Que conste:
Esta campaña electoral tampoco fue ocasión para el análisis y el debate a fondo de los
grandes problemas, añejos y recientes, que nos impiden a los yucatecos reducir la
explotación, la pobreza y la indefensión política de las mayorías a niveles
razonablemente aceptables, sobre todo para los más desvalidos. Tampoco sirvió para que
los candidatos y los partidos políticos sometieran al examen crítico de los electores
sus programas de desarrollo, aunque hay que decir que las campañas no sirven todavía
para eso ni en los países que se ufanan de ser muy democráticos, ni servirán a no ser
que en el mundo se produzca una verdadera revolución de la sociedad civil, lo que, por el
momento, parece lejano.
Por eso no nos quitó el sueño el hecho de
que no hubiese debates entre los candidatos, salvo el acartonado encuentro protagonizado
por Ana Rosa Payán y Esma Bazán. Hubo, eso sí, un gran debate, pero ése se dio durante
varios meses antes de que diese inicio la campaña propiamente dicha y fue el que
provocaron las bandas cerveristas con sus atentados contra el proceso electoral y contra
el orden jurídico republicano, debate que probablemente no se esperaban.
La controversia incluyó a toda la nación
y quizás por eso rindió sus frutos. De él fueron protagonistas, por un lado, el
priísmo acorralado en sus propios esquemas de partido de estado sin estado, y por el
otro, la parte mas activa y organizada de la sociedad yucateca y nacional, la que se
conoce como sociedad civil, constituida por partidos políticos, agrupaciones de
ciudadanos, medios de información, líderes de opinión e, inevitablemente, uno de los
poderes del estado federal, el judicial que resultó, a la postre, el que puso fin a la
disputa de la única forma posible, ejerciendo sus funciones jurisdiccionales.
Pero más que debate, hubo una gran lucha
política y cívica que, exitosa, todavía no termina. La candidatura común de Patricio
Patrón Laviada fue una consecuencia lógica de esa lucha, dada la evidente intención del
grupo caciquil priísta de llevar sus provocaciones ilegales hasta sus últimas
consecuencias, la de reventar el proceso electoral, y el hecho, ahora más evidente que
nunca, de que las sentencias que los condenaron no impidieron los facinerosos mantener
infiltrado al aparato encargado de la organización, realización y cómputo de la
votación, con el único propósito explicable: el de retener el control del poder
político de nuestro estado a toda costa. El colmo: en Cantamayec hicieron secretario
técnico del consejo electoral municipal a un analfabeta (para los libros de récordes).
Eso lo entendieron los dirigentes de los
partidos políticos que postularon al panista y el mismo candidato. También lo han
entendido los grupos y los dirigentes municipales príistas que, discreta o abiertamente,
apoyan al candidato común a gobernador. Parece estar claro para todos que el propósito
común es liberarse del control caciquil de Cervera Pacheco. Lo que no lo está tanto es
si ese propósito común debería mantenerse para acordar una agenda que busque los
necesarios consensos para construir entre todos, incluyendo a los perdedores, las bases de
una reforma política que nos compense a los yucatecos del atraso que nos separa de otras
entidades de la república de la única manera posible: poniéndonos a la vanguardia de
los cambios políticos democráticos en los estados.
Pero para que los yucatecos pasemos a la
gran tarea social de consensuar esa necesaria reforma antes tenemos que culminar la gran
lucha cívica y política que comenzaron unos pocos en septiembre del año pasado y luego
hicieron suya decenas de miles de ciudadanos. Es preciso poner en manos de esos
ciudadanos, más los que seguramente se añadirían ahora, la tarea de amarrarle las manos
a los mapaches y de enfrentar las maniobras a las que el gobernador con toda seguridad le
ha estado dedicando buena parte del tiempo que le ha quitado a sus actos de lucimiento
masivo. No hay que olvidar que nos enfrentamos a un cerebro bien entrenado en elucubrar
malas artes para alcanzar sus propósitos.
Así como en febrero logramos la gran
marcha de miles de ciudadanos al Monumento a la Patria, que representó un golpe moral y
psicológico que puso en jaque al cacique, ahora hace falta llamar públicamente a la
sociedad a pertrecharse con todos los medios a su alcance para documentar todas los actos
destinados a alterar o a tronar la votación el 27 de mayo. Durante la víspera los ojos
de los ciudadanos deberán estar vigilantes, tanto en la ciudad como en los municipios del
interior del estado. Y el día de los comicios, la vigilancia deberá continuar sobre las
casillas y los funcionarios identificados con el cerverismo hasta que no se hayan
entregado las actas electorales.
Los dirigentes políticos y civiles tienen
ante sí la gran responsabilidad de movilizar las grandes reservas de participación y
vigilancia de que son portadores muchos yucatecos. Que nadie que pueda aportar se quede
sin hacerlo. (R.A.S. Mérida, Yucatán, mayo de 2001). |