A una semana de las elecciones, hoy
podemos asegurar sin necesidad de una bola de cristal que todo puede ocurrir.
Y no es que emulemos a Cantinflas, pero así es.
Concluyen meses de efervescencia política donde hasta quienes no
tenían porqué enterarse, supieron qué pasa en Yucatán, gracias al desacato cerverista
a la ley. A La Revista le consta la indisposición que mostró el Sr. Orlando Paredes
cuando el conflicto comenzaba, pues a él, y solo a él, le causaba daño el jaloneo
jurídico con la federación.
Atrás ese lamentable suceso, hoy llegamos a los días finales de este
lasitmoso proceso electoral, con una sociedad casi agotada por tanta información negativa
ofrecida por los medios, como reflejo de esa penosa realidad a la que estamos sometidos y
que debemos transmitir.
Por un lado, los panistas aseguran que tienen el triunfo si la gente
sale a votar y por el otro, los priístas se jactan en silencio de que todo está
"bajo control", y no se preocupan por nada.
Las encuestas según publicaron los medios perfilaron la
semana pasada la inclinación del electorado a favor de la oposición, en tanto que el PRI
se reservó la publicación de las suyas. La semana pasada, anunciamos la posible
publicación de las encuestas de Mitowsky, pero finalmente, no ocurrió nada. El PRI se
abstuvo de difundir lo que sabía.
Por otra parte, varios actos del PRI han sido realizados en
instalaciones que se pueden considerar del gobierno del Estado: tenemos el estadio Carlos
Iturralde, el centro cultural La Ibérica y recientemente, el Centro de Convenciones. Esto
ocurre con la complicidad de funcionarios
En el primer caso, un festival del Día de las Madres costeado por el
gobierno del estado, fue aprovechado por un candidato que se encaramó hasta en una
estructura de metal, con tal de llamar la atención.
En cuanto a la Ibérica, se trató presuntamente de eventos de campaña
relacionados con la cultura y hasta dicen, no nos consta de un bautizo de la
nieta de un candidato.
En lo que toca al caso del Centro de Convenciones, no nos llamó la
atención que personalmente Juan Martín Pacheco el de Cultur, estuviera dando
órdenes para acomodar las sillas en la presentación del plan de trabajo de Orlando
Paredes la mañana del miércoles 16. Tampoco nos "conmocionó" advertir la
presencia del jefe de éste, Ricardo Dájer, indicando a los empresarios asistentes dónde
podían sentarse. Ambos son empleados del Gobernador Cervera y ellos sabrán porqué
actúan en contra de lo que presuntamente ordenó el Ejecutivo de no meterse en tareas de
partido. Era de mañana y ambos debían estar en sus oficinas, pero no, nada más lejos de
la realidad. Una vez más se confirmó que el gobernador solo miente cuando habla de
mantenerse al margen de las campañas y que miente más cuando exhorta a su gente no hacer
proselitismo que esté fuera de la ley.
Sin duda se trata de actos de provocación que, cometidos en cascada,
parecen tener la finalidad de agobiar a la oposición con delitos electorales para no
darse abasto a la hora de tener que integrar expedientes en contra de lo que hace el
gobernador o el PRI. Tal vez nos falta ver más cosas.
Solo hay una cosa riesgosa que haría peligrar lo que las encuestas
parecen presagiar para el 27 de mayo y es la verdad.
Si el día de su cierre de campaña este miércoles 23, el
rejuvenecido Orlando cambiara su antiguo discurso y en vez de la viejas frases de
sumisión y loas a Cervera lanzara una que otra autocrítica hacia lo que ha sido el
cerverismo como elemento dañiño a la sociedad él sabe muy bien de qué
hablamos quizá podría despertar no solo las simpatías de los medios de
comunicación que premiarían con ocho columnas esas declaraciones sino también la de uno
que otro crítico que no lo puede ver.
Más aún, si de plano Orlando emplea un par de minutos de mensaje
final para lanzar una advertencia de que su gobierno "no será tapadera de
nadie", "que perseguirá a quienes hayan cometido actos delictivos en el sexenio
cerverista" y anuncia que "encarcelará a los corruptos funcionarios que arrojen
las auditorías al gobierno de su jefe Cervera", entonces estaríamos frente a un
candidato que quiere ganar.
Es el último tramo que le toca recorrer y Paredes tiene en sus manos
la resolución final el electorado indeciso que no se emociona más que con retos
como el que aquí señalamos y también la de aquellos que no quieren al candidato
del PAN o a su partido.
Piénselo bien el candidato priísta: una frase bien puesta, en el lugar adecuado,
tiene un efecto, pero un mensaje hueco, unas palabras mentirosas más de lo
mismo, falsas y un gobierno cómplice, significarían la derrota el 27 de mayo.
Escoja.