| Pascuales días de gran ternura. Donde ponemos los ojos, crédulo el corazón se
llena de gozo. Y es que "...no se puede negar que hay un nuevo clima y actitud de
renovación en todo el país". Así nos dice el Diario que dijo el arzobispo Berlie
el sábado en Cancún, sin báculo y sin mitra, adonde trasladó su consagrada persona
para dos liturgias profanas: la inauguración de las instalaciones de una agencia
automotriz y más de 30 minutos tête à tête con un militar amigo de su amigo don
Porfirio y de Mario, "el chueco" prófugo: el gobernador de la vecina, pecadora
y empolvada entidad caribeña.
¿Consejos para un discurso? ¿Asesoría
para una pastoral? Cuando el buen Emilio Carlos piensa "en un nuevo clima y actitud
de renovación en todo el país", ¿estará pensando en las jornadas del desacatador,
todas tan respetables, todas tan cristianas, todas tan bien intencionadas, todas tan
apegadas a la razón, a la ley y a la verdad? ¿Acaso su pecho de pastor se agita inquieto
por la sospecha de un pacto de impunidad suscrito con el diablo huero del palacio de
Covián? ¿Divaga por ventura su agilísimo intelecto sobre un consejo electoral que no
garantiza nada, sino todo lo contrario?
Muy difícil es adivinar lo que pasa por el
magín arzobispal. Ni siquiera sus obsecuentes y cumplidos vicarios generales aciertan.
Tal vez, en alguna lejana, casi perdida parroquia naranjera, algún sacristán se atreva a
presumir que esa idílica visión descrita en la capital fornicadora de los
"springbrakers" corresponde a la impecable aplicación de la ley y los
reglamentos en el corral, perdón, parroquia, otra vez perdón, congreso cuya mayoría
pastorea su amigo don Porfirio, el mismo que para obsequiar a unos socios libaneses
ordenó a sus canes del periodismo no balconear a su amigo Xavier, orden que como si fuera
también para ellos acatan los vecinos de "La Vieja".
Nadie descarte tampoco que algo socarrón,
entre reverencias al poderoso caballero que expresó don Francisco, al decir esas
excelentísimas y reverendísimas palabras estuviera pensando, o relamiéndose los labios,
en el desafío placero y porfiriano a su adversario el periodista que sólo lo castiga con
disimulos de paginación y posicionamientos noticiosos y editoriales, subrayando sus
carencias con los dones que, negados a él, le fueron otorgados con espléndida
generosidad a otros cofrades suyos. Incluso podría justificar su visión profética, tal
vez, con la dominguera plana compartida por el pato rengo y la rosa inconclusa,
¿reconciliados?
Ventas de vidriera en tiempos de guiñol
electoral. Bajo la mirada catedralicia del hidrocálido, el relojero muestra sus buenas
maneras y sin dilaciones regresa a su cuartel de campaña a saludar las espinas de una
descortesía de rosal. La ex alcaldesa que busca su reelección, aunque no le guste la
palabra, pudo haber concertado una cita o recurrir al teléfono, como una vez le reclamó
a don Eugenio Alonso Rivas que no hizo. ¿Debate? Don Cholo Esma, perdón, don Jorge
Herrera, digamos mejor el relojero, prefiere conversar, exponer. La espada no le cuadra.
Asume el guante aterciopelado. Además, nos invita al cine.
Tal vez, fruto del credo episcopal expuesto
en Cancún, el gobierno de Xavier sea tan maravilloso que resista la prueba de la
alternancia. Si de verdad es tan bueno y su administración tan honrada, y Rommel tan
honesto y Panchito trae tan bien recortadas las uñas, ¿para qué tanto reportaje de
última hora en el patricio cotidiano? ¿Crónicas noticiosas? ¿Campaña de relaciones
públicas y publicidad electoral al socaire de la información? Basta caminar las calles
62 y 58, de Santa Ana hasta la 65, y ésta hasta los alrededores del parque Eulogio
Rosado, para advertir la calidad de su gobierno. Sin ruido. Magníficas aceras. Excelente
transporte.
Tanto trabajo, tanta obra pública emulando
a su mentor, tanta abnegación y sufrida cortesía en el trato del primer edil a don
Porfirio son más que suficientes para explicar los pocos paseos al extranjero con sus
allegados. Más que justificada, su generosa despedida económica. ¿Dónde más podrían
ganar los sueldos que devengan? ¿En el palacio de cristal? ¿Qué será de ellos si esa
renovación que advierte Berlie llega vestida de relojero el mes entrante? Ni pensarlo.
Sin borrón, algunos podrían comer bote. Sólo la ayuda de los egresados convergentes
podría impedirlo con el triunfo de su candidata de guiñol electoral.- J. R. M. N.-
Mérida, Yucatán, abril de 2001. |