| Muchos nos preguntamos si en realidad sabemos cuál es la diferencia entre un
empresario y un funcionario público, pero en realidad lo sabemos o solamente suponemos
que la diferencia de uno del otro es sencillamente el objetivo final, mientras la meta del
empresario es el enriquecimiento particular ya sea monetario, cultural o social, el
objetivo del funcionario público es el enriquecimiento general, pero no de la forma como
un empresario lo diría, de lo particular a lo general sino al revés, de lo general a lo
particular; es ahí entonces cuando hay que tener cuidado de quién o quiénes son los
más adecuados para ostentar un cargo público. Todo empresario o casi todos, así
lo quiero pensar es capaz de desarrollar cualquier actividad enfocada a la
generación de riqueza; pero, ¿están preparados y con la voluntad para generar esa
riqueza en forma general y no en lo particular? Yo aún no lo creo.
Desafortunadamente, en el México que
vivimos y en especial en el estado de Yucatán, existen personas para las cuales su único
objetivo en este mundo es la generación de la riqueza personal, sea cual fuere y caiga
quien caiga, ya que teniendo riqueza y poder, aparentemente todo se olvida, se perdona o
se calla, además de que falsamente se le crea al empresario o persona que hace esto una
imagen de intelectual capaz e inteligente para lograr los objetivos trazados en el camino
hacia la cúspide de su realización. Pero, ¿nos preguntamos cómo llegó o qué hizo
para lograr llegar a ello? A quién o a quiénes tuvo que pasarle encima? Estas preguntas
se hacen cuando el dinero y el poder no llegan aún, pero ¿se preguntan cuando ya están
ahí? ¡Claro que no! Porque o no nos conviene preguntar por interés personal o por la
sencilla razón de que no nos importa, ya que no nos afectó a nosotros, pero para la
persona o personas que ostentan la difícil labor de seleccionar a quienes servirán al
pueblo como funcionarios públicos en cualquier secretaría y a cualquier nivel, es de
suma importancia hacerse esas preguntas, ya que, en últimas instancias, el responsable
por los actos de estos nuevos funcionarios público, recae en él o ellos y de una forma
de complicidad, lo cual lo o los llevaría a la deshonra pública en el peor de los casos,
pero posiblemente pensarán que con poder, dinero y tiempo todo se olvida. En esta vida,
señores, nada se olvida y todo se guarda en el cajón de los recuerdos y algún día,
cercano o lejano, tal vez esos cajones se puedan abrir y ese será el día en que ni el
dinero ni el poder que se tuvo serán suficientes para que el cajón de los recuerdos se
vuelva a cerrar.
El nuevo gabinete del señor Gobernador sin
lugar a dudas tiene magníficos elementos, capaces y comprometidos con y para su Estado,
pero también existen de los otros, cuyo único objetivo es enriquecerse y/o hacerse de
poder para lograr sus objetivos personales; lo mismo podríamos decir de los elementos en
la jerarquía descendente de cada secretaría, y es ahí en donde hay que tener un
estricto control de vigilancia, ya que el responsable, como habíamos mencionado
anteriormente, y con toda la buena voluntad que se tenga para ser un servidor público
honesto, no le servirá para nada gracias a su falta de visión al escoger a sus
colaboradores. Les recordamos que los amigos no siempre son los mejores, hay que tener una
mejor visión para poder apreciar por fuera del grupo social quiénes son los que
realmente son, no solamente capaces, sino comprometidos con la misma causa, que a fin de
cuentas para este gobierno, quiero pensar y como así lo ha dicho, lograr el bienestar y
la paz social para cada uno de los yucatecos. Por eso yo les digo ojo, mucho ojo en
quién depositamos nuestra confianza para representarlos en la gran labor que se les
encomendó y que tienen la obligación de cumplir, que es la de servir al yucateco y no
como en el pasado la de servirse de él. (A.H.P. Mérida, Yucatán, Méx.,
agosto de 2001). |