El
diagnóstico de la circunstancia mundial, en los ámbitos social, político y económico,
es de una grave enfermedad progresiva.
Los síntomas de esa dolencia son: las
crisis económicas cíclicas que asuelan al planeta a partir de problemas localizados en
algún país o zona geográfica; las guerras que permanentemente surgen en diversas partes
del orbe; la desigualdad social y económica entre países y estratos sociales; las
pandemias como el Sida y otras que tememos surjan; la exacerbación de fundamentalismos
ideológicos; el irrefrenable deterioro ecológico del planeta; el terrorismo sin
fronteras surgidos como consecuencia de problemas cuya solución se difirió
indefinidamente, pero no contribuye a su superación; y la despolitización de los
ciudadanos que creen participar políticamente porque los candidatos y partidos entran a
sus casas por medio de la televisión.
La historia de la humanidad indica que
afrontó y superó exitosamente muchos problemas. El progreso del hombre es una tendencia
general y sostenida, hasta ahora. Tenemos sobradas razones para confiar en que el género
humano encontrará las soluciones que está buscando.
No obstante el optimismo antes expresado,
hay que destacar que los problemas de nuestra "aldea global" tienen ahora un
mayor potencial de peligrosidad, porque casi instantáneamente adquieren trascendencia
internacional a causa de la rapidez creciente de los modernos medios de comunicación, que
hace posible un entramado más complejo de las interrelaciones de los fenómenos sociales
y económicos. Ejemplificador es el caso del relativamente pequeño grupo terrorista de
Osama Bin Laden, presunto responsable del atentado terrorista perpetrado en Estados Unidos
de América el reciente 11 de septiembre, que pone al mundo en riesgo de una nueva guerra
mundial.
Después del cuestionado triunfo electoral
del presidente George W. Bush y de su emergente fama de poseer una limitada inteligencia,
resulta obvio que su liderazgo era débil, por lo que necesitó con mayor apremio poner en
pie de guerra a su país, con el fin de unificar las fuerzas reales de poder
norteamericanas frente a un enemigo externo. La moraleja es que los liderazgos débiles
requieren de respuestas dramáticas y desproporcionadas para solucionar sus problemas, lo
que generalmente es inconveniente.
En México las dolencias planetarias antes
enumeradas se reflejan fiel y puntualmente. Contrariamente a lo que era de esperarse, la
alternancia partidista en el poder no fortaleció al sistema político y al sistema de
partidos, sino que lo debilitó.
La personalidad carismática y la campaña
electoral intensamente mediática de Vicente Fox, propició una supervivencia inercial del
presidencialismo mexicano tradicional, pero que continúa en proceso de acelerado
desgaste.
Una consecuencia inicial del
presidencialismo foxista fue el debilitamiento del PAN, sobre el que impuso su candidatura
y el peso de su triunfo mayoritario sobre los magros resultados electorales de su partido,
que sólo le permitieron obtener poco más de un tercio de la Cámara de Diputados,
proporción que no le soluciona al titular del Ejecutivo Federal sus problemas de
gobernabilidad.
El Revolucionario Institucional derrotado
es el partido que resultó más dañado por el triunfo foxista, que no panista. También
es un hecho que el PRD quedó disminuido notoriamente a causa de los pobres resultados
electorales del dos de julio de 1999. El desprestigio del PVEM es mayúsculo.
En conclusión, señalamos que el sistema
de partidos sufrió deterioro causado por la alternancia partidista en la presidencia.
Poco más de un año después de iniciada
la administración foxista, la figura presidencial sufre un inevitable desgaste ante la
imposibilidad de ofrecer a la sociedad avances en los ámbitos social, político y
económico, arrastrando consigo al PAN. Excepto el caso de Yucatán, en la media docena de
entidades federativas donde este año se han realizado elecciones locales, los resultados
de Acción Nacional no son nada halagüeños.
Durante un largo año prevalecieron las
promesas, primero, del "ya merito" y, después, el pretexto de que la recesión
económica en el vecino país del norte determinaba linealmente otra correlativa en
México, sin que el Ejecutivo Federal pudiera hacer algo para, cuando menos, aliviar la
innegable repercusión. La fuerza de la razón y de los hechos obligó a que la semana
anterior el gabinete económico, en boca del Presidente, propusiera cinco acciones de
gobierno para afrontar la problemática económica mexicana.
El jefe del Ejecutivo Federal apenas
comenzó a entender que con voluntarismo y propaganda no logrará gobernar al país y
avanzar en su proyecto personal de pasar a la historia como un "gran"
presidente. Este es el motivo por el que finalmente aceptó incorporar las propuestas y
demandas de los partidos políticos, al Acuerdo Político Nacional suscrito el domingo 7
del mes en curso.
Este Acuerdo es el camino correcto, pero su
formalización no garantiza que las intenciones ahí expresadas lleguen a su realización.
El éxito de este Acuerdo depende de que los disensos que surgirán al abordar los
detalles se conviertan en consensos, mediante la subordinación de los protagonistas al
interés general, el rechazo a los dogmatismos ideológicos y la erradicación de la
soberbia mesiánica. Esto pondrá a prueba la madurez política de las partes y el nivel
alcanzado por la cultura política nacional.
La verdad es que todos los partidos
políticos se decidieron a firmar dicho Acuerdo, acicateados por las acechanzas del
exterior, agravadas por los acontecimientos recientes, que ponen al desarrollo de México
en una situación de alto grado de riesgo.
No obstante el optimismo que produce el
mencionado Acuerdo, alertamos a la sociedad mexicana sobre una amenaza surgida durante las
semanas finales de la negociación que dio paso al Acuerdo de referencia. Nos referimos a
la campaña para socavar al poder Legislativo emprendida por la extrema derecha mexicana y
que tiene como principal vocero al comentarista radiofónico Pedro Ferriz de Con. El día
cinco del mes en curso, Ferriz nos hizo favor de venir a Yucatán a abrirnos los ojos, con
sus insinuaciones golpistas.
Ferriz fue abiertamente profoxista durante
la campaña electoral que ganó frente a Labastida. Actualmente es evidente que trata de
impulsar desde su trinchera las políticas presidenciales desde una perspectiva
intransigente fundamentalista de la economía de libre mercado y
proestadounidense. Es de esas personas que sienten más identificación clasista por
encima de fronteras políticas que identidad nacional. Los que tienen computadora y hacen
opinión pública, porque tienen solucionadas sobradamente sus necesidades económicas y
tienen espacio en sus mentes para pensar en otras cosas que no sea la supervivencia,
independientemente de sus nacionalidades, constituyen su comunidad, la que es objeto de
sus lealtades. En ocasiones Pedrito se desespera porque el resto de los mexicanos no
piensa como él, no participan, no hacen opinión, no trabajan los suficiente, se
conforman con muy poco, no están atentos a las soluciones que se dan los norteamericanos,
sus instituciones no están acordes con la modernidad, no son personas de mundo, no hablan
inglés, no tienen clase, etc.
El argumento de este fundamentalista es que
los partidos políticos y el Congreso de la Unión están paralizando el desarrollo
mexicano al no aprobar las iniciativas legislativas del Ejecutivo. Niega la posibilidad de
que el Ejecutivo Federal tenga que aceptar adecuaciones a sus iniciativas y tácitamente
exige que los legisladores sean los que tengan que bajarse sus pantalones.
La mencionada campaña propagandística
tiene por objetivo amenazar al poder Legislativo con que, de no aprobar las iniciativas
legislativas del Ejecutivo, el "pueblo" deberá hacer algo como exigir la
disolución del Congreso y otorgarle facultades extraordinarias al presidente de la
República. Esta solución no tiene nada de original, de lo que el lector se habrá
percatado a estas alturas, es repetición de lo ocurrido en Perú y Venezuela. Es el
panegírico del fujimorazo y el chavezaso acontecidos, no hace mucho, en Sudamérica.
Retomamos la moraleja inicialmente
expresada: el debilitamiento del liderazgo del presidente Fox puede inducir a la extrema
derecha a impulsar una solución antidemocrática extrema. El Presidente debería rogar a
Ferriz: "no me ayudes, compadre".
Recordemos que, con todos sus defectos, la
democracia es el menos malo de los sistemas políticos. (J.A.P.P. Mérida, Yucatán,
Méx., octubre de 2001). |