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Mérida, Yucatán, México

Edición 622 del viernes 21 de septiembre de 2001

Semanario de Información y Análisis Político

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Ricardo Carillo Zapata
Trece años en la palestra

Germán Martínez Cázares
Identidades Asesinas

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Prioridad Olvidada
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Manuel Acuña López
Rumbo al 2003 en Campeche
Jorge Iván Gamboa B.
El "cambio" y Layda Sansores
Alejandro López Munguía
Patricio, un gobernador titubeante
Freddy Heredia Durán
Se apunta Castilla...
Rafael Acosta Solís
Al dia siguiente...
Miguel A. Gamboa García
La violencia solo origina violencia

Félix Rubio Villanueva
¿El principio del fin del orgullo norte amnericano?

Germán Sosa Monsreal
La biblia, el corán y las profesias de Nostradamus
Fernando Gómez Pool
El aspirante a vedette
Roger Aguilar Salazar
La complicidad SEGEY-SNTE

PENINSULA

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Mun. de campeche
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PATRICIO COMO GOBERNADOR

¿CÓMO SIENTES QUE VA EL GOBIERNO DE YUCATÁN?

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Resultados

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A quien corresponda...
La violencia sólo origina violencia.

Por Miguel A. Gamboa García

El panorama internacional no puede ser más obscuro y con anuncio de tiempos borrascosos para los próximos meses, luego de los lamentables sucesos mortíferos suscitados por la locura trasnochada de los terroristas, que basados en quién sabe qué ideales así como qué Dios que dicen adorar, en sus vandálicas incursiones sentencian a muerte no sólo a sus enemigos tradicionales, sino a cuanta gente inocente tenga la mala fortuna de cruzarse en sus nefastas intenciones.

Los actos terroristas han sido compañeros permanentes de la humanidad, y prácticamente se inician desde el conocido relato bíblico en que un hermano —Caín— mató a Abel. Si el crimen de por sí es horroroso, entre hermanos siempre lo será peor. Este primer hecho de sangre es originado desde luego por la envidia y el odio, pero sobre todo revela una falta total de temor hacia un Creador generoso, lleno de bondad y de amor. El hombre, única criatura salida de las manos de ese Dios amoroso, fue el único entre los demás animales creados, con capacidad para pensar, para conocer que vive y para que sobreviva en medio de los infortunios naturales, y pueda darse a sí mismo ciertas comodidades, que las demás criaturas no disfrutan o las tienen como medio natural de subsistencia.

Desgraciadamente, ese razonamiento del que la humanidad entera fue dotada, no es utilizado sólo para hacernos y proporcionarnos el bien, como hubiera deseado el Creador, pues en esa libertad que nos dio al crearnos a su "imagen y semejanza", nos dio también la libertad de hacer su voluntad o el no hacerla; es decir, podemos escoger entre el bien y el mal. Las diferencias raciales, los diferentes credos religiosos, la política, la economía, las diferencias sociales entre otras, siempre han sido caldo de cultivo de odios, de rencores, envidias malsanas que siempre han llevado al hombre a vivir en medio de la violencia, que a la larga genera guerra, destrucción y muerte. Tristemente, en este último concepto quienes más sufren y mueren, son desgraciadamente miles de inocentes, de los cuales su único pecado quizá sea el querer trabajar y vivir en paz.

Lo ocurrido el martes pasado en Nueva York ya ha tomado dimensiones de escándalo y provengan esas acciones de donde provengan y estén dirigidas contra quien sea, son motivo de rechazo y desprecio por los hombres de buena voluntad de todas las naciones, de todos los credos y de todas las razas. El atentado contra las torres de Nueva York la semana pasada no es solamente un ataque contra los Estados Unidos sino contra toda la humanidad, dada la magnitud del ataque violento y pérfido a sitios donde laboraban, además de los miles de estadounidenses, también cientos y hasta miles de inmigrantes de cerca de 40 países de todas las latitudes del mundo. Es por eso que esta matanza de inocentes trabajadores, de por sí digna del más grande repudio, se convierte en una salvaje y perversa acción terrorífica no digna de la vida real, sino de una película de ciencia—ficción de las que hemos visto decenas.

Cuando la humanidad entienda a conciencia el mandamiento primero de la ley de Dios, que pide: "En primer lugar amarás a tu Dios y el segundo a tu prójimo como a ti mismo", quizá aprendamos a respetarnos, a tratarnos como iguales, sin odios ni diferencias que conlleven a la violencia, que origina siempre MÁS VIOLENCIA.

Para los creyentes, en especial para nuestros "rábanos" mexicanos y que de seguro se rasgarán las vestiduras por el apoyo —el que sea que nuestro país le brinde a EE.UU.— y que además desdeñen las enseñanzas moralistas de nuestra religión, les recomendamos que al menos se cobijen en el apotegma del indio de Guelatao que dice: "... el respeto al derecho ajeno es la paz... " y esto entendido literalmente en toda su amplia dimensión, abarca todos los ámbitos, incluyendo, si es que hubiera, los motivos válidos por los cuales los instigadores de estos actos criminales de LESA HUMANIDAD, violan toda convivencia humana entre todos los hombres, de todas las naciones, de todas las razas, de todos los credos. Nosotros al igual que miles de cristianos de todo el mundo, elevamos nuestras oraciones al Todopoderoso, suplicándole que su misericordia se apiade de los que murieron en ese ataque de ira el pasado día 11 de septiembre en Nueva York y Washington. En nuestras pasadas fiestas patrias, apenas cuatro días después, como que no se notó la alegría plena que siempre manifestamos los mexicanos, como consecuencia del desastre humano que atestiguamos con estupor e incredulidad: ¡¡BALDÓN!!

Por otra parte, nuestra casa editora de La Revista Peninsular este viernes 21 festejará —y no es para menos— el arribar a sus 13 años de existencia con el número 622. Todavía está fresca en nuestra memoria, hace poco más de 13 años, cuando alrededor de una taza de café, nuestro inolvidable amigo Eduardo Menéndez nos comunicó su intención de editar una revista, medio informativo que hacía falta en nuestra entidad.

Entre esos amigos también se encontraba otro que siempre recordaremos fervorosamente y que este año se adelantó al viaje eterno, me refiero a Luis Ramírez Aznar. Los que hemos colaborado por etapas, como el suscrito, en esta publicación, aunque desde luego nunca nos hemos alejado por completo, hemos sido testigos de los sufrimientos, de los momentos dolorosos y también de júbilo de su primer director general. Hoy, ya con la estafeta en las manos de Rodrigo, hacemos llegar a nuestra Revista, así como a su personal de redactores, administrativos y de talleres, nuestros mejores deseos de que tengan por delante muchos años de prosperidad, de dicha y de paz y que se siga adelante con la línea de trabajo marcada por nuestro difunto fundador, que de seguro todos le recordaremos en este día tan especial. Felicidades. (M.A.G.G., Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2001)

 

 

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