"¡Hay
que bajarle los pantalones al centro!" Esta frase, al parecer, ha sido y sigue siendo
la premisa del grupo que desde hace cerca de 20 años ha secuestrado el ejercicio del
poder en Yucatán. Con diferentes pretextos de forma, pero con el mismo fondo, las
implicaciones de esa expresión, se manipulan cuando los intereses particulares del
Cerverismo se ven amenazados por la mayoritaria voluntad ciudadana o por el cumplimiento
de la ley.
1993 y este 2001 que iniciamos, son dos
años en los que en Yucatán, se presentan algunas situaciones políticas similares y
actores políticos tan repetidos, que necesariamente nos conducen a la comparación.
1993, fue un año de proceso electoral para
la renovación del titular del Poder Ejecutivo, de la Legislatura local y de los 106
Ayuntamientos de la entidad. En el mes de abril de ese entonces, y por iniciativa de Ley
presentada al Congreso por 17 diputados emanados del Partido Revolucionario Institucional,
se llevó a cabo un golpe de estado legislativo, al reducir a 18 meses el período
inmediato de gobierno, y pretender, mediante el ilegal decreto número 570, despojar a la
ciudadanía yucateca de su inalienable derecho a elegir mediante el voto libre directo y
secreto a su gobernador, mismo que de acuerdo a lo establecido en un artículo transitorio
del decreto mencionado, sería designado por esa saliente Legislatura. Para apoyar esa
aberración jurídica, se organizaron marchas y concentraciones en las que se solicitaba a
los acarreados asistentes de siempre, levantar las manos en las que sostenían unas
papeletas, para manifestar su "aprobación" a las acciones de "su
Gobierno". Cinco días después, y ante las protestas de diversos sectores de la
sociedad, los mismos diputados que propusieron y aprobaron esas modificaciones a la
Constitución del Estado, tuvieron que dar marcha atrás y reformar su propio decreto en
lo relativo a la forma de elección del Gobernador.
En noviembre de ese mismo año, se llevó a
cabo la jornada electoral, misma que en el municipio de Mérida, culminó con la
pretensión de efectuar un macro fraude electoral mediante resultados de casillas
"reventadas", es decir, con mayor número de votos emitidos que los votantes de
las correspondientes listas nominales. Ante la instrucción del Gobierno Federal, de
respetar la voluntad ciudadana, y nulificar las casillas fraudulentas, la entonces
gobernadora interina del estado, renunció al cargo mediante documento ológrafo entregado
al Presidente de la Gran Comisión del Congreso en los primeros minutos del día 1 de
diciembre, y se escapó por la puerta trasera de Palacio. A las 8 de la mañana de esa
fecha, los diputados emanados del PRI, fueron concentrados en la sala de juntas de la
escuela secundaria "Gonzalo Navarro Báez" de la CTM, a donde acudieron también
los entonces Senadores y Diputados Federales del mismo Partido político, para exigirles a
los legisladores locales que "por solidaridad con la dignidad de la
gobernadora", y en defensa de la Soberanía del Estado, renunciaran a sus cargos, lo
que igualmente harían los integrantes del Tribunal Superior de Justicia, y obligar así
al Gobierno Federal a decretar la desaparición de Poderes en Yucatán, a ver como
solucionaba la anarquía, ya que era inadmisible según ellos, permitir que nuevamente la
oposición gobernara Mérida; para ganar, dijeron: "¡Hay que bajarle los pantalones
al centro!". A pesar de la violencia que desataron, esa ocasión, no pudieron.
En este año 2001, en Yucatán tenemos
proceso electoral para renovar Gubernatura, Legislatura y Ayuntamientos. Se ha dado un
golpe de Estado Legislativo al violar preceptos Constitucionales mediante el desacato a un
fallo inatacable y definitivo del Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación,
con el objetivo final de crear las condiciones adecuadas para robarnos a los ciudadanos
nuestro voto, y de ser necesario, despojarnos del inalienable derecho a elegir libremente
a nuestros gobernantes. Se promueve la violencia; se llevan a cabo manifestaciones con los
mismos asistentes de siempre, para pedirles que levanten las manos si están de acuerdo
con las acciones de "su gobierno"; nuevamente se habla de "dignidad" y
se utiliza el pretexto de defender la "Soberanía" para hacer prevalecer los
intereses de unos cuantos y la hegemonía del poder de uno sólo; una vez mas, desde su
óptica, para que puedan ganar, hoy más nunca: ¡Hay que bajarle los pantalones al
centro! ¿Podrán esta vez?
Por otra parte, vemos la misma
escenografía, el mismo titiritero y los mismos actores en el elenco. Hace 8 años, Víctor
Cervera despachaba como secretario de la Reforma Agraria y acomodaba los tiempos para
poder regresar como gobernador del Estado, hoy, es un inconstitucional gobernante que
pretende acomodar las condiciones para salvaguardar su impunidad; en 1993, la gobernadora
escapista fue Dulce María Sauri, hoy casi ex Presidenta del CEN del PRI y
aspirante a repetir en la Gubernatura; Mirna Hoyos era directora del RAN, ahora es
la Presidenta de la Gran Comisión del Congreso del Estado; Orlando Paredes y José
Toraya fueron los candidatos perdedores y "renunciadores" de la planilla al
Ayuntamiento de Mérida y Carlos Sobrino era Senador en ese entonces, ahora los
tres aspiran a ser candidatos a Gobernador; Feliciano Moo ocupaba una curul en el
Congreso Federal, actualmente repite en el mismo cargo; Roberto Pinzón que
en 1993 fungía como Presidente de la Gran Comisión del Congreso del Estado, es el
Presidente del CDE del PRI en la entidad; los mencionados, son apenas una pequeña parte
de esa lista.
Hoy, al igual que hace ocho años, la
apuesta del Cerverismo es a provocar la ingobernabilidad para lograr sus fines, al caos, a
la anarquía, a pisotear el estado de derecho, a la polarización social, al chantaje
político, a desatar la violencia, al "después de mí, el diluvio". Para
quienes padecen una enfermiza obsesión por el poder, todo es válido con tal de
conservarlo.
La diferencia entre 1993 y este 2001,
estriba en que los ciudadanos no tenemos prisa pues el tiempo es más enemigo de ellos que
nuestro; hoy, podemos mantenernos firmes en la postura de que la legalidad no se negocia y
continuar efectuando diversas acciones para defenderla, así como exigir a los tres
poderes del Gobierno de la República que cumplan y hagan cumplir la Ley. En el peor de
los escenarios a corto plazo, la desaparición de Poderes en el Estado, dañará más a
los que perderán el fuero que a la sociedad. Sin embargo, es una obligación
impostergable defender el ejercicio de nuestros derechos políticos, por lo que nadie debe
quedarse callado y esperando ingenuamente a que otros resuelvan el problema. ¡Basta ya de
que los yucatecos sigamos inmóviles en el mismo lugar, con la misma gente y
resistiéndole a los mismos! (B.E.M. Mérida, Yucatán, febrero de 2001)
|