La batalla por
evitar que la mafia cerverista se quede con la diputación del X Distrito es una lucha por
la equidad y la justicia y no un capricho de dos partidos por tener un diputado más. El
pueblo yucateco ha sido testigo de toda la serie de marrullerías implementadas por el
cacique y sus acólitos para tratar de burlarse de la voluntad de los ciudadanos de aquel
Distrito que votaron mayoritariamente para que los representara en el Congreso la
ciudadana Lízbeth Medina Rodríguez y no para que llegara al cargo el testaferro del
remandatario, Fredy Monforte Braga, quien, desvergonzadamente, pretende apoderarse de una
curul que no le corresponde.
Una vez más, el PRI se exhibe como una organización tramposa y sin
principios a la que no le importa mostrarse como lo que es con tal de obtener una
posición política. No se da cuenta de que su pataleo, llevado a cabo mediante
procedimientos sucios y totalmente descalificados, en lugar de redituarle ventaja
política alguna sólo le reporta un mayor repudio popular, que se traducirá en un
debilitamiento cada vez más agudo que lo llevará a su conversión, muy pronto, de
partido político en simple grupo de presión, como ya se está viendo a lo largo de la
república, donde son mucho más grandes y frecuentes sus derrotas que sus pírricas
victorias.
En lugar de aceptar la realidad de los hechos derivados de las
elecciones del 27 de mayo que entrañaron el rechazo de muchos de sus candidatos y, a
cambio, la victoria limpia de muchos de sus adversarios, el segmento cerverista del
priísmo yucateco sigue obstinado en robarse la diputación del X Distrito. Frente a la
mirada atónita de cientos de miles de ciudadanos yucatecos que siguieron palmo a palmo
los avatares de la elección en aquel Distrito y que vieron cómo la candidata
panista-perredista triunfó de manera limpia y transparente, según consta en las actas
extendidas en cada una de las casillas -firmadas hasta por los representantes del PRI- y
en las del cómputo distrital, y no obstante la maquinaria priísta de compra de votos
puesta a funcionar en su contra, Cervera y sus achichincles están actuando, de manera
absurda, para imponer al candidato derrotado.
No bien terminó la elección en aquel Distrito y se hizo el cómputo
oficial en el Consejo respectivo, el cacique decidió meter la pezuña en ella para
alterar los resultados que, como es del dominio público, habían dado la victoria a la
candidata. Mandó a dos esbirros suyos, los ex diputados Rolando Zapata Bello y Verónica
Farjat de Camino, a que le remitieran al presidente del Consejo Electoral, Luis Mena
Godoy, a su bunker de la Petronila para que ahí lo ablandaran y lo obligaran a admitir
que dos hampones penetraran en las oficinas del Consejo distrital y alteraran paquetes
electorales.
El escándalo de este acontecimiento no arredró al cínico
regobernador, sino que, por el contrario, lo volvió más agresivo todavía. Mandó a
Zapata y a Verónica a que pusieran una denuncia por "difamación" y
"calumnias" contra Mena Godoy y contra quien lo asesoró, Guillermo Vela Román,
y ordenó a su amanuense, el procurador Echeverría Bastarrachea, que, con este pretexto,
desatara una persecución contra el denunciante, lo que lo hizo huir, presumiblemente, del
Estado. Sin embargo, el descubrimiento de la alteración de los paquetes obligó al
cacique a cambiar de planes. Ya no podría quitarse la elección a la ganadora haciendo
revisar los paquetes de la elección en el Tribunal Electoral estatal porque se pondría
de manifiesto la veracidad de la denuncia de Mena Godoy. Había que buscar otro modo.
Fue así como a otros empleados suyos, caracterizados por su cara dura
para aceptar responsabilidades por maniobras sucias que beneficien a la banda de la que
son miembros, tocó realizar la penosa y sucia maniobra que ha desatado la crisis
política que vive actualmente el Estado, motivada por el intento de atropellar la
voluntad de los ciudadanos del X Distrito, que es atropellar la de los ciudadanos de todo
el Estado. A los tres "magistrados" del Tribunal Superior Electoral, que fueron
éstos dichos tres empleados, a los que cupo el "alto honor" de inscribir sus
nombres en las páginas de la historia vernácula como atropelladores de la democracia, se
les hizo fácil cumplir la encomienda anulando simplemente, mediante viles e ilegales
pretextos, la elección en cierto número de casillas donde había ganado el PAN
ninguna donde ganó el PRI fue anulada para hacer cambiar la correlación de
votos entre una y otro candidato.
Es por eso que no puede cejar el pueblo que se ha movilizado en su
lucha por mantener en el Congreso del Estado a su diputada. No es posible que en estos
momentos en que todos los políticos del país se llenan la boca hablando de democracia se
deje pasar este atropello a los derechos ciudadanos. No debe permitirse que alguien que no
fue electo ocupe una curul en esta Legislatura y que se deje afuera a quien sí lo fue.
Sería la consumación de un atropello monstruoso, inadmisible en estos tiempos. Un
insulto a la sociedad que no es posible tolerar. (Correo electrónico:
filibertopinelo@hotmail.com).