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Mérida, Yucatán, México

Edición 622 del viernes 21 de septiembre de 2001

Semanario de Información y Análisis Político

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Miguel A. Gamboa García
La violencia solo origina violencia

Félix Rubio Villanueva
¿El principio del fin del orgullo norte amnericano?

Germán Sosa Monsreal
La biblia, el corán y las profesias de Nostradamus
Fernando Gómez Pool
El aspirante a vedette
Roger Aguilar Salazar
La complicidad SEGEY-SNTE

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Resultados

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Crónicas de mi Ciudad

Por Fernando Lizama Vado

     Trabajo, disciplina, constancia, son algunos de los méritos de la actual policía municipal de la ciudad de Umán, atrasada, olvidada por las pasadas administraciones, se les exige mucho a los agentes, en su mayoría campesinos, pero formados en la brega del deber y el servicio a la comunidad.

Carlos Clemente Tinal Chavez, regidor comisionado de Policía, coordinando esfuerzos con el juez de Paz, Lic. William Santos Sáenz y el director de la P,olicía Sr. Manuel Ku Novelo, se han dado la tarea de sanear la corporación, sacar algo de lo bueno de mucho de lo malo, malos elementos han pedido su baja y a otros se les ha despedido por la "quinceada" hasta la corrupción comprobada.

Sin embargo sería cómodo y fácil para las autoridades municipales no dar crédito a las críticas, a las denuncias que en la mayoría de los casos son justificadas, pero también persiste la prepotencia de ciudadanos que se consideran intocables y se mofan de la justicia y la ley.

Ciertamente la violencia no es un medio para llegar a un fin deseable, es un ejercicio practicado por los elegidos a fin de mantener y reforzar el foso que les separa de los corrompidos, señala B. De Jouvenal, pero por su parte, George Sorel en su libro "Reflexiones sobre la violencia" realiza un papel profético pues sus concepciones son aplicadas en la siguiente época que le tocó vivir.

Cien años después Hegel, en su "Fenomenología del Espíritu", coloca de relieve el papel de la lucha y de la violencia en la accesión del hombre a la libertad, se manifiesta el desdoblamiento de la conciencia de sí en su unidad.

Parafraseando a Hegel, diremos: arriesgando la vida un policía vale el respeto del otro, y cada sujeto consciente tiende a la muerte al arriesgar la vida y propiedad, pues el otro no se vale más que él mismo, al servir al otro sirve a la sociedad en su conjunto.

El poder y el derecho aparecen en una sociedad como la nuestra como un acto concreto de unidad, es el signo de su fin, el bien común se instituye por contrato de las libertades, existiendo una realidad superior por encima de las libertades empíricas y la sociedad política termina más allá de sí misma, una fuerza humana superior, un poder del hombre sobre el hombre.

El poder reclama sumisión y obediencia del contrato social, contiene momentos de fuerza o de la violencia y del reconocimiento de la sociedad, es una fuerza al servicio del ideal, nacida de la voluntad social destinada a conducir y en su caso de imponer a sus miembros de que él manda.

Hay una gran diferencia entre el conquistador que cree que debe su fortuna a la espada y el legislador a su autoridad y sabiduría, en realidad no hacen más que desarrollar su potencia de la idea del reconocimiento, estimulando su celo y lo guarda de la imprudencia.

Por lo cual, sabedores de la vida ante el poder y la obediencia al poder y que el ser libre es someterse a una norma que no traiciona al hombre y la sociedad, sino que al contrario la lleva a su perfección, gobernantes y gobernados están en la actitud de perfeccionar su total libertad. (F.L.V. Umán, Yucatán, Méx., septiembre de 2001)

 

 

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