PRESIDIARIOS
Y REDENTORES. Las personas son de usos, costumbres y modas, por eso me cae tan
bien el señor Chucho Solís, que es una persona muy versátil, que le da por
encabezar la defensa de los más variados seres, si por allí en algún lugar del mundo a
alguien se le ocurre emprender una cruzada a favor del ratón loco del Himalaya, tenga
usted la seguridad de que prontito en nuestro medio aparecerá un comité por dicha causa
en la que invariablemente participará el buen Jesús; si el día de mañana llegase el
momento de pugnar por la canonización de la Gorda Menchuca o de la Gorda Estrada
o cualquier otra gorda, seguramente habrá por acá un comité que apoye dicha causa; si
sólo se tratase de evitar la extinción del cangrejo pinto de Tixkokob o de la jaiba loca
de Umán, no faltará gente altruista y generosa que se preste (o que se alquile) para
encabezar dicha causa.
POR ESTO, no hay que extrañar que
de cuándo en cuándo a mí se me acuerde que alguna vez fui bendito y me porté bien e
hice muchas cosas así de buenas y que todavía nadie me las había festejado y por esto,
hoy vamos a recordar a aquellos presos políticos del primer interinato:
NO SON ciertamente José Domingo y
Enrique los primeros ni los últimos, ni siquiera los únicos panistas y no panistas que
sufrieron persecución y cárcel durante el primer interinato o antes (o después). Hay
que recordar en primer lugar los disturbios que una vez se vivieron en Tekax, por la lucha
interna del PRI por las posiciones en el Ayuntamiento; era la época gloriosa del Partido
Revolucionario, cuando contaba con hombres y mujeres en verdad bravos; en ese entonces,
sólo sonaban los nombres de Rach Loco, el Suso Buenfil y los osos (Nando
Oso y Cía.); por las damas, pasaba lista de presencia doña Tinita Cabañas; fue
cuando las cosas venían a arreglarse a la Casa del Pueblo, y se arreglaban de la única
manera que sabían hacerlo los priístas: a puro tabasqueñazo.
Fue entonces que una mala decisión de la
manager del equipo, tomada desde las oficinas de la calle 65 de Mérida, desencadenó una
serie de disturbios en la ciudad de Tekax, donde no sólo no respetaron los bienes
públicos y privados, sino que ni siquiera respetaron a los cuicos del lugar, a quienes
encerraron en la cárcel con uniforme, pito y tolete y los daños ascendieron a muchos
pesos porque se tomó por asalto la tienda del ISSSTE de esa ciudad.
Este hecho de armas, emprendido por los
priístas, tuvo una buena cosecha de presos y, claro, no todos fueron priístas; es más,
la gran mayoría no lo era.
NO SE HABÍAN apagado las brasas de
Tekax, cuando llegaron las elecciones, esas que llaman constitucionales y se había
apuntado por el partido acción nacional un honesto comerciante para contender por el
municipio de Peto; este señor sirio libanés para más señas, don Salim
Mémeri Abud, tiene un encanto personal y despierta gran simpatía y, en esas elecciones,
el PAN dio el campañazo y tuvo mayoría en la simpatía de los ciudadanos, pero como era
costumbre en esos tiempos, vinieron las trampas y aparejadas con éstas las protestas del
pueblo y, claro, esto produjo otra cosecha de presos panistas, como Ildefonso Rodríguez
Aké y el gran Efraín Martínez Tuz, el popular "Poderoso" de Peto; con
ellos había una buena camada de muchachones que vivieron sus buenos días con sus buenas
noches en el CERESO de Mérida. El común denominador en estos casos, es que no abundan
los abogados que se presten a la defensa de éstos y, entonces, el partido hacía todo lo
posible por darles alguna defensa.
PERO como asentamos líneas arriba,
no fueron José Domingo y Enrique los únicos ni tampoco los únicos que pasaron bastante
tiempo injustamente privados de su libertad, siempre del Sur, de allí de Peto, tuvimos a
don Juan Crisóstomo Yerves Canul y Wilbert Pacheco Campos, estos dos, acusados de haber
emboscado a un convoy de antimotines a la salida de Peto (o a la entrada según usted vaya
o venga para Chetumal); estos dos humildes ciudadanos tuvieron que pasar bastante tiempo
sujetos a un proceso ante un juez cuya justicia dejaba mucho que desear, pero que era
ideal para los deseos y las formas de gobernar de los gobiernos priístas.
PERO, como éstos no eran muy
famosos y la sociedad y los medios de difusión se ocuparon poco de ellos, a
veces se me olvida "que yo tuve el honor de sacarlos personalmente de la
cárcel", incluso me olvido que junto con José Domingo, detuvieron a otro compañero
y lo sometieron como a él a tormento, pues los acostaban en el piso mojado de
las mazmorras de la policía judicial y les conectaban con terminales eléctricas en las
extremidades inferiores. Este compañero, otro joven panista, también pasó una buena
temporada en la peni, su nombre casi se ha borrado de la historia, Cosme Damián Balam
Góngora.
ESTOS fueron los presos, ¿quiénes
fueron los redentores? La verdad, las únicas personas que con constancia y perseverancia
se ocuparon de ellos y de sus familias fueron tres: Ana Rosa Payán Cervera, Leticia
Domínguez Escalante y el que fue su ángel protector (sobre todo de José Domingo) Don
José Saad Hadad Interián, quien hoy está gozando de la gloria de Dios Padre, porque
supo imitar a Dios Hijo inspirado por Dios Espíritu Santo, él me recordaba siempre:
"Jorge Isaac, nunca te olvides que quien se ensalza será humillado y el que se
humilla
". (J.S.C. Mérida, Yucatán, Méx., Agosto de 2001) |