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Mérida, Yucatán, México

Edición del viernes 27 de Abril de 2001

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Editorial

La noche será larga

Como un torbellino alentado por la hipocresía, ha estado recorriendo al país el escándalo de la actitud responsable que asumió un miembro del gabinete presidencial, sin tomar en cuenta el provecho ético exhibido por una relación familiar ejemplar ante los mexicanos. Una adolescente que tiene una buena comunicación con su padre y que además sabe escribir y defender sus valores. Un padre al que no le arredra defender los valores que enseña a sus hijos y da público testimonio de su coherencia familiar con la veracidad de sus creencias. Ámbito de familia que si fuera común daría de la sociedad de México una imagen diferente.

Dos autores favoritos del mundo literario en lengua hispana, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, quedaron bajo los reflectores de una crítica a la lectura cuyo debate abierto celebró en un comunicado el premio Nóbel. Si el programa de la materia no contemplaba la lectura de Aura, la obra de Fuentes que causó mayor escándalo, por un pasaje erótico inadecuado a juicio de Abascal para los adolescentes de la escuela cristiana donde estudia su hija, la maestra pudo escoger algún otro texto literario que no escandalizara a los educandos, o que no violentara la educación que sus padres quieren para ellos. Así de fácil.

Y no traeríamos este asunto a colación si no fuera por la hipocresía que nos impide alarmarnos ante la lectura de textos sin la reconocida calidad literaria de los que firman Fuentes y García Márquez, pero que son mucho más peligrosos pues son dados a conocer entre niños sin capacidad de discernimiento, bajo la complicidad de adultos instalados en estructuras de injusticia o a su vez confundidos por lo que deberían significar si estuvieran apegados con fidelidad a los textos evangélicos. Nos referimos al caso de las pastorales que encubren delitos públicos, exhibidos sus autores en complicidad anticristiana con la mentira.

Sólo la veracidad permite la coherencia, nos recuerda en reciente artículo el filósofo español Julián Marías, en el mismo periódico que evita la crítica honesta, abierta y pública a los pronunciamientos del metropolitano, por divorciados de la verdad que estén y por perniciosos que resulten para la salud espiritual y pública de los yucatecos. Prefiere la crítica sesgada, resaltando otros mensajes episcopales cuando le llegan de Autlán o de San Cristóbal de las Casas, reproduciéndolos ya sea como editoriales destacados en su sección nacional o incluso, a veces, con titulares de primera página en su sección local, lugares inalcanzables para los escritos berlianos.

Nosotros, como el filósofo español, compartimos su convicción sobre el carácter sacro de la vida humana, y, como él, sentimos una resistencia casi invencible a despreciar a las personas. Sin embargo, nos alerta, hay conductas parcialmente despreciables, consentidas. "Forman parte de lo que se acepta y elige, de lo que se es responsable". Y nos advierte que sería un gravísimo error no reconocerlas y tomar ante ellas la actitud justa. Así, nos explica, queda vinculado lo estimable o despreciable a la veracidad. "La mentira tolerada, aceptada, tal vez aplaudida es el más grave despojo de la condición misma de la vida humana".

Versos de Plaza Mayor

¿LEEN TUS HIJOS?

Me parece que Abascal
tiene derecho y razón,
pues a veces la lección
a menores causa mal,
pero es peor la pastoral
que tomarnos quiere el pelo.
A lo mejor el capelo
se le escapó por avieso.
El credo no va con eso
y así no se gana el cielo.

La palabra, si es divina,
ni miente ni contamina.

Angel Pueblo PAGANINI

Mérida, abril de 2001.

Aceptar pasiva o activamente la falsificación significa, para Marías y para nosotros, la pérdida, la enajenación de la posibilidad más propia y valiosa de la convivencia. Y nos advierte el intelectual madrileño: "El que esto sea particularmente frecuente en el ámbito de la política significa la entrega de una porción esencial de lo más propio de la vida colectiva, aquella que condiciona las posibilidades de cada una de las irrenunciables vidas individuales". Esto se refleja, en una actualidad de efectos impredecibles, sobre el espejo electoral que sufren los yucatecos, entorno contaminado y prostituido, como la vida misma social, por la administración porfiriana.

La voz del poeta Raúl H. Lugo Rodríguez nos precisa con claridad evangélica, en su editorial del lunes, que castigar la impunidad es la garantía de que los hechos lamentables que hemos vivido no se repetirán. La metástasis acecha. Coincidimos con Raúl: los comicios de mayo tendrán un alto margen de falta de confiabilidad por los nombramientos que los distintos consejos espurios realizaron. No creemos que sean difícilmente reversibles, a menos que un pacto innoble sellara su aceptación en connivencia de partidos. Por lo menos uno ya cuestionó el registro priísta. No lo deberían ser para un Consejo Electoral Estatal digno.

Tiempos electorales inmundos. Manipulación y mentira a la orden del día, ora en las páginas de los periódicos, ora en las pastorales; así en la radio como en la televisión. Mientras tanto, medra a la sombra de sus desacatos una figura proterva a la que llamamos don Porfirio. No le bastaron diez años. Quiere seguir gobernando con la máscara de sus personajes abyectos en un concierto de alcahuetes. Con Marías y con Lugo damos la voz de alerta a los yucatecos. El camino para la defensa de los valores que saquen a Yucatán de su postración es la búsqueda de la verdad. Tendrán que recorrerlo el Diario y el arzobispo, los partidos y la sociedad, o la noche será larga.

 

 

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