| ¿Dónde
ha quedado el orgullo norteamericano? Después de los lamentables hechos que presenciamos
el pasado martes en la T.V., ¿qué más puede pasar? Solamente que un fanático religioso
del Islam haga explotar en el corazón de Disney World una ojiva nuclear y barra con todo
Orlando, Florida, Cabo Cañaveral y nos llegue a nosotros por el viento prevaleciente. No, no es ciencia-ficción ni ninguna
elucubración que salga del más enfermo de los cerebros de los escritores de
largometrajes que Hollywood nos ha proyectado en las pantallas grandes, ¡es la verdad!
Más allá de la desolación, el dolor, los miles de muertos y otro tanto de heridos que
en unos días sabremos, los fundamentalistas le rompieron el corazón al "American
Pride", orgullo norteamericano.
Ese sólo hecho cambió la historia de la
humanidad en todos los sentidos, 2000 años después de Cristo, comenzaremos una nueva era
con la cuenta: Antes de las T.T. (Twin Towers) o después de las T.T. Hemos platicado con
varios amigos norteamericanos que nos comentan que todo el pueblo quiere que su gobierno
tome las medidas necesarias para castigar a los culpables del perverso atentado que
cercenó las vidas de miles de civiles, dejó heridos y acabó con familias.
El dolor que siente hoy el pueblo
estadounidense va a tardar muchos días, probablemente meses antes de mitigarse, de que
sus vidas se normalicen y todo dependerá de la reacción militar que su gobierno tome y
sientan en sus adentros que ese hecho los reconforta lo suficiente como para recobrar la
confianza o les caiga la lengua de fuego del Espíritu Santo, con el misericordioso amor
de Dios para perdonar a sus enemigos, que les perpetraron tan devastador suplicio. Dos de
los símbolos más importantes fueron "tocados". Humillaron al poderío
económico en el corazón financiero del mundo judío y el Pentágono, centro del vigor
militar, científico y de inteligencia del país más poderoso del orbe, lo cual tiene a
su pueblo deprimido.
Sí, aunque parezca insólito, la economía
mundial se verá afectada hasta que la confianza sea recuperada en su totalidad.
La Industria del turismo, de la diversión,
las inversiones en el extranjero y otras industrias sufrirán las consecuencias, al igual
que sus socios comerciales, pues los EE. UU. gastan en el mundo más de 100 mil millones
de dólares que giran en todos los países para generar una derrama mundial de más de 500
mil millones de dólares en el 2000, según cifras de la Organización Mundial de Turismo,
quienes dicen que mueve 63 rubros de la economía, imagínense el impacto negativo que
este atentado generará.
El gobierno de México deberá ser muy
cauto sobre cómo analizar este evento, para no llevarnos a otra crisis que empeoró hace
25 años cuando el ex presidente Luis Echeverría devaluó la moneda después de excesos
en el gasto público.
Demandamos que el gobierno federal haga
todas las prevenciones necesarias, comenzando con una austeridad vigilada para optimizar
los recursos, lance una ofensiva promocional, conducida por el Banco de Comercio Exterior,
de nuestros productos al resto del mundo para agarrar una migaja del pastel en la aldea
global en la que todos somos parte de ella. Es momento de austeridad familiar, cuidemos lo
que tenemos.
Hemos escuchado con tristeza a varios
yucatanenses, regocijarse de la insana acción terrorista, tal vez por el ánimo
antiamericanista de envidia por todo lo logrado por esa gran nación, que tendrá defectos
pero es el lugar donde se respira un aire de libertad total en todos. Esa misma libertad
expresada en su Constitución, permitió que el enemigo se metiese en su propia casa y
desde allí acabara con el orgullo norteamericano.
Los que hemos vivido en los EE. UU. y la
hemos visitado en incontables ocasiones sabemos de lo que hablamos. Muchos podrán estar
en desacuerdo y respeto su opinión pero nunca podremos estar de acuerdo en un acto
criminal dirigido por terroristas de "la guerra santa" dónde hay cincuenta mil
civiles trabajando. "Esto es un acto de guerra" como bien dijo el presidente de
los EE. UU., George Bush.
Recién retornamos de un viaje de
vacaciones por el sureste norteamericano mi esposa y mi nieto Alejandro; me llamó la
atención y fue incluso motivo de enojo de mi parte pero que hoy, después de los
atentados terroristas, entiendo. Al entregar nuestros boletos y pasaportes, la empleada de
Aeroméxico-Delta, me preguntó: ¿dónde están Dulce y Alejandro? Están
devolviendo el auto en la rentadora. Lo siento, pero no puedo checar sus boletos,
necesito que estén ellos presentes para identificarlos y hacerles unas preguntas.
Señorita, insistí, siempre hemos entregado los boletos y pasaporte y nunca ha
habido ningún problema. Lo siento, ella tiene que venir a identificar su maleta.
Las preguntas fueron ¿ha estado usted todo
el tiempo con su equipaje? Sí, respondí. ¿Alguna persona se ha acercado a usted para
pedirle que lleve algún objeto o bulto para alguien? No. En eso llegaron Dulce y
Alejandro corriendo, aceptaron sus boletos, les hicieron las preguntas individualmente y
para nuestra mala fortuna no aceptaron documentar la maleta de mi esposa, que registramos
en la sala de última espera después de pasar por dos arcos de detección de metales.
¿Será este el principio del fin, el
anuncio del apocalipsis? ¿Usted qué cree?
Nuestras condolencias y solidaridad a esa
gran nación, a su gente y a los familiares de las personas de todas las nacionalidades
que perdieron a sus seres queridos, y a nuestros amigos americanos de aquí y allende los
mares. (F.A.R.V. Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2001). Comentarios:
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