| Trabajo,
disciplina, constancia, son algunos de los méritos de la actual policía municipal de la
ciudad de Umán, atrasada, olvidada por las pasadas administraciones, se les exige mucho a
los agentes, en su mayoría campesinos, pero formados en la brega del deber y el servicio
a la comunidad. Carlos Clemente Tinal
Chavez, regidor comisionado de Policía, coordinando esfuerzos con el juez de Paz, Lic.
William Santos Sáenz y el director de la P,olicía Sr. Manuel Ku Novelo, se han dado la
tarea de sanear la corporación, sacar algo de lo bueno de mucho de lo malo, malos
elementos han pedido su baja y a otros se les ha despedido por la "quinceada"
hasta la corrupción comprobada.
Sin embargo sería cómodo y fácil para
las autoridades municipales no dar crédito a las críticas, a las denuncias que en la
mayoría de los casos son justificadas, pero también persiste la prepotencia de
ciudadanos que se consideran intocables y se mofan de la justicia y la ley.
Ciertamente la violencia no es un medio
para llegar a un fin deseable, es un ejercicio practicado por los elegidos a fin de
mantener y reforzar el foso que les separa de los corrompidos, señala B. De Jouvenal,
pero por su parte, George Sorel en su libro "Reflexiones sobre la violencia"
realiza un papel profético pues sus concepciones son aplicadas en la siguiente época que
le tocó vivir.
Cien años después Hegel, en su
"Fenomenología del Espíritu", coloca de relieve el papel de la lucha y de la
violencia en la accesión del hombre a la libertad, se manifiesta el desdoblamiento de la
conciencia de sí en su unidad.
Parafraseando a Hegel, diremos: arriesgando
la vida un policía vale el respeto del otro, y cada sujeto consciente tiende a la muerte
al arriesgar la vida y propiedad, pues el otro no se vale más que él mismo, al servir al
otro sirve a la sociedad en su conjunto.
El poder y el derecho aparecen en una
sociedad como la nuestra como un acto concreto de unidad, es el signo de su fin, el bien
común se instituye por contrato de las libertades, existiendo una realidad superior por
encima de las libertades empíricas y la sociedad política termina más allá de sí
misma, una fuerza humana superior, un poder del hombre sobre el hombre.
El poder reclama sumisión y obediencia del
contrato social, contiene momentos de fuerza o de la violencia y del reconocimiento de la
sociedad, es una fuerza al servicio del ideal, nacida de la voluntad social destinada a
conducir y en su caso de imponer a sus miembros de que él manda.
Hay una gran diferencia entre el
conquistador que cree que debe su fortuna a la espada y el legislador a su autoridad y
sabiduría, en realidad no hacen más que desarrollar su potencia de la idea del
reconocimiento, estimulando su celo y lo guarda de la imprudencia.
Por lo cual, sabedores de la vida ante el
poder y la obediencia al poder y que el ser libre es someterse a una norma que no
traiciona al hombre y la sociedad, sino que al contrario la lleva a su perfección,
gobernantes y gobernados están en la actitud de perfeccionar su total libertad. (F.L.V.
Umán, Yucatán, Méx., septiembre de 2001) |