Ha
sido gestada durante varios lustros ya. Tiene su origen en el vientre del viejo México
que ya nadie quisiera. Se ha alimentado de nutrientes que en otros casos serían venenos
fulminantes: corrupción, latrocinio e impunidad. Su intrincado mecanismo se ha venido
construyendo con elementos tan diversos como la movilización mesiánica, las componendas
con poderes fácticos y las intrigas eslabonadas sin el menor escrúpulo.
Todo conduce hoy a un resultado
supuestamente eficiente, pero de altísimo riesgo: la imposición.
La bomba se llama Víctor Cervera
Pacheco. Y está activada para estallar en cualquier momento.
Cuando escribí hace un par de semanas
"Jugando con fuego" hubo tres reacciones diversas: para los cerveristas ya una
especie aparte del PRI fue un ataque artero a su iluminado; los priístas a secas
consideraron que era una versión inflamada del real escenario; aún entrañables amigos
yucatecos, sin filiación partidista, me plantearon con esa delicadeza tan suya que tal
vez estaba exagerando.
Difícil aceptar que en las manos de un
sólo hombre se pueda acumular tanto poder en un estado de la República Mexicana, ¿Cómo
es posible que un sólo individuo maneje tantos hilos en un escenario que él considera
exclusivo y que de pronto así lo parece?
Como si el 2 de julio no hubiese existido
jamás. Como si la transición fuera palabra aún no inventada. Como si el futuro pudiese
amarrarse al pasado.
La explicación es larga y requeriría un
libro extensísimo para narrar la génesis de uno de los últimos dinosaurios. Habría que
recorrer la flexibilísima trayectoria de quien primero fue líder estudiantil para luego
trocarse en dirigente campesino.
Metamorfósico irredento, lo mismo ha hecho
alianzas con su partido, el PRI, que con su supuesto adversario, el PAN. Igual ha golpeado
a panistas que a priístas con tal de lograr sus propósitos y "ascender" en su
heterodoxa carrera política. Con movilidad salamándrica, igual ha sido representante
popular, trapecista de Cámara en Cámara, que experto en interinatos: los propios y los
impuestos para favorecer a sus cómplices. Lo mismo ha alcanzado cumbres nacionales como
la Secretaría de la Reforma Agraria, que mantenido su planísimo oasis particular durante
10 inusitados e ilegales años de mandato oficial en Yucatán: más los del ejercicio
marionetístico. Domina igual el hoyuelo que el recoveco; lo mismo que las paredes orladas
y encenefadas del poder en la casa presidencial de Los Pinos. Ha servido con puntual
oportunismo al sistema desde los tiempos de Echeverría hasta los del doctor Zedillo;
pasando por López Portillo, De la Madrid y su singularísimo protector Carlos
Salinas de Gortari.
Para Cervera no ha habido más
lealtad que la que se debe a sí mismo. Igual ha organizado grupos de apoyo que de ataque
contra los gobiernos yucatecos en turno. Así, a sangre y fuego ha logrados construir lo
que tampoco se le puede negar: el cerverismo.
Una compleja y extensa red que va desde las
más altas esferas de poder político y económico, una mezcla de casta divina y
despotismo ilustrado con tintes oligárquicos hasta quienes han recibido los beneficios
del progreso en la era Cervera Pacheco: bicicletas, gallinas, vacas, láminas de
cartón y hasta dinero en efectivo para los más afortunados.
Carlos Castillo Peraza, prestigioso
intelectual y panista yucateco lo definió así: "De Víctor Cervera Pacheco puede
decirse casi todo, pero no que sea un caprino andosco. Bicho viejo, tortuoso, amañado por
largos años de brega, comenzó a cascalear en prados priístas desde recental, agitando
turbas estudiantiles y avezándose en la organización de violencias callejeras o de
intrigas palaciegas con cuyo apaciguamiento obtuvo y ha seguido consiguiendo peldaños
para su escalera política."
Viejo Birjan de los intríngulis
electorales, para él no hay secretos: prometedoras urnas panzonas de votos tricolores;
elecciones tan fantasmagóricas como predecibles y el control total, absoluto, de la
voluntad de los demás.
Este es exactamente el propósito del
gobernador de Yucatán: adueñarse del proceso de la elección de su sucesor. Y no le
importa el costo. Para quienes pensaron que todo se quedaría en su sistemática campaña
de banderitas, invocación del exacerbado regionalismo y la inflamación separatista, este
mago premoderno tenía una sorpresa que ahora está a la vista: una abierta rebelión
contra el centro el enemigo común según él y sus huestes del Congreso local y una
declaratoria de guerra al gobierno federal...
La posibilidad de un estallido social ya no
es, pues, alarmismo tremendista.
La arenga desde el palacio de gobierno a
miles de sus seguidores y acarreados no es anécdota.
Tampoco lo es la llegada a Mérida de los
Hércules con efectivos de la Policía Federal Preventiva y la orden de apoyo al Consejo
Electoral insaculado por el Tribunal Electoral de la Federación.
Los cerveristas siguen atrincherados en la
calle 57 sede oficial del Consejo y de dicen dispuestos a todo.
Y es que Cervera está acorralado,
arrinconado y aunque no lo aparente, aterrorizado. No se trata sólo de una elección
perdida. Hay más: el destape de cloacas gigantescas de corrupción e impunidad en
Yucatán; negocios y complicidades con los hombres del dinero y aplicación arbitraria de
la justicia. Por ello, los secuaces también se horrorizan.
Cierto que como decía Castillo Peraza,
Cervera no es un caprino andosco y por eso escoge a sus enemigos: no se enfrenta
directamente al presidente Fox, a quien sólo presiona mañoso conocedor de los
tiempos, como el escándalo frente a la inminente visita de George W. Bush. En cambio ha
empezado ya a golpear, furioso, al gobierno así, en general en la figura del secretario
de Gobernación. Lo ha llamado "traidor" y ha hecho singular un libelo titulado
"El expediente negro de Santiago Creel", uno de cuyos coautores es el ex
guerrillero José Luis Sierra Villarreal, esposo de la actual presidenta nacional
del PRI, Dulce María Sauri Riancho; quien por cierto alguna vez fue insaculada por
el voto único de Víctor Cervera Pacheco para que le cuidara las espaldas y la
gubernatura por dos años (sic).
Un último factor de amenaza en
incertidumbre es el hecho de que los panistas yucatecos no están muertos; ni siquiera
dormidos. Hasta ahora, los militantes del PAN han sido contenidos por su dirigencia. Pero
no hay que olvidar que en otros tiempos, especialmente en defensa del voto en Mérida, no
han dejado duda de su activismo.
En resumen, la paz de la nación y el pacto
federal están en juego por la necedad ayatólica de un sólo hombre. Y parece dispuesto a
todo. La inmolación como única salida histórica. Es una bomba llamada Víctor
Cervera Pacheco.
Y nadie parece desactivarla. (R.R.
México, D.F. febrero de 2001)
(*) Texto originalmente leído en el
noticiero de radio y televisión que conduce el autor Detrás de la Noticia y
difundido en la página en Internet.
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