| Las letras yucatecas están de luto, pues la pluma y la antigua Remington de D.
Luis callaron para siempre el pasado primero del mes de mayo en curso y ya no seguirán
produciendo notas, artículos y todo aquello cuanto su mente vivaz e inquieta le dictaba o
decía que tenía alguna importancia y que era menester darlo a conocer a los demás. D.
Luis se nos adelantó en ese viaje sin retorno, donde al final de cuentas todos iremos
tarde o temprano.
Pero de entre nuestra tristeza por ese
suceso, que si bien ya esperábamos familiares y amigos, no contábamos con que el Señor
lo relevaría muy pronto de sus sufrimientos terrenos causados por su enfermedad y se lo
llevaría a gozar con él su gloria celestial, lo cual nos llena por esta parte de
alegría y nos permite mirar su partida con la esperanza que nos da la fe cristiana.
Porque D. Luis fue un hombre bueno, que supo cumplir a carta cabal con la encomienda de
ser un padre ejemplar, un trabajador fuera de serie y sobre todo un gran amigo sincero con
quienes lo buscamos para dialogar, compartir experiencias, pedirle un sabio consejo o por
el simple hecho de disfrutar de su amena plática claro está en derredor de
una aromática taza de café.
A D. Luis tuve la dicha de conocerle y
tratarle a principios de la década de los setenta, que fue cuando llegué al Novedades de
Yucatán. Antes, desde luego, tuve que pasar por los filtros que eran en ese entonces
Atilano González Villa y quien lo suplía en la Jefatura de Información, el popular
Víctor Tenreiro Ojeda. Una vez cumplidos los requisitos normales, quedé como reportero
de la guardia nocturna y con quien tenía que recibir órdenes y entregar mis notas, pues
era a D. Luis quien era el Jefe de Redacción. Cuando llegué de mi primera comisión, una
fría noche invernal, recuerdo que me llamó y me dijo: Miguel, aquí quiero notas
periodísticas honestas, objetivas. Nunca olvides que el periodista no debe escribir algo
que no pueda sostener. Seguidamente me dio algunos lineamientos generales de la empresa
editora que debían cumplirse por norma general y concluyó diciéndome: si cumples con
todo esto, nunca tendrás problemas. Ahora, lo que fuiste a reportear no me lo cuentes,
dímelo por escrito, y fue así como se inició lo que sería para mí, en lo personal, la
mejor y más querida de mis amistades.
D. Luis fue uno de los mejores periodistas
que ha dado Yucatán, recordemos que indagaba, investigaba, se sumergía en antiguos
libros, revistas y todo testimonial que le podría servir a sus propósitos de encontrar
la noticia así sea hayan pasado los siglos, cuando encontraba que ya se había dicho lo
buscaba, ampliaba su documentación y siempre encontraba algo nuevo de hechos, personajes,
vestigios arqueológicos que fueron su pasión paisajes inéditos y
abandonados, el los volvió famosos. Cuántas aventuras, cuántos viajes por toda la
geografía del Estado, acompañado de su siempre fiel compadre y fotógrafo José López
Nájera, con quien compartió decenas de conocimientos, anécdotas y hasta amarguras y
sinsabores que suelen dejar algunos viajes a sitios alejados, despoblados en medio de la
selva (la poca que hay en Yucatán) pero selva al fin, no muy conocida para dos personas
citadinas. Pero luego en el café todo lo comentaban en medio de risas y admiración de
sus contertulios que escuchábamos pasmados esas aventuras inolvidables. Todo lo anterior,
apenas llegaba de su periplo, eso sin dejar el trabajo de la redacción desde luego; en su
casa, no sé a que horas, al día siguiente ya tenía la anécdota fielmente redactada y
empezaba a pedirle a su compadre López Nájera que se apurara con las fotos. De pronto
nos comentaba: Ya tengo listo el material para un libro tal, ahora a ver quién lo quiere
editar. Así entre exabruptos y a veces hasta no siendo del todo comprendido, llegó a
conseguir la edición de CATORCE LIBROS Y TODOS ELLOS DE LOS TEMAS MÁS VARIADOS, que van
desde históricos, arqueológicos, narrativos, deportivo (Historia del béisbol en
Yucatán) entre otros.
Además de todo lo anterior, se dio tiempo
para dictar conferencias, para ser sinodal, era miembro de Consejos culturales y
editoriales, pero lo que más le gustaba, disfrutaba y que hacía sin ningún interés,
era asesorar a estudiantes no sólo de las carreras de periodismo que sería lo más
indicado lo hacía con estudiantes de antropología, historiadores, periodistas
noveles que empezaban a incursionar en esta difícil profesión, etc. También desfilaron
por su biblioteca decenas de personas, desde campesinos, empresarios y desde luego nunca
faltaron los políticos que acudían a él por sus consejos, orientaciones y hasta para
que les hicieran algunos escritos. Me consta que ayudó a todos en cuanto pudo, sin
interés alguno. D. Luis vivió modestamente, cuando pudo haber sido acaudalado de haber
querido. Cuando solíamos tocar este tema decía: El hombre debe ser íntegro y nunca
perder su dignidad, que es lo más grande que se tiene. Además añadía que
nadie nunca te pueda señalar con el índice como un sinvergüenza, ladrón o mentiroso.
Qué gran enseñanza, maestro.
Entrando a lo que fue su obra, podemos
decir que D. Luis fue el primer periodista yucateco que laboró en los cuatro periódicos
del siglo pasado. Su huella periodística se inicia como corresponsal del Diario de
Yucatán de 1942 en la Villa de Peto, donde además laboraba en las oficinas de una
empresa exportadora de chicle. Al regresar a Mérida inicia en el Diario del Sureste como
reportero en deportes, cubriendo los juegos de la Liga Profesional de béisbol que contaba
con los equipos Mérida, Estrellas Yucatecas, Cardenales de Motul y Campeche, donde se
codeó con los más grandes jugadores y empresarios de esa época dorada, donde los juegos
eran en el Estadio "Salvador Alvarado" y ahí estrenó el seudónimo de LARA,
por las iniciales de sus nombres y apellidos. Después en el propio diario cubrió las
fuentes de aeropuerto, policía, palacio de gobierno, sociales, etc. Ahí llegó a ser
secretario de Redacción. En 1965 llegó a Novedades de Yucatán, invitado por D. Andrés
García Lavín, quien conoció a D. Luis cuando administró el Diario del Sureste años
antes. En el Novedades fue secretario de redacción, jefe de redacción, subdirector,
asesor de la dirección, director interino y durante 10 años, fue editor del suplemento
cultural dominical "Artes y Letras". De 1991 a 1993 se desempeñó como
subdirector regional del diario "Por Esto", a invitación del Sr. D. Mario
Menéndez (padre). En su largo historial figura que fue corresponsal de los semanarios
deportivos "Béisbol" y "KO" y del diario "Esto". También
se desempeñó como editorialista radiofónico del Grupo Rivas de 1960 a 1963 y de 1992 a
1993.
Como escritor e historiador fue prolífico,
pues como mencionamos líneas arriba, escribió 14 libros de los más diversos temas
históricos. Su primer libro vio la luz en 1977 y se denominó: Y HA DE SER ESTA LA
PRINCIPAL CIUDAD DE TODAS, que relata la historia de la fundación de Mérida y
fue auspiciada la edición por el Departamento de Ediciones del Ayuntamiento de Mérida.
En 1978, LOS QUE TRAJERON EL MIEDO,
también editado por el Ayuntamiento.
En 1979, CISTEIL (dos ediciones), de
Editorial Bassó. El mismo fue reeditado por el Diario del Sureste en 1992.
En 1980, PUUC (tres ediciones) de
Maldonado Editores y dos ediciones particulares.
En 1982, NACHI COCOM de Ediciones
Esquiliano.
En 1984, MANI Edición del Diario
del Sureste. Fue vuelta a editar en 1994 por segunda vez.
En 1984, HISTORIA DEL PARQUE DE LAS
AMÉRICAS Y DE LA GARCÍA GINERÉS, Edición del Ayuntamiento.
En 1974, HISTORIA DEL BEISBOL EN
YUCATÁN DE 1892 a 1954, editado por Diario Novedades.
En 1988, EL SAQUEO DEL CENOTE SAGRADO DE
CHICHEN ITZA, editado por Editorial Dante con biografías de Teoberto Maler y Erick
Thompson.
En 1989, TRÁGICO PARÉNTESIS ENLA
HISTORIA YUCATECA DE 1847 A 1901 libro con el que obtuvo el Premio Estatal de
Literatura 1988. En este libro refiere datos y documentos inéditos de la Guerra de Castas
y secuelas años después. Fue editado por la Liga de Acción Social.
En 1992, DE COLON A LOS MONTEJO,
editado por la Universidad de Yucatán.
En 1992, TRAJERON FUEGO EN LA PUNTA DE
SUS MANOS Con este libro ganó el primer lugar en ensayo en 1994. Se trata de
un ensayo crítico sobre las crónicas españolas. Fue reeditado por el Diario del Sureste
en 1994.
En 1993, FRANCISCO MAY Y MANUEL ANTONIO
AY, DOS CAUDILLOS MAYAS, editado por el Diario del Sureste.
En este 2001, hace un par de meses, estando
ya muy enfermo, salió su último libro: DE PIRATAS Y CORSARIOS, editado por
la Universidad de Yucatán.
D. Luis era de fácil palabra, lo que le
llevó a ser llamado frecuentemente para dictar conferencias y charlas tanto en el
extranjero como aquí en su tierra. Entre las del extranjero destacan la TEXAS
CHRISTIAN UNIVERSITY, de FORTH WORTH, Texas; Miami, MIAMI METRO; en KINGSTON
y Montenegro Bay, Jamaica. En Yucatán asistía puntualmente donde le solicitaran,
tanto a Clubes de Servicio, como Escuelas, Ayuntamientos así como otras ciudades de
estados vecinos.
Referente a distinciones recibidas, ¡UF!
Era un agasajo visual e intelectual adentrarse en su pequeña oficina en su casa
particular: por todas partes y casi sin dejar espacios disponibles están los cuadros
recibidos por múltiples organizaciones, clubes, ciudades y municipios, el Instituto de
Cultura, el Gobierno del Estado y otras, sería quizá más fácil enumerar las que no
recibió a las múltiples recibidas, así que para no cansarte, querido lector, solamente
mencionaré algunas, desde luego todas y cada una de ellas fueron muy queridas y
apreciadas por él, tanto que con un celo increíble las cuidaba y enseñaba a sus
allegados.
En 1971, recibió la Medalla de Oro del
Ayuntamiento de Valladolid como ciudadano distinguido. En ese mismo año recibió Diploma
de la Asociación Nacional de la Publicidad por su labor periodística y de investigación
histórica. En 1974, Diploma y premio en efectivo de la Sociedad Interamericana de la
Prensa (SIP/Mergenthaler) en Caracas, Venezuela, por su trabajo periodístico durante la
Cumbre Iberoamericana desarrollada en Cancún ese año. En 1975, recibió nombramiento de
Socio Fundador de la Ciudad de Cancún, otorgada por el Fondo Nacional de Turismo. En
1977, Placa de la Fundación de Mérida al mérito ciudadano por su aportación al
enaltecimiento de valores tradicionales, otorgado por el Ayuntamiento de Mérida. En 1979
Diploma de la Asociación Mexicana de Radio y Televisión por su labor de difusión de la
cultura Maya. En 1986, Medalla Yucatán por su aportación cultural. En 1988, Premio
Estatal de Literatura, Primer lugar en la categoría de ensayo, otorgada por el Instituto
de Cultura del estado. En 1985, Medalla Canacome. En 1977, Medalla del Instituto de
Cultura de Yucatán al Mérito Artístico en Literatura. En 1997, Diploma de la
Radiodifusión, Televisión, Similares y Conexos.
En fin, escribir sobre D. Luis será
siempre con la visión de tener mucho espacio, porque su obra periodística simplemente es
impresionante, aunque algunos majaderos de los no faltan en todas partes lo
han vilipendiado, pero hay que aclarar que quizá es por envidia, porque han denigrado
esta noble profesión, convirtiéndose en simples parias a los cuales la sociedad tiene
bien identificados y por lo tanto nunca podrán llegarle ni a los tobillos a D. Luis que,
también vale la pena aclararlo, nunca tuvo enemigos, pues a esas personas que lo
denigraban, simplemente los ignoraba. En cambio, tuvo la dicha y virtud de tener amigos y
en abundancia y que le quisieron y apreciaron en toda su valía.
Solamente nos queda enviar a su familia,
por este conducto, un abrazo fraterno, de amistad sincera, en manera muy especial a su
Sra. esposa, Teresita Noemí, más conocida como Doña Mimí, a sus hijas María Teresa,
María Noemí, María Guadalupe, María del Carmen y María Carolina, a su hijo Dr. Luis
Alfonso, así como a sus hermanos, Ings. Miguel Ángel y Carlos Fernando, el pintor
Gabriel y el Dr. Gonzalo y sus hermanas María Teresa, Carolina Cecilia y María Dolores.
Para todos ellos pediremos al Todopoderoso que les consuele y conforte enviándoles la
resignación cristiana. Por mi parte, una frase: Descansa en paz, maestro. (M.A.G.G.
Mérida, Yucatán, Méx., mayo de 2001) |