El viacrucis de los gamboístas. Como
el más influyente secretario particular, el de Miguel de la Madrid Hurtado, que haya
tenido alguno de los presidentes emanados del PRI; siendo uno de los ministros más
poderosos de la administración Salinas, hombre de primera línea en la gestión de
Zedillo e integrante fundamental en el equipo del candidato Francisco Labastida Ochoa,
Emilio Gamboa Patrón se mantuvo como escrupuloso, metódico y fidelísimo observador de
las reglas del sistema que terminó por desmoronarse en el fatídico, para su partido, 2
de julio de 2000.
Durante todos los años de su estrecho contacto con las más altas
esferas de la política nacional Gamboa Patrón nunca aparentó y menos exteriorizó como
obvias aspiraciones propias hacia la gubernatura yucateca, a cuya postulación se vio
relacionado más por lo que se decía o se le atribuía que a lo que él hacía evidente o
dejaba entrever. La vinculación entre el político yucateco y la postulación al cargo
quedó en la eterna aspiración de uno de sus colaboradores más cercanos, Erick Rubio
Barthell, quien al fungir como secretario de gobierno el primer tramo de la gubernatura
constitucional de Víctor Cervera Pacheco aunque desde un cargo meramente simbólico
en la metodología gubernamental del cerverato reforzó la presencia del grupo
político de "El chupón".
Situado en un sitio preferente en la Secretaría de Gobernación
zedillista y luego en el equipo de campaña del precandidato y del candidato presidencial
Francisco Labastida Ochoa, el grupo político del político yucateco comenzó a maniobrar
para obtener la nominación del PRI a la gubernatura yucateca una vez que el ex gobernador
sinaloense consiguiera la victoria en los comicios de 2 de junio de 2000.
Empero, la derrota de Labastida dejó, entre los muchos damnificados
cuyo futuro político pendía de la victoria que nunca llegó, a Cervera Pacheco y Gamboa
Patrón, una figura de primer nivel en el "staff" labastidista que, nos relatan,
aquel domingo 2 de julio de 2000, pasado el mediodía. fue uno de los primeros ocupantes
de la sede nacional del PRI en vaticinar la derrota del candidato del PRI.
Ahora, el equipo de Gamboa Patrón reactiva sus funciones con el Senado
de la República como cabeza de puente para obtener la preeminencia política del PRI
yucateco en la era postcervera e incluso el líder del grupo y no la figura estelar, el
también senador Erick Rubio Barthell, podría ocupar el interinato a cuya vigencia le
apuesta Cervera cuando Orlando Paredes resulte derrotado en las urnas o en los tribunales
federales.
¿Es oportuna esta repentina ruptura del silencio de Gamboa Patrón?
Creemos que no. Hacia el interior del PRI la aparición de el llamado "Chupón"
en la campaña por la gubernatura es tan inoportuna como inútil pues resultará
insuficiente para cerrar las fracturas que se multiplicaron en la estructura de ese
partido en Yucatán por la imposición de Paredes Lara. Hacia el ámbito externo la
maniobra tampoco reditúa ventajas pues el grupo, que se distingue por su moderación y
capacidad de diálogo y acercamiento no sólo entre las fracciones priístas sino con
otros partidos y grupos de representación en diversos ámbitos de la sociedad, ahora
también es vinculado con el cerverato, cuando nunca hubo dicho nexo.
¿Por qué Gamboa Patrón cede a presiones e infundios y acepta
aparecer en público como adláter y defensor oficioso del cerverato? Sus razones tendrá.
Llamó la atención el deslinde de Gamboa que privilegió el noticiario de la televisión
estatal al destacar que Gamboa "desmintió su salida del PRI" y puso a cuadro al
senador explicando que estima mucho a su "primo hermano", el candidato del PAN a
la gubernatura, pero que él continuará en el PRI.
Es extraño que Gamboa asuma la posición de defensor de Cervera y del
delfín de éste a la gubernatura, pues al hacerlo tiene poco que ganar y sí mucho, mucho
que perder. Que deje semejante tarea en los defensores oficiosos del gobernante que se
multiplican como hongos. Aunque ya es tarde la sugerencia, "Primo Emilio"
como se mofa Patricio Patrón de él no debe volver a ceder a presiones de los
medios cerveristas y sí deslindarse del cerverato y prepararse para una militancia activa
en el PRI reconstruido o el nuevo partido que se anticipa surja de la asamblea nacional de
dicho partido prevista para noviembre próximo.
Y en cuanto a la propaganda en favor de Patricio en muros y bardas de
las casas de sus parientes y hasta la suya, que se queden como están, aunque
le moleste a Cervera y lo publiquen sus voceros y gatilleros.
Hablemos de Jorge Carlos. Un sorprendente Jorge Carlos
Ramírez Marín surgió en estos días electorales al vaticinar que Paredes Lara
triunfará por una diferencia de 20 mil votos respecto de Patricio Patrón Laviada,
postulado por cuatro partidos. Como uno de los cinco vicecoordinadores parlamentarios del
PRI en la Cámara Baja es factible que el ex presidente estatal del PRI tenga acceso a
información confidencial y cierta que los priístas yucatecos ni los electores
conocieron, pues su partido y menos el candidato a la gubernatura difundieron resultados
de encuestas para refutar a las que sí dio a conocer el PAN en diversos episodios de la
campaña.
Sin embargo, dudamos que Ramírez tenga acceso a informes semejantes.
Incluso, no creemos que pueda anticipar una victoria semejante a Paredes Lara. El ex
oficial mayor del gobierno estatal debe recordar que su jefe, Víctor Cervera, apenas pudo
vencer a Luis Correa Mena, postulado en 1995 por el PAN a la gubernatura, por una
diferencia de 19 mil 456 votos equivalentes al 4 por ciento de la votación tota, en un
escenario menos difícil, en demasía, al enfrentado ahora por Paredes.
Las cifras tienen una lógica irrefutable. El 2 de julio de 2000
Paredes venció a Patrón por una diferencia de apenas un punto porcentual, que equivale a
nada en un escenario de impugnaciones electorales como el previsto en la etapa
postelectoral yucateca. El PRI tuvo 324 mil 400 votos respecto a los 320 mil 892 sufragios
del PAN, que dieron la victoria a Paredes pero no impidieron el acceso de Patrón a la
Cámara Alta como representante de la primera minoría en Yucatán.
Menos de cinco mil votos no ofrecen la perspectiva de una victoria
holgada, menos en función de los 25 mil 662 votos que en la elección de senadores obtuvo
entonces el PRD, uno de los cuatro partidos que postula a Patrón.
Ramírez Marín llegó a la Cámara Baja como diputado plurinominal,
ocupando el sitio 25 de la lista de la circunscripción regional, gracias a la derrota de
Labastida Ochoa. No fue favorecido por Cervera y menos por Paredes en el palomeo de las
listas, ni siquiera porque coordinó en la entidad la precampaña presidencial de
Labastida que le daría al sinaloense la única victoria en el sureste, aunque Cervera se
atribuyera la paternidad de la victoria.
En el supuesto de que Labastida hubiese vencido, Cervera nunca habría
invitado a Ramírez al carro de los vencedores, y menos Paredes. Entonces ¿por qué el
diputado federal se obstina en defenderlos y en hacerlo con argumentos francamente
risibles como el de los 20 mil votos de diferencia en la supuesta victoria de Paredes
Lara? Malo porque ya no sonará como gobernador interino.
Otra de Esma. En el discurso soporífero del candidato del
PRI a la alcaldía, Jorge Esma Bazán, en el cónclave de San Antonio Cucul que incluyó
una de las reapariciones del presidente estatal de ese partido, Roberto Pinzón Alvarez,
en actos de campaña, sobresalió entre los muchos y variados dislates la afirmación
fantasiosa de que la nominación le fue ofrecida y él no se rajó pese a que se le
informó de datos confidenciales que habrían hecho correr a cualquier aspirante hasta
Tijuana.
Todos en el PRI, al menos los reunidos entonces en la ex hacienda,
saben que nadie le ofreció la postulación. Desde hace varios meses el maniobró y
presionó para conseguirla, encandilado por los corifeos que a diario le susurraban al
oído que nadie sino él recuperaría la alcaldía de Mérida para el PRI, hasta que
consiguió que el dedo cerverista le favoreciera con la postulación. Cuando los priístas
se dicen tantas mentiras conocidas disfrazadas de verdades ¿a quien, a quienes pretenden
convencer? (Mérida, Yucatán, mayo de 2001)