Querida
Ana Rosa:
Le dirijo estas líneas, muy sensatas ante todo, para pedirle que haga
algo por preservar la vida ecológica de esta Mérida que se nos va y en la que su
antecesor contribuyó para que así fuera.
Tres años han pasado sin que el problema que usted leerá adelante se
corrija y la situación empeora. Puede usted empezar de una vez por atender una serie de
cositas muy simples que la falta de talento en la Comuna pasada no vio en los últimos
tres años.
Como usted sí
maneja aunque parece que ya tiene chofer, se habrá dado cuenta que los autobuses, lo
mismo que los camiones de cierto tamaño como los refresqueros, materialistas y de
mudanzas tienen que circular en medio de las calles. La razón no es sólo que sean
maleducados o que de vialidad nada sepan. Hay una de peso, mejor dicho, muchísimas, y se
llaman árboles y ramas.
En las avenidas preciosas, la que usted quiera los árboles
que salen de las banquetas han comenzado a romperlas y sus troncos ocupan los carriles
generalmente de la derecha. Donde hay camellones, el problema es por dos, de tal suerte
que los vehículos con cierta altura deben golpetearse al transitar.
Dicho sea de paso, en ésta época de lluvias, los enormes, frondosos
árboles cargan mucha agua y con los huracanes que se avecinan, los más grandes hasta
terminan en el suelo al primer viento.
El imperio xavierista no hizo nada por corregir este problema. Por toda
la ciudad, en particular en las colonias más antiguas como la García Ginerés, Alemán,
México, etc., hay enormes, preciosos árboles que, si no queremos que terminen siendo
leña y obstruyan las avenidas en época de huracanes, deben ser "afeitados"
cuanto antes, aunque sea un poco, a fin de reducir el peso de sus grandes gajos, que
amenazan con lastimar a ciudadanos y ciudadanas cuando se desplomen.
Escoja,
alcaldesa: u ordena que se corten de una vez, de manera rutinaria (pian-pianito) o le hace
caso a los "ecologistas" que, con toda seguridad, primero harían un estudio,
luego medirán las variables, consultarán a las estrellas y luego de la temporada de
huracanes le dirán que sí puede usted cortarles dos troncos. Si les hace caso tenga
cuidado, que los investigadores suelen pasarse el tiempo investigando para que no se les
termine su chamba y sus conclusiones sólo arrojan como resultado que deben seguir
recibiendo dinero del erario, pero jamás aportan algo. Ya ve usted que en vez de probar
que los decibeles que se emiten en las discotecas son dañinos para los oídos, lo mismo
que el licor adulterado y el humo del cigarro que ahí se expenden, prefieren
"demostrar" científicamente que las turbinas de un avión que las
escuchamos sólo unos segundos al despegar y aterrizar, provocan molestias a ciertas
colonias y que "son lo peor que hay en el mundo" (los aviones)... ¡Vaya
investigadores y vaya medios que propagan esos respetables cuentos!
Si usted se apura, puede salvar primero los más grandes. Quien esto
escribe, pidió mil veces sin resultado a los últimos dos ayuntamientos que hicieran lo
mismo. El saldo de esos oídos sordos fue que en seis años perdimos un centenar de
grandes y frondosos árboles que cayeron en las temporada de lluvias o a la primera
turbonada.
Y es que no le hablo de los que en la Plaza Grande se talaron
"dizque por enfermos" (en contubernio con las autoridades municipales) para
poder retratar las fachadas de ciertos edificios coloniales que en breve serán de los
gringos, sino de otros que abundan en las colonias que amenazan con caer al primer viento
fuerte.
La solución,
repetimos, es sencilla, estimada contadora y sólo se requiere empeño y mucha
inteligencia. Además, hay flamante equipo comprado para ello que no se ha tocado. Se
pueden cortar en un solo día unas tres o cuatro cuadras, de tal suerte que en un par de
meses las principales avenidas ya estarían podaditas a sus costados y, además de
permitir que los autobuses puedan usar los carriles laterales, protegeremos un poco a la
Mérida que usted y yo queremos conservar.
Por cierto, la felicito Ana Rosa, por el anuncio de que se rebajaría
el sueldo. Yo le añadiría a eso que los regidores realmente desempeñen sus funciones
como tales y no sólo sirvan para pelearse como locos los carros del municipio, la
gasolina y los boletos de los viajes... al exterior. A propósito, ¿cuándo comenzará a
viajar usted?
P.D. Ya lleva usted un par de sugerencias desatendidas. Estamos
contando. |