Un breve
repaso de la historia yucateca reciente nos conduce a la figura de Víctor Cervera
Pacheco, personaje casi siempre asociado a una de las más tristes leyendas negras de la
política nacional; recordar su "estilo" para apoderarse del poder es una
truculenta novela salpicada de autoritarismo, cerrazón, intrigas y la férrea voluntad de
eliminar a sus adversarios, bajo el sello de la casa: "quien no está conmigo, está
en mi contra".
Aterrados y con voz baja, algunos de sus corifeos nos confían que, en
privado, el afortunadamente- ya próximo ex gobernador afirma que la norma de su
vida ha sido "batallar, batallar, batallar", cuando en realidad el verbo
exacto de su vida es otro muy diferente: el verbo ARREBATAR.
Basta remitirse a los hechos: un Cervera disputándole un liderazgo
estudiantil al gobernador Agustín Franco, a quien luego le arrebata su primera
diputación local, previa traición puñalada por la espalda incluida al
secretario particular de López Mateos, aquel poderoso Humberto Romero; años después le
arrebata la dirigencia campesina estatal a Luis Torres Mesías; también arrebata la
alcaldía de Mérida a Loret de Mola y luego le crea un infierno a su administración,
cuando se asocia con Sansores Pérez y con el propio presidente Luis Echeverría en esa
intriga que tanto pesó en el desarrollo de Yucatán.
Siempre audaz, el arrebatar a la mala de Cervera continúa con Luna
Kan, ya sea mediante estudiadas calumnias ante los funcionarios federales, o acosándolo o
fabricándole conflictos; la máxima obra de esa cadena de actos inspirados en su
repulsivo mesianismo culmina con la caída de Alpuche Pinzón, a quien literalmente le
arrebata la preciosa silla labrada del palacio de Gobierno y se sienta cuatro años allí
y aprovecha ese tiempo para ordenarle a sus pseudo diputados que le arrebataran su esencia
antirreelecionista a la Constitución local para poder estar de vuelta en el edificio de
la sesenta.
A Manzanilla Schaffer le hace la vida de cuadritos y le arrebata los
últimos tres años de su encargo sexenal, al tiempo que maniobraba para que su
incondicional Dulce Sauri lo supliera. A ella misma le hace sentir su "fuerza" a
través del sobado recurso de coparle su gabinete con incondicionales suyos y de crearle
varios alborotos campesinos. "Hay que doblegar a La Negra", le aconsejaba a sus
fieles, al referirse a la actual senadora que ahora conduce la averiada nave tricolor a
nivel nacional.
Asimismo, le arrebata la dignidad republicana al calendario electoral
de la entidad y crea el engendro del mini período, arrebatándole quizás cuatro años y
medio a Granja, al abusar de la condición medrosa y de pobreza espiritual de éste, al
grado de que su grupo llegó al extremo de autodefinirse como "Los topos" para
que no los regañara Cervera, a quien le profesan un lamentable temor reverencial.
Y entonces sí, con la mesa puesta por él mismo en su interinato,
Cervera Pacheco le arrebata su sentido al mandato del voto popular de los yucatecos
entiéndase un mayúsculo fraude genial y en 1995 retorna a la casona de sus
sueños, los que seis años después mudaron en pesadilla porque un joven político lo
echa por la calle lateral de la sesenta, dejando claro ante el estado, la nación y el
mundo que un buen gobierno da votos y un mal gobierno los quita. El supuesto maestro de
los tiempos no quiso entender los cambios globales que meses antes habían sacado al PRI
de Los Pinos también barrerían con él, convirtiendo en añicos su autoimpuesta corona
de triunfador nato, lo que finalmente quedó demostrado en la jornada del 27 de mayo.
Estábamos, pues, los ciudadanos ante un farsante, ante un enfermo de
poder, una maligna máquina intrigadora y oportunista, no ante un gobernante amante de su
pueblo y respetuoso de la Ley; nada de un Carrillo Puerto renacido, sólo un esfinge
mesiánica, nada de impulsar el urgente desarrollo social y la búsqueda de la equidad,
solamente la procuración del aplauso fácil y la consiguiente alimentación de un
insaciable ego.
Cervera, igualmente, le arrebató el horizonte político a otros
miembros de su clan. Olvidó el esperanzador carisma de Toraya, quizás la movilidad de
Sobrino aunque impugnado por su pasado financiero y se dio el lujo de imponer
al anticarismático campeón del rencor. Allí están los resultados. Una estrepitosa
derrota y un Congreso de cabeza, conformando un vergonzante escenario en la mismísima
tierra que vio nacer a Andrés Quintana Roo, al polémico Lorenzo de Zavala y al padre del
Amparo, todo ello creado por un artesano de la política, un manipulador de alta escuela.
No hay plazo que no se cumpla ni límite que no se venza. El uno de
agosto caerá un imperio que se creía imbatible y finalmente resultó estar hecho de
cartón escenográfico.
Comprador de voluntades y artífice de siniestros enredos, Cervera
aspirará a moverle el tapete a Patrón Laviada, a quien seis o nueve meses le resultarán
críticos: por un lado, el peso natural del arranque veámonos en el espejo de Fox-
y, por el otro, la experimentada resistencia de un creador de problemas a varios titulares
del Ejecutivo local. Vaya reto...
Cervera será el responsable directo de lo que pudiera ocurrir a
Patricio durante los próximos meses. Su conocimiento de las entretelas gubernamentales lo
responsabiliza de una manera obvia. Los yucatecos no queremos un inducido aumento de la
delincuencia, los ciudadanos repudiaremos planificados motines penitenciarios o
beligerancias sin antecedentes en sindicatos proclives al que ya se retira con mayor pena
que gloria. También rechazaremos insurgencias campesinas y rebeliones sociales de
empresarios beneficiarios de un régimen que se ganó a pulso su salida entre feroz
silbatina.
Esperaremos los cambios; haremos nuestra parte como medio de
comunicación y en nuestra calidad de ciudadanos. Abriremos muy bien los ojos ante los
actos del gobierno entrante, pero también estaremos en alerta para evitar que el
"batallador" saliente quiera repetir sus deleznables hazañas históricas de
Franco, Torres, Loret, Luna, Alpuche, Sauri, Manzanilla y Granja con Patricio Patrón
Laviada.