Es verdad: no
estamos ante una crisis económica ni el ajuste que se anunció el viernes pasado es tan
significativo. Estamos hablando, de 0.25 por ciento del total del presupuesto. El problema
es otro y quizás es más grave: estamos ante un gobierno federal que no está explicando
bien ni sus prioridades ni estrategias y ante una sociedad que se confunde cuando un día
le dicen que no hay crisis, el otro que sacando la reforma le espera un destino
maravilloso y, casi al mismo tiempo le están diciendo que se vive una situación difícil
y que sin ajuste habría que contratar más deuda y sobrevendría una catástrofe. Se
olvida que la verdad nunca está en los blancos y negros, sino en los grises y lo que se
debería explicar es cómo se ubican el gobierno y sus programas en esa extensa gama de
grises que conforman la realidad.
En este sentido, la explicación que dio el viernes Eduardo Sojo sobre
los porqué del programa anunciado esa mañana, fue sensata y muy aterrizada. Es
comprensible que si la economía estadunidense está postrada (aunque tampoco ha entrado
como algunos aseguran en una recesión) y no tiene los niveles de crecimiento del pasado,
las cuentas y la economía mexicanas salgan afectadas: Estados Unidos es más que nuestro
principal socio comercial, las economías de los dos países (y la de Canadá) están
relacionadas por un tratado de libre comercio pero también por una extensa y profunda
complementariedad que pareciera que apenas están comenzando a descubrir varios actores
políticos, sin comprender, del todo y bien a bien, de qué estamos hablando, pensando
quizá que, por ejemplo, la integración energética a mediano plazo de los tres países
se puede evitar o que las buenas o malas rachas de cualquiera de ellos puede ser sorteada
por los demás sin costos internos. Preguntémonos por qué en febrero del 95, Bill
Clinton colocó todo su capital político para sacar adelante el programa de ayuda
financiera a México, cuando nadie daba un cacahuate por nuestras finanzas o por qué
ahora George Bush está apostando a una relación privilegiada con nuestro país. No se
trata de simpatía o "química" personal entre presidentes, se trata, lisa y
llanamente, de los compromisos e intereses vigentes en una proyecto integrador de largo
plazo.
Tampoco se puede negar el costo que tiene el descenso de la
recaudación petrolera: es verdad que el precio en términos generales se ha mantenido por
encima o a nivel de los 18 dólares promedio por barril, pero para eso se ha debido
reducir la producción y la plataforma de exportación y por lo tanto los ingresos
fiscales vía Pemex se han reducido. Asumiendo el papel que tiene esa empresa en los
ingresos del gobierno, el golpe es importante y ello serviría, incluso, para justificar
la necesidad de incrementar la recaudación fiscal y revisar, como se ha propuesto, todo
el sistema. Una reforma que, por cierto, no saldrá como lo esperaba el gobierno federal.
El programa presentado el viernes, puede ser considerado, también,
como moderado y responsable en el manejo de las finanzas públicas e incluso tiene, en la
parte de estímulos, varios puntos positivos, sobre todo en lo referente a vivienda. Pero
nadie se ha entusiasmado con ello y la responsabilidad, allí se equivoca el presidente
Fox, no es de los medios o de sus opositores políticos, sino del propio gobierno federal
por la forma en que ha presentado tanto este paquete como, anteriormente, la reforma
hacendaria. ¿Cómo se puede responsabilizar a los medios de que sólo ponen atención en
el tema del IVA si el gobierno federal lo puso en el centro del interés público nada
menos que desde agosto del año pasado, cuando aún faltaban más de tres meses para el
cambio de administración? ¿cómo no van a pasar inadvertidos aspectos positivos de la
reforma como la reducción del ISR si la propia publicidad oficial se concentra en el tema
del IVA y cuando hombres tan prominentes del oficialismo, como el gobernador de Nuevo
León, Fernando Canales Clariond, presentan una propuesta de reforma hacendaria que
plantea mantener el ISR en el mismo nivel actual? ¿Cómo no se va a poner la atención en
el recorte o en la posibilidad de una crisis si esos son los ejes del propio debate desde
el oficialismo?
El ajuste era necesario y la reforma hacendaria también lo es. Pero
falta profundizar mucho más en cómo va a plantear su proyecto estratégico el gobierno
foxista por encima de estas coyunturas que, incluso, vistas en perspectivas, pueden ser
simplemente circunstanciales, porque no se ve que las finanzas nacionales estén
disparadas, ni que Estados Unidos lleve su economía a una catástrofe o que los precios
del petróleo llegarán como hace unos años a los cinco o seis dólares por barril. El
problema es la estrategia y la operación. El gobierno debe ser mucho más claro respecto
de sus objetivos concretos (no a su declaración de principios o expresión de deseos,
porque en eso no se diferencia demasiado de cualquier otro) y con base en ellos debe
dedicarse a construir lo que no ha edificado hasta el día de hoy, a lo largo de estos
casi seis meses en el poder: los puentes, los consensos, los acuerdos que se necesitan
para garantizar la estabilidad y la gobernabilidad.
Y para eso, lo peor son las prisas y las presiones. Tiene toda la
razón el coordinador de los diputados panistas cuando dice que a él no le importa si hay
o no un periodo extraordinario en el Congreso, que lo importante es negociar la reforma
hacendaria, llegar a consensos y acuerdos y convocar al Congreso cuando esos acuerdos
estén aterrizados, en el papel: si eso es en junio, julio o después de septiembre no es
lo más importante. Lo fundamental debe ser que la reforma se dé y no que por las
presiones y prisas sea abortada. Y hoy está privando la prisa e incluso me atrevería a
decir que la desesperación que proviene del desencanto en muchos de los hombres del
poder.
Y por eso se cometen o profundizan los errores. El canciller Jorge
Castañeda, acaba de recibir un magnífico editorial del New York Times por su
comprensión de la relación México-Estados Unidos, pero su declaración en Madrid sobre
que vendrá en el segundo aire de este gobierno un "ajuste de cuentas con el
pasado" le puede garantizar a quienes buscan sacar un acuerdo con el PRI para la
reforma hacendaria muchos más problemas y costos de negociación: y si alguien cree que
con esos actos de presión se debilita a un enemigo se equivoca, se le consolida pese a
sus diferencias internas. Nada homogeneiza más a una fuerza política que un enemigo
externo que amenaza a todas sus sectores por igual. Ahí está el ejemplo, de la presión
que ejerció el salinismo contra el PRD como mejor ejemplo de ello.
El gobierno debe operar, debe trabajar en silencio y con persistencia y
sin desesperarse porque las cosas no salen exactamente como ellos quieren, si es que
desean, por lo menos, acercarse a sus objetivos, aceptando que éstos no siempre pueden
convertirse plenamente en realidad: asumir que la política es el arte de lo posible y
comprobar que si hay apertura e inteligencia negociadora en éstos y en otros temas, en
muchas oportunidades las distancias que separan a las posiciones de los distintos actores
no es tan amplia como se suponía o se quiere ver. E insistimos, eso sólo puede lograrse
por medio de la operación política y de la negociación, asumiendo tiempos, costos,
calculando beneficios y estableciendo prioridades. Y el gobierno federal no termina de
comprender que, para sacar adelante éstas y otras propuestas debe concentrarse en el
poder real y en el ámbito político éste está concentrado en el Congreso y los
gobernadores, que no van a cambiar de posición ni por la popularidad presidencial ni por
una campaña de medios, sino porque logran sacar adelante, también, sus propios
intereses. Y la operación, en todos los sentidos, hoy está ausente. Quizá porque no
está marcada por una estrategia clara y convincente, para dentro y para fuera, de hacia
dónde se quiere dirigir al gobierno y al país. (Publicado por el diario capitalino
Milenio, en México, D.F. mayo de 2001)