Más de 30
años de trabajo en el Poder Judicial estatal, en los que con disciplina y esfuerzo logró
forjarse un buen nombre ante tirios y troyanos, fueron prácticamente ignorados por su
cónyuge, el gobernador del Estado, quien en un intento aparente de quedar bien con su
esposa, firmó un proyecto de decreto que fue aprobado por su oficina particular en el
Congreso del Estado sin cambiar una coma para autorizar la jubilación de
doña Amira Hernández Guerra de Cervera, magistrada "innamovible"
del Tribunal Superior de Justicia de Yucatán.
Qué necesidad habría de que se hicieran
las cosas mal y peor, cuando la magistrada Hernández Guerra de Cervera fue una de
las pocas funcionarias que hicieron carrera de jurista en en Poder Judicial del Estado,
comenzando desde los más bajos niveles para ir ascendiendo por méritos propios, según
nos comentan varios abogados litigantes que la vieron desempeñarse con profesionalismo.
El ruido y escándalo que se suscitó en el
congreso fue muy mal manejado por parte de la Lic. Mirna Hoyos Schlamme, Presidenta
de la Gran Comisión del Congreso del Estado, al tratar de ocultar cifras y datos que por
razones obvias tenían que ser cuestionadas por los diputados en general, no únicamente
por los de oposición, si los priístas tuvieran un poco de dignidad y sentido común.
Si la Magistrada escuchó el debate
suscitado por las dos bancadas, de manera enérgica por el Diputado blanquiazul Jacinto
Sosa Novelo exponiendo con claridad que era necesario saber algunos datos básicos
para que pudiesen tener una idea sobre lo que votarían, fue penoso escuchar que la
bancada priísta escondiese información que seguramente tenían por el sólo hecho de ser
soberbios y a cada negativa le hechaban tierra a la pobre magistrada, que tenía vela en
ese entierro.
El lodo, la podredumbre a la que los
diputados priístas están acostumbrados chorreó de manera indiscriminada en los amplios
salones del pleno del Congreso del Estado, manchando el buen nombre de la Lic. Hernández.
Nada le importó a Myrna pués ella después de las cochinadas que le hizo al
pueblo de Yucatán al promover el desacato que finalmente tuvieron que cumplir, se
acostumbró a andar en las zahúrdas y pensó que podría manipular el nombre de la
señora magistrada a su antojo sin darse cuenta que entre una y otra mujer hay una gran
diferencia tanto en el trato cómo en la educación y la clase, no hablamos de problema de
género sino de actitudes en la vida diaria.
Su marido, el Sr. Gobernador no tuvo la
atingencia ni el detalle para con su esposa cuando lo ha tenido de dar
instrucciones claras a su empleada del Congreso para que guardando las formas y respetando
a la Primera Dama del Estado y Magistrada del Tribunal Superior de Justicia se hicieran
las cosas para dejarla a ella como una gran señora. Sin darse cuenta Myrna cayó
en lo absurdo de la soberbia y discutió algo que no era debatible, con sólo decir
"el sueldo es tanto", se solucionaba el asunto.
El problema de confíar cosas sencillas a
quienes les gusta complicar las cosas es la falta de percepción humana, que hay que
reconocerlo Myrna no tiene, lo demostró una vez más, lo peor es que sus colegas
priístas no pensaron ¿lo hacen? en dignificar en un acto protocolario la
figura de una magistrada que ha dado más de 30 años de lo mejor de su vida en pro de la
justicia.
Sólo una reflexión, ¿será cierto que
quedaron pendientes docenas de expedientes por resolver en los que por falta de tiempo por
estar acompañando a su marido a las giras, inauguraciones, aperturas, visitas
presidenciales y actos protocolarios quedaron para mejor ocasión?
Buen trabajo le quedó al nuevo magistrado
pero y los ciudadanos que tenían la esperanza de una justicia pronta y expedita ¿dónde
quedan?.
Cómo todo le sale mal al regobernador,
sugerimos que le consulte a Orlando cómo va ese asunto de las limpias, pues a lo
mejor a él si le funciona. (F.A.R.V., Mérida, Yucatán, abril de 2001)
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