En poco menos
de un siglo la Iglesia Católica ha propiciado cambios en su estructura litúrgica y
ritual, con el objeto de hacer más accesible el culto a la feligresía que a él asiste.
Hubieron adecuaciones tanto de forma como de fondo que en nada rompieron con lo esencial.
Lo que sí fue sensible y ha permitido a los adultos identificarse con el aspecto
sacramental, es la implantación de pláticas previas a cada sacramento, lo que ha servido
para un acercamiento que antaño no había. En parte ha dado algunos resultados positivos,
al nacer de hecho una identificación entre "pastores y rebaño". Pero, al
haberse olvidado la búsqueda de Dios a través no sólo del sacramento, sino de la
oración y la alabanza, y de tener muy presente en la conciencia que la trilogía: Dios
Padre, Dios Hijo y Dios Espíritu Santo es fundamental, fueron muchos los años en los que
se encajonó a la feligresía en ritos tan sencillos y de tan poca trascendencia
teológica, que muy poco se avanzaba para la cercanía con Dios.
Se optó, como primer paso en el cambio,
celebrar la Santa Misa en la lengua o idioma de los pueblos; hacerlo de frente; recitar
las Lecturas correspondientes así como el Santo Evangelio y la homilía. No se escuchaba
ningún canto o alabanza salvo en algunas ocasiones (Misa cantada) que especiales voces
(graves) cantaban piezas gregorianas. La Misa duraba escasos 45 o 50 minutos. El corazón
no tenía tiempo de abrirse a la Trilogía ni a la Santísima Madre de Dios.
Hemos visto la semblanza biográfica de El
Padre Félix de Jesús Rougier, donde, a lo largo de muchos años y con mucha fe en
el Espíritu Santo, vio coronado su esfuerzo en la Fundación de la Congregación de
Misioneros del Espíritu Santo, por concesión que le hiciera el Santo Padre Pío X el 16
de diciembre de 1913. Viene esto a nuestra memoria, por los beneficios que se ha dejado
sentir con la actual renovación en el Espíritu Santo, que asociado con las llamadas
Misas Carismáticas, donde la participación de los hermanos y hermanas, así como la
definitiva del Párroco, hace posible una simbiosis indescriptible, que por las propias
manifestaciones de fe se cae en un éxtasis sereno y prodigioso que conlleva a los fines
buscados: sentir la presencia de Dios.
En estas Misas de poco más de tres horas
de duración, la relajación corporal y la tranquilidad espiritual están presentes. No es
el sacerdote ni los servidores los que juegan el papel principal en la busca de la
sanación y el alivio de los creyentes, la parte importante es puesta por cada uno de los
asistentes; cuando esto se da, la sensación que se percibe carece de palabras para
explicarlo.
Verdadera tristeza da cuando en la mayor
parte de las parroquias se han acartonado en una ritualística que no permite avanzar; que
la mayor parte de actividades catequísticas y de organización es asignada al laicado,
muchas veces sin los más precarios conocimientos de la Biblia ni del Catecismo, y a veces
de las normas internas de la Parroquia; se dejan solos a los sectores sin la directa
supervisión de su Pastor; se les exige mucha actividad pero se les niega contacto y
facultad de opinión y consulta, esto llega a cansar a los comisionados y muchos Sectores
se ven en la necesidad de cerrar. Lo mismo pasa en los Cenáculos Marianos, cuando en las
homilías el Párroco suele "meter la pata" cuando afirma enfático: "...de
nada sirve recibir la confesión, la Eucaristía y escuchar la Santa Misa, si no se
involucra en tareas de evangelización". Esto, comprobado está que desorienta.
Tarea muy de fondo deberá desarrollar
Monseñor Emilio Carlos, para apoyar la corriente Renovadora del Espíritu Santo,
las Misas Carismáticas de Sanación, o de plano descalificarlas cuando se ha logrado ya
despertar la fe del pueblo. Mucho daño le han hecho a la Iglesia Católica las sectas y
corrientes religiosas carentes de las características de la Iglesia Católica por sus
raíces, pero más daño se le inferirá si se trata, por cuestiones de equivocadas
políticas, de suprimir las Asambleas de la Parroquia de Cristo Rey en Pacabtún, San
José de la Montaña, Monjas y otras que con algunos temores alaban a Dios y a su Madre
con cánticos y manifestaciones de amor y oración en voz baja. Hay que creer en lo que
dijo Henrich Hene: "...Dios me perdonará. Es su oficio..." haciendo
referencia a la infinita misericordia divina. Hay que amar y perdonar para ganar la
gloria. No sin antes perdonarse a sí mismo.
Por cuanto a la respuesta dada a un
reportero por el Cardenal Norberto Rivera Carrera a la pregunta relacionada a las
bodas simbólicas entre homosexuales y lesbianas en el Palacio de las Bellas Artes, a la
que para responderla debería decirle si en las tales bodas se incluirían animales; cosa
que escandalizó a algunos comunicadores, queremos creer que el prelado recordó el
destino de Sodoma, Gomorra, Adama, Seboim y Segor (pentápolis), que según las Sagradas
Escrituras fueron destruidas por fuego del cielo a causa de la lascivia de sus pobladores.
(G.S.M. Mérida, Yucatán, Méx., Febrero de 2001).
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