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Mérida, Yucatán, México

Edición 625 del viernes 10 de Octubre de 2001

Semanario de Información y Análisis Político

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"Cultivo estratégico" Promisorio futuro para los cítricos yucatecos

La extrema derecha propone una versión mexicana del  Fujimorazo
Entrevista entre líneas al secretario de Protección y Vialidad, Francisco J. Medina Torre
La equidad de genero, tarea pendiente
Campeche rumbo al 2003, Zona imaginaria
Rumbo 2003
Australia tendrá guardias armados en sus vuelos
El Instituto Federal de Defensoría Pública

OPINION

Manuel Castilla Ramírez
Dejan sin sede a los amigos de la trova yucateca en el D.F.

Rafael Acosta Solís
"The big and better business"

Róger Aguilar Salazar
¿Barbarie infinita y duradera? Hay que pararla.
Carlos Castillo López
El mundo árabe... Fragmentos de un legado
Ricardo Carrillo Zapata
La palabra vence ¡el ejemplo arrasa!
Juan Guanabacoa
Entre sorbos de café
Miguel A. Gamboa García
¿Los plurinominales, vale la pena seguirlos sosteniendo?
Francisco F. Solís Peón
En el D F. las ambigüedades políticas del PRD
Alejandro López Munguía
Mi punto de vista
Germán Sosa Monsreal
Otra de turismo

Franklin Alonzo Cabrera
Ecos de una elección, Raterías "panistas" en Playa de Carmen.

PENINSULA

Mun. Solidaridad
Gobierno de Campeche
Mun. Benito Juárez
Mun. de campeche
Gobierno de Quintana Roo


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PATRICIO COMO GOBERNADOR

¿CÓMO SIENTES QUE VA EL GOBIERNO DE YUCATÁN?

Muy bien
Bien
Regular
Mal
Muy mal
No lo se


Resultados

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En perjuicio de la sociedad
La extrema derecha propone una versión mexicana del fujimorazo

Por J. Antonio Paz Pineda

El diagnóstico de la circunstancia mundial, en los ámbitos social, político y económico, es de una grave enfermedad progresiva.

Los síntomas de esa dolencia son: las crisis económicas cíclicas que asuelan al planeta a partir de problemas localizados en algún país o zona geográfica; las guerras que permanentemente surgen en diversas partes del orbe; la desigualdad social y económica entre países y estratos sociales; las pandemias como el Sida y otras que tememos surjan; la exacerbación de fundamentalismos ideológicos; el irrefrenable deterioro ecológico del planeta; el terrorismo sin fronteras surgidos como consecuencia de problemas cuya solución se difirió indefinidamente, pero no contribuye a su superación; y la despolitización de los ciudadanos que creen participar políticamente porque los candidatos y partidos entran a sus casas por medio de la televisión.

La historia de la humanidad indica que afrontó y superó exitosamente muchos problemas. El progreso del hombre es una tendencia general y sostenida, hasta ahora. Tenemos sobradas razones para confiar en que el género humano encontrará las soluciones que está buscando.

No obstante el optimismo antes expresado, hay que destacar que los problemas de nuestra "aldea global" tienen ahora un mayor potencial de peligrosidad, porque casi instantáneamente adquieren trascendencia internacional a causa de la rapidez creciente de los modernos medios de comunicación, que hace posible un entramado más complejo de las interrelaciones de los fenómenos sociales y económicos. Ejemplificador es el caso del relativamente pequeño grupo terrorista de Osama Bin Laden, presunto responsable del atentado terrorista perpetrado en Estados Unidos de América el reciente 11 de septiembre, que pone al mundo en riesgo de una nueva guerra mundial.

Después del cuestionado triunfo electoral del presidente George W. Bush y de su emergente fama de poseer una limitada inteligencia, resulta obvio que su liderazgo era débil, por lo que necesitó con mayor apremio poner en pie de guerra a su país, con el fin de unificar las fuerzas reales de poder norteamericanas frente a un enemigo externo. La moraleja es que los liderazgos débiles requieren de respuestas dramáticas y desproporcionadas para solucionar sus problemas, lo que generalmente es inconveniente.

En México las dolencias planetarias antes enumeradas se reflejan fiel y puntualmente. Contrariamente a lo que era de esperarse, la alternancia partidista en el poder no fortaleció al sistema político y al sistema de partidos, sino que lo debilitó.

La personalidad carismática y la campaña electoral intensamente mediática de Vicente Fox, propició una supervivencia inercial del presidencialismo mexicano tradicional, pero que continúa en proceso de acelerado desgaste.

Una consecuencia inicial del presidencialismo foxista fue el debilitamiento del PAN, sobre el que impuso su candidatura y el peso de su triunfo mayoritario sobre los magros resultados electorales de su partido, que sólo le permitieron obtener poco más de un tercio de la Cámara de Diputados, proporción que no le soluciona al titular del Ejecutivo Federal sus problemas de gobernabilidad.

El Revolucionario Institucional derrotado es el partido que resultó más dañado por el triunfo foxista, que no panista. También es un hecho que el PRD quedó disminuido notoriamente a causa de los pobres resultados electorales del dos de julio de 1999. El desprestigio del PVEM es mayúsculo.

En conclusión, señalamos que el sistema de partidos sufrió deterioro causado por la alternancia partidista en la presidencia.

Poco más de un año después de iniciada la administración foxista, la figura presidencial sufre un inevitable desgaste ante la imposibilidad de ofrecer a la sociedad avances en los ámbitos social, político y económico, arrastrando consigo al PAN. Excepto el caso de Yucatán, en la media docena de entidades federativas donde este año se han realizado elecciones locales, los resultados de Acción Nacional no son nada halagüeños.

Durante un largo año prevalecieron las promesas, primero, del "ya merito" y, después, el pretexto de que la recesión económica en el vecino país del norte determinaba linealmente otra correlativa en México, sin que el Ejecutivo Federal pudiera hacer algo para, cuando menos, aliviar la innegable repercusión. La fuerza de la razón y de los hechos obligó a que la semana anterior el gabinete económico, en boca del Presidente, propusiera cinco acciones de gobierno para afrontar la problemática económica mexicana.

El jefe del Ejecutivo Federal apenas comenzó a entender que con voluntarismo y propaganda no logrará gobernar al país y avanzar en su proyecto personal de pasar a la historia como un "gran" presidente. Este es el motivo por el que finalmente aceptó incorporar las propuestas y demandas de los partidos políticos, al Acuerdo Político Nacional suscrito el domingo 7 del mes en curso.

Este Acuerdo es el camino correcto, pero su formalización no garantiza que las intenciones ahí expresadas lleguen a su realización. El éxito de este Acuerdo depende de que los disensos que surgirán al abordar los detalles se conviertan en consensos, mediante la subordinación de los protagonistas al interés general, el rechazo a los dogmatismos ideológicos y la erradicación de la soberbia mesiánica. Esto pondrá a prueba la madurez política de las partes y el nivel alcanzado por la cultura política nacional.

La verdad es que todos los partidos políticos se decidieron a firmar dicho Acuerdo, acicateados por las acechanzas del exterior, agravadas por los acontecimientos recientes, que ponen al desarrollo de México en una situación de alto grado de riesgo.

No obstante el optimismo que produce el mencionado Acuerdo, alertamos a la sociedad mexicana sobre una amenaza surgida durante las semanas finales de la negociación que dio paso al Acuerdo de referencia. Nos referimos a la campaña para socavar al poder Legislativo emprendida por la extrema derecha mexicana y que tiene como principal vocero al comentarista radiofónico Pedro Ferriz de Con. El día cinco del mes en curso, Ferriz nos hizo favor de venir a Yucatán a abrirnos los ojos, con sus insinuaciones golpistas.

Ferriz fue abiertamente profoxista durante la campaña electoral que ganó frente a Labastida. Actualmente es evidente que trata de impulsar desde su trinchera las políticas presidenciales desde una perspectiva intransigente —fundamentalista— de la economía de libre mercado y proestadounidense. Es de esas personas que sienten más identificación clasista por encima de fronteras políticas que identidad nacional. Los que tienen computadora y hacen opinión pública, porque tienen solucionadas sobradamente sus necesidades económicas y tienen espacio en sus mentes para pensar en otras cosas que no sea la supervivencia, independientemente de sus nacionalidades, constituyen su comunidad, la que es objeto de sus lealtades. En ocasiones Pedrito se desespera porque el resto de los mexicanos no piensa como él, no participan, no hacen opinión, no trabajan los suficiente, se conforman con muy poco, no están atentos a las soluciones que se dan los norteamericanos, sus instituciones no están acordes con la modernidad, no son personas de mundo, no hablan inglés, no tienen clase, etc.

El argumento de este fundamentalista es que los partidos políticos y el Congreso de la Unión están paralizando el desarrollo mexicano al no aprobar las iniciativas legislativas del Ejecutivo. Niega la posibilidad de que el Ejecutivo Federal tenga que aceptar adecuaciones a sus iniciativas y tácitamente exige que los legisladores sean los que tengan que bajarse sus pantalones.

La mencionada campaña propagandística tiene por objetivo amenazar al poder Legislativo con que, de no aprobar las iniciativas legislativas del Ejecutivo, el "pueblo" deberá hacer algo como exigir la disolución del Congreso y otorgarle facultades extraordinarias al presidente de la República. Esta solución no tiene nada de original, de lo que el lector se habrá percatado a estas alturas, es repetición de lo ocurrido en Perú y Venezuela. Es el panegírico del fujimorazo y el chavezaso acontecidos, no hace mucho, en Sudamérica.

Retomamos la moraleja inicialmente expresada: el debilitamiento del liderazgo del presidente Fox puede inducir a la extrema derecha a impulsar una solución antidemocrática extrema. El Presidente debería rogar a Ferriz: "no me ayudes, compadre".

Recordemos que, con todos sus defectos, la democracia es el menos malo de los sistemas políticos. (J.A.P.P. Mérida, Yucatán, Méx., octubre de 2001).

 

 

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