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Mérida, Yucatán, México

Edición del viernes 13 de julio de 2001

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Semanario de Información y Análisis Político

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COLUMNAS

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Parálisis legislativa
vs Oportunidad para el consenso

Sale Luis Correa del "equipo" de transición
Troncos y árboles caidos; obstáculos viales y peatonales:
Querida Ana Rosa:
Haciendo Memoria
¿Con metafunciones?
Habría un "super jefe de gabinete"
Nueva advertencia a Patrón Laviada
Que se cuide de sus "asesores" del magisterio

OPINION

Eduardo Heyman
Propuestas de desarrollo en Yucatán
Félix A. Rubio Villanueva
Magistrados Prevaricadores
Roger Aguilar Salazar
Poderes y Sociedad
(II)
Filiberto Pinelo Sansores
Un atropello inadmisible el del X distrito
Alejandro López Mungía
Mi punto de vista
José Enrique Gutiérrez López
¿Redimidos?: Divorciados vueltos a casar
German Sosa Monsreal
Las políticas de seguridad social: Obsoletas
Miguel A. Gamboa García
A quien corresponda
Rafael Acosta Solís
Doctrina de la Revolución
Oscar Sauri Bazán
En la mira...

Franklin Alonzo Cabrera
Hampones al abordaje

Freddy A. Heredia Durán
Acechando por las Rendijas

PENINSULA

Mun. Solidaridad
Campeche
Quintana Roo
Mun. Benito Juárez
Mun. Campeche

UNA DE MARCOS

¿PORQUE USA PASAMONTAÑAS MARCOS?
Tiene miedo a que lo maten
Tiene una cicatriz horrible en la cara
Tiene miedo a que lo reconozca su esposa
Tiene miedo a que lo reconozcan los acreedores
Tiene frío en la cabeza
Porque es un payaso
Por que el pasamontañas es un emblema
No se...


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EDITORIAL

Su pasado lo delata

¡Vaya bien!

Un breve repaso de la historia yucateca reciente nos conduce a la figura de Víctor Cervera Pacheco, personaje casi siempre asociado a una de las más tristes leyendas negras de la política nacional; recordar su "estilo" para apoderarse del poder es una truculenta novela salpicada de autoritarismo, cerrazón, intrigas y la férrea voluntad de eliminar a sus adversarios, bajo el sello de la casa: "quien no está conmigo, está en mi contra".

Aterrados y con voz baja, algunos de sus corifeos nos confían que, en privado, el –afortunadamente- ya próximo ex gobernador afirma que la norma de su vida ha sido "batallar, batallar, batallar", cuando en realidad el verbo exacto de su vida es otro muy diferente: el verbo ARREBATAR.

Basta remitirse a los hechos: un Cervera disputándole un liderazgo estudiantil al gobernador Agustín Franco, a quien luego le arrebata su primera diputación local, previa traición —puñalada por la espalda incluida— al secretario particular de López Mateos, aquel poderoso Humberto Romero; años después le arrebata la dirigencia campesina estatal a Luis Torres Mesías; también arrebata la alcaldía de Mérida a Loret de Mola y luego le crea un infierno a su administración, cuando se asocia con Sansores Pérez y con el propio presidente Luis Echeverría en esa intriga que tanto pesó en el desarrollo de Yucatán.

Siempre audaz, el arrebatar a la mala de Cervera continúa con Luna Kan, ya sea mediante estudiadas calumnias ante los funcionarios federales, o acosándolo o fabricándole conflictos; la máxima obra de esa cadena de actos inspirados en su repulsivo mesianismo culmina con la caída de Alpuche Pinzón, a quien literalmente le arrebata la preciosa silla labrada del palacio de Gobierno y se sienta cuatro años allí y aprovecha ese tiempo para ordenarle a sus pseudo diputados que le arrebataran su esencia antirreelecionista a la Constitución local para poder estar de vuelta en el edificio de la sesenta.

A Manzanilla Schaffer le hace la vida de cuadritos y le arrebata los últimos tres años de su encargo sexenal, al tiempo que maniobraba para que su incondicional Dulce Sauri lo supliera. A ella misma le hace sentir su "fuerza" a través del sobado recurso de coparle su gabinete con incondicionales suyos y de crearle varios alborotos campesinos. "Hay que doblegar a La Negra", le aconsejaba a sus fieles, al referirse a la actual senadora que ahora conduce la averiada nave tricolor a nivel nacional.

Asimismo, le arrebata la dignidad republicana al calendario electoral de la entidad y crea el engendro del mini período, arrebatándole quizás cuatro años y medio a Granja, al abusar de la condición medrosa y de pobreza espiritual de éste, al grado de que su grupo llegó al extremo de autodefinirse como "Los topos" para que no los regañara Cervera, a quien le profesan un lamentable temor reverencial.

Y entonces sí, con la mesa puesta por él mismo en su interinato, Cervera Pacheco le arrebata su sentido al mandato del voto popular de los yucatecos —entiéndase un mayúsculo fraude genial— y en 1995 retorna a la casona de sus sueños, los que seis años después mudaron en pesadilla porque un joven político lo echa por la calle lateral de la sesenta, dejando claro ante el estado, la nación y el mundo que un buen gobierno da votos y un mal gobierno los quita. El supuesto maestro de los tiempos no quiso entender los cambios globales que meses antes habían sacado al PRI de Los Pinos también barrerían con él, convirtiendo en añicos su autoimpuesta corona de triunfador nato, lo que finalmente quedó demostrado en la jornada del 27 de mayo.

Estábamos, pues, los ciudadanos ante un farsante, ante un enfermo de poder, una maligna máquina intrigadora y oportunista, no ante un gobernante amante de su pueblo y respetuoso de la Ley; nada de un Carrillo Puerto renacido, sólo un esfinge mesiánica, nada de impulsar el urgente desarrollo social y la búsqueda de la equidad, solamente la procuración del aplauso fácil y la consiguiente alimentación de un insaciable ego.

Cervera, igualmente, le arrebató el horizonte político a otros miembros de su clan. Olvidó el esperanzador carisma de Toraya, quizás la movilidad de Sobrino —aunque impugnado por su pasado financiero— y se dio el lujo de imponer al anticarismático campeón del rencor. Allí están los resultados. Una estrepitosa derrota y un Congreso de cabeza, conformando un vergonzante escenario en la mismísima tierra que vio nacer a Andrés Quintana Roo, al polémico Lorenzo de Zavala y al padre del Amparo, todo ello creado por un artesano de la política, un manipulador de alta escuela.

No hay plazo que no se cumpla ni límite que no se venza. El uno de agosto caerá un imperio que se creía imbatible y finalmente resultó estar hecho de cartón escenográfico.

Comprador de voluntades y artífice de siniestros enredos, Cervera aspirará a moverle el tapete a Patrón Laviada, a quien seis o nueve meses le resultarán críticos: por un lado, el peso natural del arranque –veámonos en el espejo de Fox- y, por el otro, la experimentada resistencia de un creador de problemas a varios titulares del Ejecutivo local. Vaya reto...

Cervera será el responsable directo de lo que pudiera ocurrir a Patricio durante los próximos meses. Su conocimiento de las entretelas gubernamentales lo responsabiliza de una manera obvia. Los yucatecos no queremos un inducido aumento de la delincuencia, los ciudadanos repudiaremos planificados motines penitenciarios o beligerancias sin antecedentes en sindicatos proclives al que ya se retira con mayor pena que gloria. También rechazaremos insurgencias campesinas y rebeliones sociales de empresarios beneficiarios de un régimen que se ganó a pulso su salida entre feroz silbatina.

Esperaremos los cambios; haremos nuestra parte como medio de comunicación y en nuestra calidad de ciudadanos. Abriremos muy bien los ojos ante los actos del gobierno entrante, pero también estaremos en alerta para evitar que el "batallador" saliente quiera repetir sus deleznables hazañas históricas de Franco, Torres, Loret, Luna, Alpuche, Sauri, Manzanilla y Granja con Patricio Patrón Laviada.

En la descendente curva de su carrera y de su edad, Cervera tendrá que quitarse sus corroídos arneses de gladiador. Los tiempos ya cambiaron. Hizo lo que quiso —motivo de otra entrega— y le llegó la hora final, el momento de irse a su casa sin causar más daño a los yucatecos. ¡Vaya bien! y no se le ocurra volver...

 

 

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