Al iniciar labores el lunes 11 de septiembre, todo el mundo vio con horror y
consternación cómo aviones comerciales se estrellaban en las torres gemelas de Nueva
York, parecíamos estar en una clásica película hollywoodense donde faltaban Harrison
Ford, Arnold Schwartzeneger, Clint Eastwood, Bruce Willys o de perdis Jackie Chan, para
que impidiesen la infamia. La cadena Televisiva CNN americana mostraba imágenes que
serán recuerdos perpetuos, los mismos reporteros perdían la noción del momento, la
gente por lo menos en esta ciudad de Mérida quedó perpleja, hubo un
sentimiento de solidaridad por todas esas personas víctimas del fanatismo, también hubo
temor por la reacción de la nación atacada; fue como un vacío, por supuesto las
teorías y los "expertos" aparecieron, con toda clase de ideas y comentarios;
desde ese momento sentí que el mundo cambió, ni siquiera el inicio del nuevo siglo me
había proporcionado ese sentir, fue tan espantoso y terrible como fascinante y
misterioso, creo que el mundo despertó de un letargo rutinario, simplemente nos sentimos
más humanos, la realidad eliminaba el sueño y la fantasía, fue un recordatorio de que
existimos.¿Qué pensamientos
habrán cruzado en esas miles de personas al momento de fallecer? Estoy seguro que algunos
disfrutaban de un café o de un refresco, o leían el Wall Street Journal, o jugaban con
su computadora, o simplemente conversaban de la última francachela; en fin, todas las
historias que puedan imaginarse, y cómo no, si habían más de cincuenta mil personas,
sin que hasta la presente fecha se haya calculado el número exacto de muertos; nunca
sabrán por qué se fueron, habrán dejado pendientes que jamás realizarán, la
imaginación nos llena de ideas: bodas, juegos de las grandes ligas, viajes, negocios, o
simplemente decirle a su familia que la amaba....
¿Y los suicidas, habrán imaginado el
dolor que infligirían? ¿Será que el fanatismo es tan terrible que hace que el ser
humano pierda sus sentimientos? Yo lo considero un absurdo; Dios, con el nombre que le
quieran poner, nos dio un plazo de vida, que apenas rebasa los 100 años; nos dio el grato
gusto de sentir, de pensar, amar, comer, ¿por qué desperdiciar ese don en absurdas
acciones? ¿Acaso creen que hacen el bien? Lo más terrible es que los autores
intelectuales gozan del daño causado; total, ellos no ofrendaron su vida, ellos se
escudaron en absurdas excusas para defender su derecho de vida, sus familias no sufren la
pérdida del ser querido; qué injusto es el mundo...
Pero, ¿quién cometió esta infamia?
Materialmente gente manipulada, ellos son los sacrificados inútilmente, son los
mensajeros anónimos del dolor, para ellos una oración y un pensamiento de
incomprensión; pero los intelectuales, ésos, son los que han sacado provecho de este
asunto, yo tengo todavía dudas de los árabes, comúnmente cuando atacan, se jactan de
haberlo hecho; además, existen demasiados indicios que parecen sembrados para que creamos
lo que nos hacen creer; la otra posibilidad es que se trate de un autogol o del extremismo
norteamericano. La industria de la guerra anda feliz. ¿Imagínense veinte mil millones de
dólares para empezar? Por esa cantidad cualquier cosa puede ocurrir, el dinero siempre
será el aliado del mal y del terror, toda la infamia mundana tiene su origen en él.
Ojalá la justicia de ese país los encuentre y reciban el justo castigo y no se culpe a
un inocente para satisfacer el revanchismo y el dolor.
Este inolvidable y consternante suceso
invita a una constante reflexión, a valorar lo que tenemos, que la vida la tenemos
prestada y algún día será reclamada, que debemos mejorar, hacer cada día una acción
buena, ayudar al necesitado, amar al prójimo y buscar la reconciliación.
Recuerde, el mundo es un punto
insignificante del universo, imagínese en la escala que estamos, no desperdiciemos
nuestra vida en situaciones inútiles, seamos cada día mejores, recordemos lo agradable
que es sentir el cálido sol o la alegría de nuestros hijos y pensemos en gozar de este
don llamado vida en paz y armonía. Una oración para los que se fueron sin saber por
qué... (R.A.S. Mérida, Yucatán, Méx., septiembre de 2001)
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