soto voce, le cargaban todos los defectos y perversidades a sus
colaboradores, porque consideraban que éstos no podían defenderse: "es que el
señor presidente no está enterado", "no lo sabe", "si lo supiera
otra cosa sería", decían para consolarse quienes no tenían los pantalones para
decirle a los presidentes la verdad de lo que sentían.
Ante la sorpresa y la desilusión de sus
seguidores más fanáticos y recalcitrantes, como los 14 diputados que le han hecho el
trabajo sucio en el asunto del desacato y los presidentes municipales que le traen a la
gente que le sirve de escenografía para sus mítines o sus acciones de provocación (como
el secuestro de la calle que pasa a las puertas del Instituto Electoral del Estado), el
cacique le echó flores a Fox en su musolinesca cuanto ridícula perorata ridícula
por el contenido y ridícula por la voz, que se hacía más ridícula todavía por los
tipludos gritos que lanzaba como señal para el aplauso, mientras llenó de lodo
a su secretario de Gobernación Santiago Creel, pensando que su mensaje iba
dirigido a alguien de la calaña de quienes en el pasado ocuparon la presidencia del país
que permitían y hasta alentaban que llenaran de lodo a sus colaboradores que eran una
especie de pararrayos que servían para eximirlos de responsabilidades.
De manera cobarde, pues no puede haber otro
calificativo para una persona que alaba a un poderoso por el hecho de serlo mientras se
ensaña con otro porque cree que no lo es tanto, deslindó a Fox de la política
del gobierno del país en relación con las medidas de apremio y coerción que
necesariamente tendrá que tomar el gobierno federal para cumplir la sentencia del Trife y
poner punto final a su rebeldía mientras le cargó toda la mano de la ofensa, la calumnia
y la injuria, atribuyéndole la exclusividad de esa política al secretario Creel Miranda.
Del mismo modo hipócrita y servil con que se dirigía a los presidentes priístas, el
cacique quiso darle por su lado al presidente.
"No tengo vergüenza..."
Fue risible esta parte de su discurso.
"Compañeros dijo ustedes saben de mi larga trayectoria de lucha y de
presencia. También conocen que me gusta hablar con mucha claridad; en este episodio de la
vida cívica de Yucatán no está presente el espíritu del presidente Fox, que ha
manifestado su interés por Yucatán. Lo que sucede es que un grupito selecto traidor y
entreguista cree que compró un presidente y un medio informativo que cree que puede
cobrar facturas tratan de acosar al presidente para que se enfrente al gobernador Cervera
y al pueblo yucateco, pero no lo van a lograr. Por eso no hemos involucrado en nada al
Presidente en esta lucha. No tengo vergüenza para reconocer el comportamiento del
Presidente para con nosotros".
Si Cervera creyó que Fox
sería su cómplice en los ataques que lanzó a su secretario de Gobernación, se
equivocó, rotundamente, como se ha equivocado, en los últimos tiempos en sus cálculos
políticos, quizás, por su decrepitud y su vejez. Por eso debe haber sentido como un
balde de agua fría sobre su rostro la respuesta que minutos después de sus
desvergonzadas y cobardes palabras, llenas de lambiscona melcocha cuanto de venenosa
insidia, le dio el presidente sin dejar pasar un segundo, apenas las supo. Desde Chiapas,
el titular del Ejecutivo nacional expresó: "Que quede bien claro para los medios de
comunicación y para la opinión pública: la postura del secretario de Gobernación Santiago
Creel, es la postura del gobierno de la República y del presidente. Estamos por el
estado de derecho, por el respeto a la ley, y habremos de hacerla cumplir en el estado de
Yucatán".
Después de estas palabras, a los
ciudadanos de nuestro estado, que somos mayoría en comparacion con quienes tienen edad
para votar pero no llegan a esa categoría, así tengan credencial de elector, sino se
quedan en la de simples vasallos de un cacique que los ha comprado o les ha atrofiado el
cerebro con su descomunal bombardeo publicitario al costo de millonarias cantidades
robadas del erario o donadas por sus cómplices los "empresarios" ladrones que
lo apoyan, nos queda muy claro que el siguiente paso es atender el clamor general de la
sociedad yucateca que exige que el gobierno de la república acabe, de inmediato, con la
aventura del orate que gobierna al Estado antes de que consiga su objetivo de llenarlo de
sangre enfrentando a hermanos contra hermanos.
El gobierno federal ha esperado en una
actitud exageradamente prudente que avance la rebelión cerverista que sólo puede tener
un final: o se le concede lo que pide y se acaba con el estado de derecho de todo el país
o se le somete al orden extirpando el cáncer maligno que su conducta representa para
terminar con la enfermedad que tan grave daño le está causando a la nación. Sólo hay
dos sopas, no hay una tercera: el gobierno foxista tiene que escoger. (F.P.S. Mérida,
Yucatán, febrero de 2001)
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