| La coalición de fuerzas que encabezó Patricio Patrón se preparó para derrotar
al caciquismo de Cervera, pero no para sustituirlo. Su campaña descansó casi únicamente
en la persona del político panista, en su carisma e imagen, y dejó en segundo plano las
propuestas de gobierno y la preparación del relevo de la burocracia al servicio del
cacique y de su grupo, debido a que la mayor urgencia era sacar a éstos del gobierno.
El programa pudo haber servido de guía
para la integración del gabinete del gobernador y la incorporación de los demás
empleados de confianza en concordancia con sus objetivos, así como pudo destacar las
cualidades mínimas indispensables a exigir de quienes tendrían la responsabilidad de
poner en práctica planes y medidas para lograrlo.
Hoy, la lentísima sustitución de la
burocracia estatal, constituida por personas cuyos nombres los ciudadanos sólo conocerán
cuando tengan la suerte o la desgracia, no se sabe de topar con ellos en
algún momento de su existencia, evidencia serias dificultades para integrar el equipo
gobernante, por lo que algunas designaciones provocan desencanto si no es que franco
rechazo, como en el caso del director del centro de atención a menores infractores. Estas
inesperadas dificultades ponen de manifiesto por lo menos dos cosas: las fuerzas
políticas que se aliaron para sacar a Cervera del poder público estatal carecen de
cuadros políticos y, por otra parte, la falta de previsión en los relevos necesarios y
el desconocimiento de la cantidad de puestos burocráticos susceptibles de cambio, de las
funciones y tareas inherentes a esos cargos y de la necesidad de jerarquizar la
importancia estratégica de cada uno de ellos.
Todo relevo del Poder Ejecutivo implica
algún grado de imprevisión, inevitable incluso en sistemas políticos razonablemente
democráticos. En el caso de Yucatán la imprevisión y la improvisación sobreviniente
causan mayores tropiezos por la decisión de Cervera Pacheco de ocultar cuanta
información que hubiera podido facilitar su relevo. Su perversa actitud, lógica en quien
abusó de la discrecionalidad y el secreto como instrumentos de su hegemonía y para
perpetuarse en el poder, ahora estuvo acicateada por la necesidad de encubrir las
tracaladas de su gobierno, dificultando la puesta en marcha del nuevo gobierno.
Pero las dificultades del gobierno de
Patrón Laviada no tienen un único origen. Si hasta el día de hoy, tres semanas después
de su toma de posesión, todavía se mantienen en puestos de importancia funcionarios del
régimen anterior y si algunos nuevos funcionarios son puestos en tela de juicio por su
pasado, eso es debido también a que el gobernador, su partido y los grupos que
contribuyeron a llevarlo al poder no cuentan con las personas suficientes e idóneas para
cubrir todos los puestos ( o no lo saben, dirían algunos frustrados aspirantes al
"cielo" público).
La carencia de cuadros técnicos y
políticos es una de las causas de la estampida de numerosos funcionarios medios y menores
del ayuntamiento, llevados a distintas oficinas del gobierno del Estado y, aunque todavía
muchos se sienten injustamente excluidos o ignorados, probablemente se trata, en su
mayoría, de personas que poseen más ganas que capacidades y conocimientos necesarios
para desempeñar esos puestos. De otra manera no se entiende por qué hasta esta semana
permanecen en puestos de confianza de casi todas las dependencias estatales, personas
fieles a quien se asumió como un amo.
Al gobierno de Patrón Laviada le
faltarían más cuadros para cubrir los puestos ocupados por emisarios del pasado
cerverista si el cacique él sí, previsor y con la ayuda de sus funcionarios
no hubiese otorgado nombramientos de urgencia a mucho de sus sirvientes, apostando a que
sus mal intencionadas designaciones pasasen desapercibidas o, apoyándose en normas de
dudosa legalidad, no hubiese colocado a otros en el Poder Judicial y en otras
dependencias, como el consejero espurio, Héctor Herrera Heredia, quien es presidente del
Tribunal de Conciliación y Arbitraje para los Trabajadores al Servicio del Estado.
Al tamaño de los obstáculos
deliberadamente sembrados en las filas de la burocracia estatal debe corresponder la
respuesta del gobierno de Patricio Patrón Laviada, respuesta que, por cierto, no debería
dilatarse. Hay muchos pendientes por resolver en materia de justicia electoral,
violaciones a los derechos de los trabajadores al servicio del estado, malos manejos
financieros, etc., etc. Si no se desactivan con prontitud y sagacidad política las minas
políticas sembradas por Cervera, a las inesperadas dificultades surgidas de la
sustitución de funcionarios se podrían agregar las provenientes de la decepción y el
desánimo de la sociedad.
El gobierno de Patrón Laviada no debería
imitar el mal ejemplo de su copartidario, el presidente de la República, que está
matando las altas expectativas que despertó en millones de mexicanos. Hay que tener mucho
cuidado y actuar con el corazón caliente y la cabeza fría, porque el régimen
antidemocrático todavía respira. (R.A.S. Mérida, Yucatán, Méx., agosto de 2001) |