El mismo día
que el cacique arengó a una multitud de acarreados a confrontar a los poderes federales,
un grupo de empresarios cómplices y beneficiarios de su gobierno, pidió al Presidente Fox
"procure se mantenga la paz pública de la que (sic) hoy gozamos los yucatecos",
y al segundo " que, continúe como hasta hoy, preservando la tranquilidad y la
paz social, tradicionales en nuestro estado". Hipócritamente y con la soberbia de
quienes sólo saben mandar, los empresarios cerveristas le pidieron a los sirvientes
electorales de Cervera y a los dignos integrantes del Instituto Electoral del
Estado, como si fuesen iguales, que renunciasen para "posibilitar una solución
adecuada (para Cervera,¡claro!) y pronta a esta controversia (sic)".
Pronunciamientos como los de los socios
empresariales y políticos de Víctor Cervera lograron detener momentáneamente el
uso de la fuerza pública para restaurar el estado de derecho en nuestro estado pues se
vencieron los plazos del supuesto "ultimátum" del TEPJF sin que al jefe de la
insurrección, sus 14 diputados sargentos y su comando consejeril apoderado de las
instalaciones del IEE les sucediese nada. Los titubeos del gobierno federal y del TEPJF
alentaron el "lucimiento" de una "legisladora", copia fiel del
original, que volvió a dar muestras de su talante violento y provocador, como para darnos
una probadita de la paz y la tranquilidad tradicionales tan caras para los "amigos de
Cervera".
El fondo argumental que esgrimen los
preocupados de última hora por la paz y la tranquilidad "tradicionales", de la
que Cervera es el gran paladín según esto, es que cualquier forma de
intervención de la fuerza pública federal en el grave conflicto político armado por los
cerveristas representará la violencia que "nadie quiere".
Para los desacatadores y sus cómplices es
tolerable, y hasta digno de apoyo, que se burlen o se violen las leyes, según convenga al
caso, que se pisoteen los derechos de los ciudadanos, que se anulen las atribuciones de
los diputados no cerveristas, que el gobernador se reelija y gobierne por más de seis
años, que se desacaten las resoluciones del máximo tribunal electoral de la república,
que un grupo violento impida el acceso de los consejeros insaculados y a los actuarios del
TEPJF a las instalaciones del IEE, que se mantenga cerrada ilegalmente una vía pública
por espacio de un mes, que el gobernador convoque abiertamente al enfrentamiento contra la
federación, que éste lance irresponsables y graves acusaciones de traición a quienes no
comulgan con sus ruedas de molino incitando, de esta manera, a la agresión contra sus
adversarios, como lo demostró el domingo en la plaza principal una de sus discípulas
más aventajadas en el arte de practicar "la paz y la tranquilidad
tradicionales" de la que tanto provecho sacan esa clase de empresarios.
Pero "la paz y la tranquilidad
tradicionales" que tanto aman y aprovechan Cervera, los 14, los 92 y los
"amigos de Cervera", están envenenadas y sus frutos, como lo estamos
viendo, lo envenenan todo o es que, ¿hay alguien que a estas alturas crea que sea posible
hacer elecciones tranquilas y , sobre todo, imparciales, transparentes, equitativas y
legales en los plazos previstos por la ley? Cervera y sus cómplices han hecho todo
cuanto han querido y podido , aprovechándose de la fragilidad de los avances
democráticos y legales en nuestro país, para enturbiar y dificultar hasta el extremo la
organización de las elecciones el 27 de mayo y está punto de lograrlo porque,
finalmente, lo que está en juego en Yucatán no son la tranquilidad y la paz, hoy
severamente en entredicho, sino la viabilidad misma del desarrollo político de la nación
hoy enfrentada al desafío que le lanzó el autoritarismo priísta más retrógrado
encabezado por el Sr. Cervera Pacheco con el apoyo de sus empresarios cuates que
han sido sus principales beneficiarios.
En Yucatán han sido gravemente vulneradas
la autonomía de los órganos electorales y la del Poder Legislativo secuestrado por un
grupo que, siendo mayoría, ostenta una representación que no le dan ni la Constitución
ni la ley orgánica del Congreso. El mismo grupo priísta que atenta contra los derechos
electorales de los yucatecos, transgrediendo los principios democráticos en los que se
sustentan la Constitución y las leyes electorales, puso en jaque al tribunal electoral
federal que nació del consenso de todas las fuerzas políticas del país, el PRI
incluido, pisoteando la soberanía del pueblo mexicano y atentando contra la seguridad
nacional, lo que es más reprobable, desde los más altos cargos del poder del estado de
Yucatán.
En Yucatán, todo eso está en juego.
¿Ganarán el chantaje y la ilegalidad del cacique y sus incondicionales? Alguien debe ser
más responsable que ellos. El gobierno federal tiene la palabra.(R.A.S. Mérida,
Yucatán, Méx., febrero de 2001).
|