Tierra de
nadie, tierra de oportunidades.
Esa fue la premisa que dio origen a la
colonización de vastos territorios a lo largo y ancho del planeta. Naciones e imperios
crecieron al amparo de esa ley hasta que todos los territorios fueron
"ocupados".
Cuando supuestos territorios vacíos
resultaron tener pobladores vino la guerra, el exterminio, la estafa, el engaño, la
traición. Nada faltó por hacer en nombre de la patria, de la república, de la
monarquía.
La historia se repite.
A falta de tierras por
"descubrir" los nuevos colonos pueblan un territorio carente de espacio físico,
donde sólo hay que tener un dominio para izar la bandera, donde la ciudadanía se obtiene
a través de una conexión telefónica.
Y la oferta de nacionalidades, limitada a
dos centenas de países, se multiplica hasta el infinito. Son las Utopías que Tomas Moro
no alcanzó a crear, las naciones inexistentes que encontraron una forma de manifestarse
más allá de las fronteras del papel.
Principado de Sealand, República de Baja
Arizona, Dominio de Melquisedeck, Reino de Araucania, Principado de Seborga, Reino de
Landreth, Nación de Alara, son sólo algunos ejemplos de lo anacrónica y pueril que
resultó Utopía, una nación imaginada que carecía, incluso, de territorio virtual.
Países virtuales, micronaciones a decir de
sus creadores, que no necesitan de un gran territorio, ni siquiera de una ubicación
lógica del mismo: una plataforma abandonada en aguas internacionales, corteza terrestre
sumergida bajo el mar, aldeas incrustadas en el territorio de países verdaderos, la suma
de retazos resultante de "todo el territorio que existe entre fronteras".
En todos esos países la fantasía
de una lengua única ha dado paso a la realidad de un lenguaje universal: de las cenizas
del esperanto surgió el ave fénix del java.
El libre mercado en la geografía de la red
A diferencia de antaño, la "nueva
colonización" no ha sido sangrienta, pero la traición, la estafa y el engaño
persisten en ella.
Ya no se trata de "asuntos de
estado", sino de una forma simple para ganar dinero. La ciudadanía se compra y con
ella es posible la adquisición de toda la gama de documentos oficiales: pasaportes,
cartas de inmunidad diplomática, licencias para conducir, bonos de gobierno, placas para
automóviles, títulos universitarios, permisos para operar líneas aéreas y títulos de
nobleza, por mencionar algunos.
En el Dominio de Melquisedeck la
ciudadanía se adquiere con una "donación" de diez mil dólares. O en su
defecto se puede estudiar Filosofía en su universidad (la Universidad del Dominio de
Melquisedeck) por sólo 6500 dólares.
Si solamente se interesa en adquirir
estampillas de uno de estos países, Hutt River ofrece cada una de éstas por sólo 20
dólares. Un catálogo "indispensable para un buen filatelista", aseguran.
Los títulos de nobleza también están
disponibles para el que tenga la cartera abierta. Duques, Condes, Caballeros, por sólo
cinco mil dólares. Una ganga", según el Reino de Landreth. En Araucania, los
títulos son simbólicos, "hasta que el Reino obtenga reconocimiento oficial".
Si la venta de documentos
"verdaderos"- inútiles más allá de la página respectiva de cada país- no es
suficiente para el "sano" ejercicio de las arcas nacionales, hay alternativas
poco ortodoxas: lavado de dinero, venta de "inmunidad diplomática" a
criminales, etiquetación falsa de productos, solicitud de préstamos bancarios para
"inversión pública", y, el más acabado de todos los ejemplos, tráfico ilegal
de armas.
Una de las micronaciones que peor fortuna
ha tenido es Sealand: "ciudadanos" y "diplomáticos" suyos se han
visto involucrados en todo tipo de operaciones ilegales, a pesar de que su fundador, Roy
Bates, se declara ajeno a ello y trata de explotar su "territorio" - localizado
en una explataforma de guerra localizada en el Mar del Norte, a menos de 2 mil kilómetros
de Inglaterra - mediante una paraíso fiscal para operadores de Internet.
Los pésimos "ciudadanos" de
Sealand comienzan con el estadounidense Andrew Cunanan, asesino de Gianni Versace,
continúan con los españoles Francisco Trujillo y Juan Sabino Martínez Montaner, que
intentaron comprar armamento pesado a Rusia para luego venderlo en África, y finalizan
con los alemanes Friedbert Ley y Torsten Reineck, sospechosos de fraudes y lavado de
dinero en su país natal.
No siempre son los "ciudadanos"
corrientes los que cometen tropelías. David Korem, fundador del Dominio de Melquisedeck,
es sospechoso de múltiples fraudes en Estados Unidos y autoridades de ese país lo
investigan de manera permanente, aunque todavía no le han podido comprobar nada.
Guerras de Independencia y otras
batallas en la web
La mayoría de las micronaciones buscan
un reconocimiento oficial. Para ello esgrimen todo tipo de argumentos. Desde biblícos y
religiosos hasta tratados y leyes internacionales.
La Nación de Alara reclama una pequeña
porción de tierra en el extremo norte de la Columbia Británica, Canada, "que fue
habitada por sus antepasados".
Araucania, con localización
"virtual" en Chile, es la "continuidad" de posesión mapuche en la
provincia de Arauco, aunque alentada por criollos chilenos en el "exilio".
El Principado de Sealand es
"soberano" porque la explataforma de guerra que lo alberga está en aguas
internacionales y en el momento de su ocupación llevaba más de 20 años abandonado.
La "secesión" de Hutt River del
resto de Australia es justificable porque en 1971 el gobierno de ese país impuso una
cuota de producción agrícola que destruyó la economía de la región, y en especial, la
de Leornard Casley, el granjero fundador.
El Principado de Seborga resucita un
título de propiedad de hace mil años y sólo pide "respeto a la independencia"
de 14 kilómetros cuadrados que le fue otorgada desde entonces por el Condado de
Ventimiglia.
Más espiritual resulta el origen del
Dominio de Melquisedeck. Goza de una "eterna soberanía" que le conceden las
"Sagradas Escrituras hebreas y cristianas" sobre islas desconocidas y anónimas
en las que nunca ha estado nadie pero que "están ahí", según los testimonios
que dice conocer David Korem.
A pesar de razones tan contundentes,
ninguna de las micronaciones (o casi, Melquisedeck, dice contar con el de la República
Centroafricana) cuenta con reconocimiento diplomático de países verdaderos. Cómo un
paliativo a este contratiempo, las micronaciones ya establecen relaciones diplomáticas
entre ellas y cuentan con varios organismos multinacionales al mejor estilo de la ONU. La
Liga de Estados Secesionistas (LOSS), United Micronations (UM) y Reunian News Agency
(Reuniao Organization), son las que cuentan con mayor número de integrantes.
No sólo en el frente diplomático se
centran los esfuerzos independentistas y de reconocimiento de las micronaciones. En un
principio, Sealand vivió un conflicto territorial con Inglaterra por la posesión de la
base. Incluso hubo disparos, pero la "batalla" no trascendió por la
"determinación" que mostraron Roy Bates y sus seguidores para permanecer allí.
Los británicos retiraron su embarcación de guerra de la zona de conflicto y Sealand
"conserva" desde entonces su independencia.
El Dominio de Melquisedeck también resiste
la "persecución". La amenaza de que congelarán las cuentas bancarias de sus
dirigentes es latente. Para sus representantes esto es "un intento de bloqueo
económico contra su actividad comercial".
Sin embargo, cualquier método de lucha
contra las micronaciones, o contra los delitos que se cometen en nombre de estos
singulares países, parece estar derrotado de antemano. Legalmente no han perdido un sólo
juicio en tribunales internacionales.
Falta por saber si las micronaciones no
caerán en la tentación de recurrir a las reglas del antiguo orden internacional:
declararse la guerra entre ellas hasta que solas se exterminen de la red.
Si se diera el caso, virus y hackers
serían el armamento letal en estas novedosas guerras sin territorio. Batallas en ninguna
parte que serían realmente quirúrgicas y no ocasionarían bajas humanas en ninguno de
los bandos. Pura utopía, pues. (J.O.F. México, D.F., mayo de 2001) |