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Mérida, Yucatán, México

Edición 618 del viernes 24 de agosto de 2001

Semanario de Información y Análisis Político

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PATRICIO COMO GOBERNADOR

¿CÓMO SIENTES QUE VA EL GOBIERNO DE YUCATÁN?

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Muy mal
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Resultados

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El engaño de la deuda que dejó Cervera
Filiberto Pinelo Sansores

El gobierno de Víctor Cervera dejó un desbarajuste administrativo inmenso a su sucesor Patricio Patrón Laviada. Un ejemplo de ello es el reporte que hizo al Congreso del Estado sobre la deuda que dejó de herencia a quien lo sucedió. En el afán de hacer creer a la opinión pública que había liquidado la mayor parte de las deudas de su gobierno y que sólo faltaba una cantidad muy pequeña por pagar, engañó al Congreso del Estado pues le informó que sólo debía 15 millones de pesos cuando en realidad debía mucho más, ya que varios bancos poseen otros pagarés firmados por el gobierno cerverista que éste no quiso o no pudo liquidar. Estos últimos ascienden a la no despreciable suma de alrededor de 80 millones.

Gracias a documentos encontrados en la Contaduría Mayor de Hacienda por diputados no priístas de la Comisión de Hacienda, se pudo establecer que fue falso el informe que Cervera envió al Congreso e hizo público en el Diario Oficial del Estado. La audacia del cacique no tuvo límites. Engañar a una institución de la importancia del Congreso en un asunto tan delicado como éste es mostrar un nulo respeto por él.

Lo peor del caso es que ese dinero que el pueblo tendrá que pagar debe haber servido, no para hacer obras en su beneficio, sino para engrosar algunas fortunas o para despilfarrar en la política clientelar y electorera que Cervera practicó a lo largo de los 10 años que gobernó al Estado, sobre todo en los últimos seis meses de su último gobierno, en que instrumentó su famoso desacato y pugnó por llevar a la gubernatura a su delfín, el jubilado de lujo, Orlando Paredes Lara.

Sostener al gigantesco ejército de aviadores que existen en las nóminas gubernamentales, parte de los cuales han sido ya identificados y puestos en la calle, como demuestran las protestas de los que fueron corridos de la Dirección de Desarrollo Municipal, y costear a espías y acarreados para llevar al Congreso a gritar injurias y agredir diputados de la oposición y a las puertas de la sede del Consejo Electoral del Estado, durante los largos días del desacato, no le salió nada barato al pueblo yucateco.

Nunca se imaginó Cervera que finalmente su hegemonía sería derrotada y que las puertas de la Contaduría Mayor de Hacienda les serían abiertas a diputados que no fueran de su partido. La llegada de estos diputados al Congreso yucateco puso fin al secreto en que se guardaban los datos de sus tejemanejes con los dineros públicos.

A esto se debió que fuera descubierto su intento de engaño mediante el cual quiso hacerse pasar, aunque sólo fuera por un rato, como un gobernador responsable, que no dejó casi deudas al que lo sucedió, pues gracias a que dejó de tener guardianes en la Contaduría —que, con la misión de evitar que ojos indiscretos encontraran las pruebas de sus malos manejos, impedían el paso a gente que no fueran sus diputados alcahuetes— salieron a la luz los documentos que mostraron el verdadero tamaño de esa deuda.

Antes de que fuera expulsado del poder era muy difícil documentar sus despilfarros. Pero con el afortunado cambio en la correlación de fuerzas que se dio en el Estado, es posible ahora, con bastante facilidad, descubrir los desvíos de los dineros públicos en que incurrió. Y quienes, fieles a él, intentan su defensa, resbalan con espumosa facilidad. Así le pasó a su ex secretario de Hacienda, el diputado Casellas, quien perdió piso cuando salió al quite para hacer frente a las afirmaciones de un grupo de diputados panistas, quienes después de visitar al actual encargado de las finanzas estatales y cotejar con informes de otra fuente sus descubrimientos en la Contaduría, denunciaron el fraudulento modo de proceder del cacique.

No tuvo el ex secretario, ahora diputado, más argumento para responder a las acusaciones hechas a su jefe que decir que suponía que los 80 millones no reportados al Congreso habían sido ya saldados. Ni siquiera fue contundente en su alegato, como antes, cuando era el encargado de guardar el dinero que gastaba el cacique y mandaba cartas a los periódicos para desmentir a cualquiera que se atreviera a poner en duda el manejo de las finanzas cerveristas. Entonces era obligado creer lo que decía por no existir la más mínima posibilidad de que algún extraño pudiera husmear en la Contaduría y pudiera saber si eran o no ciertas sus afirmaciones. Ahora, la frase clave que empleó fue: "según sé", que es como decir "me lo dijo un pajarito".

Ninguna duda cabe de que el gobierno de Cervera ha sido el gran fraude del siglo. Un gobierno que fue sinónimo de simulación y que pasará a la historia como uno de los peores que ha tenido nuestro Estado. Los hechos así lo siguen demostrando. (F.P.S. Mérida, Yucatán, Méx., agosto de 2001).

 

 

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