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Mérida, Yucatán, México

Edición del viernes 18 de mayo de 2001

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Semanario de Información y Análisis Político

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Filiberto Pinelo Sansores
La estrategia cerverista
Roger Aguilar Salazar
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Félix A. Rubio Villanueva
Uno más para el sprint final
Miguel A. Gamboa García
D. Luis Alfonso Ramírez Aznar
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¿PORQUE USA PASAMONTAÑAS MARCOS?
Tiene miedo a que lo maten
Tiene una cicatriz horrible en la cara
Tiene miedo a que lo reconozca su esposa
Tiene miedo a que lo reconozcan los acreedores
Tiene frío en la cabeza
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Por que el pasamontañas es un emblema
No se...


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Países on-line
¿Digitalización de Utopía o Nueva Geografía de la Estafa?

Juan Omar Fierro

Tierra de nadie, tierra de oportunidades.

Esa fue la premisa que dio origen a la colonización de vastos territorios a lo largo y ancho del planeta. Naciones e imperios crecieron al amparo de esa ley hasta que todos los territorios fueron "ocupados".

Cuando supuestos territorios vacíos resultaron tener pobladores vino la guerra, el exterminio, la estafa, el engaño, la traición. Nada faltó por hacer en nombre de la patria, de la república, de la monarquía.

La historia se repite.

A falta de tierras por "descubrir" los nuevos colonos pueblan un territorio carente de espacio físico, donde sólo hay que tener un dominio para izar la bandera, donde la ciudadanía se obtiene a través de una conexión telefónica.

Y la oferta de nacionalidades, limitada a dos centenas de países, se multiplica hasta el infinito. Son las Utopías que Tomas Moro no alcanzó a crear, las naciones inexistentes que encontraron una forma de manifestarse más allá de las fronteras del papel.

Principado de Sealand, República de Baja Arizona, Dominio de Melquisedeck, Reino de Araucania, Principado de Seborga, Reino de Landreth, Nación de Alara, son sólo algunos ejemplos de lo anacrónica y pueril que resultó Utopía, una nación imaginada que carecía, incluso, de territorio virtual.

Países virtuales, micronaciones a decir de sus creadores, que no necesitan de un gran territorio, ni siquiera de una ubicación lógica del mismo: una plataforma abandonada en aguas internacionales, corteza terrestre sumergida bajo el mar, aldeas incrustadas en el territorio de países verdaderos, la suma de retazos resultante de "todo el territorio que existe entre fronteras".

En todos esos países la fantasía de una lengua única ha dado paso a la realidad de un lenguaje universal: de las cenizas del esperanto surgió el ave fénix del java.

El libre mercado en la geografía de la red

A diferencia de antaño, la "nueva colonización" no ha sido sangrienta, pero la traición, la estafa y el engaño persisten en ella.

Ya no se trata de "asuntos de estado", sino de una forma simple para ganar dinero. La ciudadanía se compra y con ella es posible la adquisición de toda la gama de documentos oficiales: pasaportes, cartas de inmunidad diplomática, licencias para conducir, bonos de gobierno, placas para automóviles, títulos universitarios, permisos para operar líneas aéreas y títulos de nobleza, por mencionar algunos.

En el Dominio de Melquisedeck la ciudadanía se adquiere con una "donación" de diez mil dólares. O en su defecto se puede estudiar Filosofía en su universidad (la Universidad del Dominio de Melquisedeck) por sólo 6500 dólares.

Si solamente se interesa en adquirir estampillas de uno de estos países, Hutt River ofrece cada una de éstas por sólo 20 dólares. Un catálogo "indispensable para un buen filatelista", aseguran.

Los títulos de nobleza también están disponibles para el que tenga la cartera abierta. Duques, Condes, Caballeros, por sólo cinco mil dólares. Una ganga", según el Reino de Landreth. En Araucania, los títulos son simbólicos, "hasta que el Reino obtenga reconocimiento oficial".

Si la venta de documentos "verdaderos"- inútiles más allá de la página respectiva de cada país- no es suficiente para el "sano" ejercicio de las arcas nacionales, hay alternativas poco ortodoxas: lavado de dinero, venta de "inmunidad diplomática" a criminales, etiquetación falsa de productos, solicitud de préstamos bancarios para "inversión pública", y, el más acabado de todos los ejemplos, tráfico ilegal de armas.

Una de las micronaciones que peor fortuna ha tenido es Sealand: "ciudadanos" y "diplomáticos" suyos se han visto involucrados en todo tipo de operaciones ilegales, a pesar de que su fundador, Roy Bates, se declara ajeno a ello y trata de explotar su "territorio" - localizado en una explataforma de guerra localizada en el Mar del Norte, a menos de 2 mil kilómetros de Inglaterra - mediante una paraíso fiscal para operadores de Internet.

Los pésimos "ciudadanos" de Sealand comienzan con el estadounidense Andrew Cunanan, asesino de Gianni Versace, continúan con los españoles Francisco Trujillo y Juan Sabino Martínez Montaner, que intentaron comprar armamento pesado a Rusia para luego venderlo en África, y finalizan con los alemanes Friedbert Ley y Torsten Reineck, sospechosos de fraudes y lavado de dinero en su país natal.

No siempre son los "ciudadanos" corrientes los que cometen tropelías. David Korem, fundador del Dominio de Melquisedeck, es sospechoso de múltiples fraudes en Estados Unidos y autoridades de ese país lo investigan de manera permanente, aunque todavía no le han podido comprobar nada.

Guerras de Independencia y otras batallas en la web

La mayoría de las micronaciones buscan un reconocimiento oficial. Para ello esgrimen todo tipo de argumentos. Desde biblícos y religiosos hasta tratados y leyes internacionales.

La Nación de Alara reclama una pequeña porción de tierra en el extremo norte de la Columbia Británica, Canada, "que fue habitada por sus antepasados".

Araucania, con localización "virtual" en Chile, es la "continuidad" de posesión mapuche en la provincia de Arauco, aunque alentada por criollos chilenos en el "exilio".

El Principado de Sealand es "soberano" porque la explataforma de guerra que lo alberga está en aguas internacionales y en el momento de su ocupación llevaba más de 20 años abandonado.

La "secesión" de Hutt River del resto de Australia es justificable porque en 1971 el gobierno de ese país impuso una cuota de producción agrícola que destruyó la economía de la región, y en especial, la de Leornard Casley, el granjero fundador.

El Principado de Seborga resucita un título de propiedad de hace mil años y sólo pide "respeto a la independencia" de 14 kilómetros cuadrados que le fue otorgada desde entonces por el Condado de Ventimiglia.

Más espiritual resulta el origen del Dominio de Melquisedeck. Goza de una "eterna soberanía" que le conceden las "Sagradas Escrituras hebreas y cristianas" sobre islas desconocidas y anónimas en las que nunca ha estado nadie pero que "están ahí", según los testimonios que dice conocer David Korem.

A pesar de razones tan contundentes, ninguna de las micronaciones (o casi, Melquisedeck, dice contar con el de la República Centroafricana) cuenta con reconocimiento diplomático de países verdaderos. Cómo un paliativo a este contratiempo, las micronaciones ya establecen relaciones diplomáticas entre ellas y cuentan con varios organismos multinacionales al mejor estilo de la ONU. La Liga de Estados Secesionistas (LOSS), United Micronations (UM) y Reunian News Agency (Reuniao Organization), son las que cuentan con mayor número de integrantes.

No sólo en el frente diplomático se centran los esfuerzos independentistas y de reconocimiento de las micronaciones. En un principio, Sealand vivió un conflicto territorial con Inglaterra por la posesión de la base. Incluso hubo disparos, pero la "batalla" no trascendió por la "determinación" que mostraron Roy Bates y sus seguidores para permanecer allí. Los británicos retiraron su embarcación de guerra de la zona de conflicto y Sealand "conserva" desde entonces su independencia.

El Dominio de Melquisedeck también resiste la "persecución". La amenaza de que congelarán las cuentas bancarias de sus dirigentes es latente. Para sus representantes esto es "un intento de bloqueo económico contra su actividad comercial".

Sin embargo, cualquier método de lucha contra las micronaciones, o contra los delitos que se cometen en nombre de estos singulares países, parece estar derrotado de antemano. Legalmente no han perdido un sólo juicio en tribunales internacionales.

Falta por saber si las micronaciones no caerán en la tentación de recurrir a las reglas del antiguo orden internacional: declararse la guerra entre ellas hasta que solas se exterminen de la red.

Si se diera el caso, virus y hackers serían el armamento letal en estas novedosas guerras sin territorio. Batallas en ninguna parte que serían realmente quirúrgicas y no ocasionarían bajas humanas en ninguno de los bandos. Pura utopía, pues. (J.O.F. México, D.F., mayo de 2001)

 

 

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