| Trece años han pasado
desde que Eduardo, incitado por la ausencia de veracidad y objetividad en la información
pública en la Península de Yucatán, se aventura a realizar una publicación semanal de
información y análisis, y digo "se aventura", no en el sentido que fuera el
iniciador de un suceso extraño, sino para calificarlo como lo que era, un aventurero con
audacia, atrevimiento, temeridad y hasta con cierto aire de insolencia ante quienes
abusando del poder de la información se valían de ése o ésa para satisfacer su
egocentrismo e intereses particulares. Comentaba un amigo periodista, (notarán fácilmente que el que escribe no lo es,
¡soy pésimo para escribir!) a quien respeto y admiro, que lo difícil no es
"sacar" el primer número, sino mantener la publicación. Dice: "La
integración y publicación de la información del primer número no tiene los problemas
ni dificultades de los posteriores, para el primero tienes todo el tiempo para hacer la
planeación, elaboración y distribución; contrario a ello, para los posteriores lo que
más te afecta es precisamente el tiempo, pues asumiste un compromiso que deberás cumplir
periódicamente".
Si bien el comentario de mi estimado amigo
contiene una gran verdad, no menos cierto es que para iniciar una publicación de un
semanario de información y análisis, como es "La Revista Peninsular", no fue
nada fácil. La falta de financiamiento, la labor de convencimiento para con nuestros
anunciantes, la oposición de quienes afectaría a sus intereses por la publicación y
circulación, mismos que hicieron todo lo posible para que ésta no apareciera, todo eso y
más, no generaban un ambiente óptimo.
Eduardo no se desanimó, luchó y logró su
objetivo, y con ello puso a disposición de la sociedad, una publicación semanal de
información y análisis. Su visión permite que actualmente tengamos un medio de
comunicación, que suma a lo anterior la crítica constructiva en el ámbito
socio-político y socioeconómico de la Península. Y en su generosidad ofrece su logro a
la comunidad para que ésta lo utilice en defensa de sus legítimos intereses.
El fundador de "La Revista
Peninsular" logró sus metas. Toca ahora a Rodrigo obtener las propias.
No es tarea fácil, como dice mi estimado
amigo, mantener una publicación semanal implica que aun y cuando se tenga contemplada e
integrada la información a publicar, la dinámica de los acontecimientos y la cascada de
información te obliga llegar hasta el último momento para iniciar la impresión de la
publicación.
Además, el ambiente no ha dejado de ser
poco estimulante, ya que si bien se obtienen satisfactores personales, estos han sido más
emotivos que materiales y sigue persistiendo la actitud de algunas personas que se siente
lesionadas en sus intereses mezquinos para que ésta no se publique. Y sume el problema de
fondo para las empresas editoriales, el cual es casi insuperable (hasta hoy y creo varios
lustros más), el bajo nivel de educación. En México este factor no permite
aumentar el número de publicaciones semanales. Hay que recordar que como consecuencia del
bajo nivel de educación, los mexicanos no tenemos poca (sin doble sentido), aceptemos que
no tenemos la costumbre de la lectura.
El vericueto del periodismo será superado
por Rodrigo; no será tarea fácil, pero considero que aún en su corta edad tiene ciertas
características: atrevido, temerario y con una pizca de insolencia ante aquellos que
agravian a la sociedad.
Desconozco las metas de Rodrigo, pero
infiero que están definidas y dirigidas a que "La Revista Peninsular"
llegue a tener y mantener un lugar preponderante entre las publicaciones semanales de la
República, sin olvidar o descuidar el compromiso social que tiene el periodista ante la
sociedad, anteponiendo el interés de ésta a su interés personal, no en el sentido de
llevar a la quiebra financiera a la empresa, todo trabajo merece una remuneración, (¡por
favor, que ya no se "clave la lana" el corrector!) sino realizando una crítica
constructiva, un periodismo imparcial y sobre todo que esa crítica se dirija a señalar
las acciones irregulares de las autoridades que afectan a la sociedad, sea quien sea la
autoridad, apegándose a los hechos sin distorsionarlos por amistad, simpatía o diverso
motivo; todo lo anterior se condensa en uno de los pilares de "La Revista":
HONESTIDAD.
Reitero, la tarea de Rodrigo no es fácil,
pero sí factible.
Espero que todo lo anterior no se inferirá
como "un cepillazo".
Es imposible describir las luchas, triunfos
o fracasos de un hombre sin calificarlo. (No lo dijo alguien famoso, éste es mío).
Dicen que para escribir se requiere de
disciplina, mi compadre Jorge dice que soy un bárbaro (y no es por lo fiero o cruel, sino
más bien por lo inculto y grosero). Creo que muchos ciudadanos están interesados en
manifestarse y es loable que "La Revista Peninsular" otorgue el medio y
la oportunidad para ello.
Y para terminar, un saludo al maestro Orta,
quien dice que "La Revista" antes era más agresiva, "golpeadora",
pero que ahora la aprecia parcial, sobre todo con Patricio.
¡Maestro!, le respondo, ¿cómo se puede
criticar a Patricio? ¡No ha hecho nada! (Literalmente ¡nada!).
Usted, estimado lector, debe concluir si lo
anterior es por el poco tiempo que lleva en el cargo del Ejecutivo estatal o si no lo han
dejado actuar o cualquier factor que considere. Pero independientemente del factor que
usted estime, así como considero que la tarea de Rodrigo no es fácil, pero sí factible,
lo mismo considero para la tarea de Patricio. Si el primero requiere de la participación
de sus empleados y colaboradores para obtener sus metas, el Ejecutivo estatal requiere del
concurso de la sociedad en general (¡de todos los yucatecos!). (R.C.Z. Mérida,
Yucatán, Méx., septiembre de 2001). |