| Cuando la dialéctica ostensiblemente se ciñe en ideales de obediencia
dispensados en elementales razonamientos, ésta expresa una vida material y está
predestinada al nacer ciertas concepciones y transiciones genéricas, tornándose precisos
e irrevocables los hábitos formados por la presión de las circunstancias.
Nuestro propio sistema político en
decadencia cíclica nos heredó formas desvirtuadas de conducta que muchas de ellas se
hicieron ley, siendo una de las primeras la corrupción. Sus propias redes atrapan en una
relación tortuosa tanto al que ofrece como al que recibe, infectando así a la mayor
parte del cuerpo social.
En "El Leviatán" Tomas Hobbe
escribe una de las obras en donde se muestra cómo el principal interés es el orden y la
paz, ante el miedo, la ansiedad, un estado de guerra para proteger lo propio, para tener
las posesiones de otro, para ganar fama y fortuna, en donde imperan la competencia y la
desconfianza, una de las soluciones para salir de ese estado es la Ley natural, surgiendo
el Estado y el poder soberano.
Montesquieu en "El Espíritu de las
leyes" en donde la ley general más que particulares es lo que anima a las leyes y
las hace útiles, es la razón humana, es la misma para todo el género humano, estas
ideas contribuyeron al estallido de la Revolución Francesa, a la formulación de la ley
fundamental y el diseño de las constituciones de los nuevos estados.
Ya Montesquieu tocó el punto toral de la
desigualdad, y de una igualdad exagerada, la primera se convierte en aristocracia y la
lleva al gobierno de uno sólo y la segunda que conduce al despotismo, ambas destruyen la
democracia; la libertad política consiste en hacer lo que se quiere. Para poder hacer lo
que se debe querer es en lo que consiste el estado, es decir la libertad es el derecho de
hacer lo que las leyes permitan.
Los dos principios de la democracia son el
gobierno de la mayoría y la libertad. No se le puede considerar el vivir de acuerdo a las
normas de la constitución, la libertad política no es el hacer lo que uno quiere, como
tampoco la capacidad de hacer lo que se quiere.
Tomás de Aquino señala: que ésta sea
ordenamiento de la razón, la hace quien tiene el cuidado de la comunidad. Dirigida hacia
el bien común y que la ley esté debidamente promulgada; el contrato social, las
Revoluciones y sus resultados están implícitas en la Constitución.
Por el contrario, E. Kant en sus obras
"Metafísica de las costumbres" y "La Ciencia del Derecho", refleja el
método de su pensamiento, recibe la influencia de Rousseau, ofrece un amplio panorama de
la sociedad civil, Estado de Naturaleza y Contrato Social, la función del estado en el
poder legislativo, asume que los ciudadanos tengan derecho al sufragio universal.
Hoy, por hoy nuestra ciudad avanza
significativamente hacia su proyección; tendrán que pasar afanes preconcebidos, las
formas de gobierno que se dan por voluntad popular conforman un nuevo esquema que al fin y
al cabo tendrían que darse en una sociedad umanense madura que sabe lo que desea y porque
lo quiere así. (Umán, Yucatán, Méx., julio de 2001) |