La
noche será larga
Como un torbellino alentado por la
hipocresía, ha estado recorriendo al país el escándalo de la actitud responsable que
asumió un miembro del gabinete presidencial, sin tomar en cuenta el provecho ético
exhibido por una relación familiar ejemplar ante los mexicanos. Una adolescente que tiene
una buena comunicación con su padre y que además sabe escribir y defender sus valores.
Un padre al que no le arredra defender los valores que enseña a sus hijos y da público
testimonio de su coherencia familiar con la veracidad de sus creencias. Ámbito de familia
que si fuera común daría de la sociedad de México una imagen diferente.
Dos autores favoritos del mundo literario
en lengua hispana, Carlos Fuentes y Gabriel García Márquez, quedaron bajo los
reflectores de una crítica a la lectura cuyo debate abierto celebró en un comunicado el
premio Nóbel. Si el programa de la materia no contemplaba la lectura de Aura, la obra de
Fuentes que causó mayor escándalo, por un pasaje erótico inadecuado a juicio de Abascal
para los adolescentes de la escuela cristiana donde estudia su hija, la maestra pudo
escoger algún otro texto literario que no escandalizara a los educandos, o que no
violentara la educación que sus padres quieren para ellos. Así de fácil.
Y no traeríamos este asunto a colación si
no fuera por la hipocresía que nos impide alarmarnos ante la lectura de textos sin la
reconocida calidad literaria de los que firman Fuentes y García Márquez, pero que son
mucho más peligrosos pues son dados a conocer entre niños sin capacidad de
discernimiento, bajo la complicidad de adultos instalados en estructuras de injusticia o a
su vez confundidos por lo que deberían significar si estuvieran apegados con fidelidad a
los textos evangélicos. Nos referimos al caso de las pastorales que encubren delitos
públicos, exhibidos sus autores en complicidad anticristiana con la mentira.
Sólo la veracidad permite la coherencia,
nos recuerda en reciente artículo el filósofo español Julián Marías, en el mismo
periódico que evita la crítica honesta, abierta y pública a los pronunciamientos del
metropolitano, por divorciados de la verdad que estén y por perniciosos que resulten para
la salud espiritual y pública de los yucatecos. Prefiere la crítica sesgada, resaltando
otros mensajes episcopales cuando le llegan de Autlán o de San Cristóbal de las Casas,
reproduciéndolos ya sea como editoriales destacados en su sección nacional o incluso, a
veces, con titulares de primera página en su sección local, lugares inalcanzables para
los escritos berlianos.
Nosotros, como el filósofo español,
compartimos su convicción sobre el carácter sacro de la vida humana, y, como él,
sentimos una resistencia casi invencible a despreciar a las personas. Sin embargo, nos
alerta, hay conductas parcialmente despreciables, consentidas. "Forman parte de lo
que se acepta y elige, de lo que se es responsable". Y nos advierte que sería un
gravísimo error no reconocerlas y tomar ante ellas la actitud justa. Así, nos explica,
queda vinculado lo estimable o despreciable a la veracidad. "La mentira tolerada,
aceptada, tal vez aplaudida es el más grave despojo de la condición misma de la vida
humana".
| Versos
de Plaza Mayor ¿LEEN TUS HIJOS?
Me parece que Abascal
tiene derecho y razón,
pues a veces la lección
a menores causa mal,
pero es peor la pastoral
que tomarnos quiere el pelo.
A lo mejor el capelo
se le escapó por avieso.
El credo no va con eso
y así no se gana el cielo.
La palabra, si es divina,
ni miente ni contamina.
Angel Pueblo PAGANINI
Mérida, abril de 2001. |
Aceptar pasiva o activamente la
falsificación significa, para Marías y para nosotros, la pérdida, la enajenación de la
posibilidad más propia y valiosa de la convivencia. Y nos advierte el intelectual
madrileño: "El que esto sea particularmente frecuente en el ámbito de la política
significa la entrega de una porción esencial de lo más propio de la vida colectiva,
aquella que condiciona las posibilidades de cada una de las irrenunciables vidas
individuales". Esto se refleja, en una actualidad de efectos impredecibles, sobre el
espejo electoral que sufren los yucatecos, entorno contaminado y prostituido, como la vida
misma social, por la administración porfiriana.
La voz del poeta Raúl H. Lugo Rodríguez
nos precisa con claridad evangélica, en su editorial del lunes, que castigar la impunidad
es la garantía de que los hechos lamentables que hemos vivido no se repetirán. La
metástasis acecha. Coincidimos con Raúl: los comicios de mayo tendrán un alto margen de
falta de confiabilidad por los nombramientos que los distintos consejos espurios
realizaron. No creemos que sean difícilmente reversibles, a menos que un pacto innoble
sellara su aceptación en connivencia de partidos. Por lo menos uno ya cuestionó el
registro priísta. No lo deberían ser para un Consejo Electoral Estatal digno.
Tiempos electorales inmundos. Manipulación
y mentira a la orden del día, ora en las páginas de los periódicos, ora en las
pastorales; así en la radio como en la televisión. Mientras tanto, medra a la sombra de
sus desacatos una figura proterva a la que llamamos don Porfirio. No le bastaron diez
años. Quiere seguir gobernando con la máscara de sus personajes abyectos en un concierto
de alcahuetes. Con Marías y con Lugo damos la voz de alerta a los yucatecos. El camino
para la defensa de los valores que saquen a Yucatán de su postración es la búsqueda de
la verdad. Tendrán que recorrerlo el Diario y el arzobispo, los partidos y la sociedad, o
la noche será larga. |