Cada ocasión
que tengo de recorrer el campo yucateco, encuentro mayor desolación, tristeza y abandono
de las actividades del agro en nuestra Entidad, al grado que dá lástima observar ese
estado de pobreza de algunos pocos agricultores que aún se aferran a él, pues la verdad
parecen más pordioseros que valientes productores de alimentos, actividad que debería
ser más que lucrativa, ya que está reconocido que la riqueza de un país, reside en el
monto de su producción interna alimenticia.
En Yucatán se ha considerado un Estado
privilegiado en cuanto a la producción agrícola ya que el campesino de estas latitudes
es trabajador, conoce su tierra como nadie y sabe hacerla producir casi de todo, pese al
suelo pedregoso. Sin embargo lo que todo el mundo sabe que los escandalosos fracasos que
han habido en el agro yucateco ha sido por las malas políticas llevadas a cabo desde
escritorios en las grandes ciudades e impuestas a los campesinos aún contra la voluntad,
pero eso sí, exigiéndoles que paguen esas monumentales cuentas conque los embarcaban en
el famoso Banrural, cuentas que por la corrupción oficial y por ende de algunos
liderzuelos campesinos que aprendieron pronto esas prácticas, han estado apagando
lentamente al campo yucateco, el cual necesita de las nuevas autoridades tanto federales
como las estatales por entrar, que se le inyecte nuevos bríos, se erradique la
corrupción y se ejecuten programas que tengan continuidad y que no se estén cambiando a
conveniencia cada seis años, solamente así se podrá elevar la producción agrícola y
hacer de Yucatán un Estado más próspero.
Todavía está fresco en nuestras mentes el
recuerdo de aquellos días en que por todos lados se veían los planteles henequeneros que
tanta riqueza dejaron para algunas familias, pero que dió para alimentar a miles más, ya
sea en el campo y otro tanto en las cordelerías. Sin embargo un buen día entró en la
escena el Gobierno Federal compró maquinaria buena, pero también chatarra y creó el
"Complejo Cordelero de fibras duras más grande del mundo". De entrada se dijo
que se beneficiaría a los ejidatarios, pero ya sabemos que siempre ellos fueron los más
perjudicados.
Quién no se acuerda de aquel sujeto
excéntrico Federico Rioseco que haciendo mérito a apellido, secó los henequenales
yucatecos. Hoy nada queda de ese famosísimo ex complejo henequenero y como para querer
borrar sus huellas la hoy Senadora Dulce María Sauri cuando fue gobernadora
interina, se encargó de vender los terrenos que ocupaba, por cierto en unas
operaciones no muy ortodoxas y que aún la gente recuerda muy bien, pues luego Cervera
llegó para deshacerlas y revenderlas. En total, dicho centro cordelero se convirtió en
el "Complejo a la impunidad más grande del mundo".
Y si pasamos la vista, donde ha metido la
"cola" el gobierno estatal o federal, todo ha tronado. Hoy vemos como se va
acabando la producción de cítricos, con una juguera endeudada hasta las cachas, y quien
empezó la orgía fue un motuleños que hoy es diputado federal, ya que solicitó un
crédito de 700 mil dólares, que nadie sabe a donde fueron a parar y se cuenta que hoy
están invertidos en camiones "thermo" que transporta pescado de las
congeladoras que ha adquirido dicho vival y que administra junto con uno de sus cuñados.
Sin embargo, la mata sigue dando. Y esto ha sido a través de los años, todo el siglo
pasado estuvo plagado de cínicos, explotadores y que robaron impunemente a los
campesinos.
En la década de los sesentas, todavía
recordamos aquel programa de producción de berenjenas en el sur, en tierras de Santa
Rosa, municipio de Peto, ¿recuerdas querido lector quien se llevó los 30 millones que
dió en ese entonces el Gobierno Federal? Hoy ese señor es un sujeto muy respetable, gran
empresario y miembro distinguido del Club Campestre. No cabe duda que carecemos de memoria
o nos hemos acostumbrado a ver esos tejemanejes muy "naturales", tanto como el
respirar. Veremos que cuentas nos dará en pocos meses el empresario israelita que tiene
en un puño a los campesinos y campesinas de los invernaderos tomateros. No nos vayan a
salir en breve de que también "algo" no funcionó y los productores se queden
silbando como siempre más pobres y a pagar deudas que enriquecieron a otros. El tiempo
dirá. (M.A.G.G. Mérida, Yucatán, Méx., abril de 2001) |