| El candidato priísta a la gubernatura, Orlando Paredes Lara, dedo
meñique del cacique yucateco Víctor Cervera, no encuentra mejor manera de promover su
imagen ante el electorado que la de decir que si llega al cargo "continuará la obra
de su jefe". O no se da cuenta de que es precisamente la "obra" de su
patrón lo que hace que cada vez más grandes grupos de la sociedad repudien al sistema
que aquél representa y que el delfín aspira a mantener vivo a pesar de que está ya
moribundo, o es tan dócil a las órdenes del amo que, a sabiendas del daño que se causa,
insiste en su detestable planteamiento que pone los pelos de punta a los ciudadanos de
Yucatán.
Es, precisamente, la "obra" del
cacique lo que el pueblo yucateco quiere que desaparezca de nuestro Estado porque ésta se
compone de demagogia barata y de autoritarismo y corrupción elevados al cubo. Un ejemplo
de esta "obra" es la miseria en que se debaten millares de campesinos yucatecos,
en todas las zonas rurales de la entidad, donde los hombres, las mujeres, los ancianos y
los niños no obstante las chucherías que el cacique les regala a cambio de su voto,
siguen en un atraso económico y social que cada día se hace más profundo. Ejemplo de
ello es la situación de los citricultores del Sur de la entidad que no tienen la más
mínima ayuda gubernamental para desplazar su producto y mientras en Yucatán hay una
juguera inactiva, la de Akil, en los supermercados de la entidad se venden jugos
industrializados de naranja importados de los Estados Unidos.
Y los campesinos de las zonas henequenera y
maicera no se quedan atrás en lo que pobreza extrema se refiere como pudo constatarse
recientemente con motivo del reparto de los créditos anticipados a fondo perdido-
del Procampo.
Esta distribución además de poner en
evidencia la tradicional miseria del campo yucateco -en donde no se ha adelantado nada en
materia de cultivo de la tierra, ni mucho menos en materia de progreso económico o
social, a pesar de los tantos años de control cerverista del gobierno estatal, en
particular los 10 años en que el cacique ha estado en el poder- puso de relieve,
también, la demagogia con la que hasta entonces se habían manejado esos créditos por el
cacique y sus lacayos, que hoy vieron diezmadas sus posibilidades de seguir engañando a
los campesinos, al poner la Sagarpa en ejecución su política de pagar a éstos de manera
directa, lo que no dio oportunidad de intervención a esos nefastos intermediarios.
Sin embargo, en el área en que peor ha
sido el comportamiento del cacicazgo cerverista ha sido en la del derecho. Cervera se ha
caracterizado por pasarse a la Constitución y las leyes del país y del Estado por lo
más oscuro de su conciencia. Una nueva prueba de ello la acaba de dar cuando les ordenó
a sus esclavos disfrazados de diputados que a como diera lugar jubilaran a su esposa como
magistrada del Tribunal Superior de Justicia del Estado y a otro magistrado más-
con una pensión cuyo monto era un secreto en el momento en que se le otorgó y aún
varios días después de ser aprobada, pero que se presumía extralegal, y que nombraran
para sustituirlos a dos personas de su grupo político, carentes de los méritos para
ocupar los cargos.
Pasó Cervera, de este modo, por encima de
los derechos de los miembros del Poder Judicial, en donde hay muchas personas con los
merecimientos necesarios para ser nombrados.
De un sólo manotazo el cacique cometió
una serie de agravios contra la sociedad. Uno de ellos es que en el ámbito de los poderes
del Estado local quienes solicitan ser pensionados no ven atendidas de inmediato su
demanda sino que tienen que pasar a formar parte de una lista de espera mientras se reúne
el dinero para el pago de la pensión, en cambio, la esposa del cacique fue jubilada de
manera automática, o sea, apenas lo pidió.
El segundo es que la Ley del Istey
establece que el monto de las pensiones no podrá ser mayor que la cantidad
correspondiente a ocho salarios mínimos, mientras las pensiones aprobadas por los fieles
del cerverismo, finalmente, resultaron estar muy por encima de este tope.
Cuando días después los colegas de ambos
jubilados dieron información al través de un escrito enviado a la prensa sobre los
sueldos que devengaban ambos jubilados se confirmó que sus jubilaciones fueron hechas al
mejor estilo Gurría. Los mismos magistrados que firmaron el escrito dieron elementos para
considerarlo así. Dicen en su documento que las jubilaciones que fueron aprobadas no lo
fueron de acuerdo con la Ley del Istey, sino con la de los Trabajadores al Servicio del
Estado y Municipios de Yucatán que en su artículo 111 establece la posibilidad de
jubilarse con "una pensión igual al último sueldo devengado". Pero al hacer el
desglose de los emolumentos totales recibidos por ambos magistrados asientan que su sueldo
base era de 15 mil 888 pesos y que todo lo demás que recibían eran
"compensaciones", de las cuales no habla la ley, hasta completar la suma de 45
mil pesos, que es la cantidad que, según afirmaron, recibirá cada uno.
No obstante que para el pago de las
pensiones de aquellos dos magistrados se usarán dineros públicos y no privados, los
diputados que la aprobaron se negaron rotundamente a informar a la opinión pública
y ni siquiera a los diputados de la oposición del monto de aquéllas.
Un tercer agravio es que los nuevos
magistrados no sólo carecen de los méritos para haber sido nombrados sino que son la
viva representación de la priización de la justicia, pues su trabajo ha estado ligado
con el servicio al PRI, incluso uno de ellos era hasta hace unos días el representante
del tricolor ante Consejo Electoral del Estado.
Y un cuarto es que los diputados hicieron
los nombramientos de estos sustitutos en una sesión sin quórum pues sólo había 12
diputados con derecho a voto en la sala de sesiones, de los 25 que comprende la
Legislatura local, en el momento en que procedieron a cumplir las perentorias órdenes del
amo.
Es esta la "obra" que Paredes Lara dice que va a
continuar si el electorado le da su voto para ser gobernador. Ojalá lo siga pregonando
pues es la vía más rápida y segura para continuar en el tobogán de la pérdida de
sufragios en que hoy se halla y que es ya imposible detener. Los votos que aceleradamente
está perdiendo no los podrá recuperar ni poniéndose a bailar con una gorda de hipil en
el malecón de Progreso ni, tampoco, sometiéndose a mil "limpias" como la del
cenote de Dzitnup. (F.P.S. Mérida, Yucatán, abril de 2001) |