Sin perder el
rumbo, consideramos prudente que antes de analizar a los partidos políticos
contendientes, sus representantes, sus poderes tras el trono, sus intereses y sus
posibilidades, dediquemos un espacio a medir la magnitud de la elección que se avecina,
el costo de la misma y quienes lo pagarán.
En el 2003 el cambio de autoridades será
total, En los 3 poderes. En el Ejecutivo cambiará el gobernador, los presidentes
municipales, las juntas, las comisarías y con ellos sus respectivos gabinetes. Esto
quiere decir que habrá elecciones para gobernador, para 11 presidentes municipales, más
las juntas y comisarías que se espera sean reacomodadas. En el legislativo: a nivel
federal cambio de representantes populares; a nivel local cambio total de diputados. En el
judicial: la inminente salida, si no se da antes, del desubicado presidente del Tribunal,
que si bien nada tiene que ver con el proceso electoral que se avecina, es de todos sabido
(incluso de los propios integrantes de ese poder que así lo reconocen) que el susodicho
no tiene ningún merecimiento para ese digno y alto cargo, más que su amistad juvenil con
el gobernante en turno. (De los excesos nos ocuparemos por separado).
La elección será responsabilidad del
presidente del Instituto Electoral del Estado y de los consejeros, personas, en su
mayoría, de reconocida solvencia, quienes pese a ello no se salvarán de los eternos
quejumbrosos ni podrán apartarse de sus vínculos con el actual gobierno, lo que
seguramente dará motivo a quejas, lamentos e intervenciones oficiales y, por qué no, a
una que otra renuncia a la hora buena.
Mínimo se instalarán 800 casillas por
toda la geografía estatal, consejos distritales, consejos municipales, Tribunal
Electoral, Ministerios Públicos para asuntos electorales, funcionarán juzgados, notarios
y una fuerza pública que parece resultará insuficiente siquiera para brindar vigilancia
efectiva a las autoridades electorales y casillas, por lo que es de preverse que
intervenga la fuerza pública federal, el ejército y la armada.
Otro problema serio que elección tras
elección se presenta es el de la insuficiencia de boletas para que ejerzan su sufragio
los votantes de paso, pero esos son otros detalles de los que nos ocuparemos con
posterioridad.
En tanto, amable lector, tómeselo como
tarea y resuelva: ¿Cuántos candidatos estarán en campaña? ¿Cuántos ciudadanos se
requieren para integrar a las autoridades electorales? ¿Cuántos militantes requerirán
los partidos políticos como representantes y vigilantes de sus intereses? ¿Cuántos
elementos destinarán las fuerzas públicas?
Por si esto fuera poco respóndase cuánto
le costará al país y al Estado la elección que se avecina y pregúntese: ¿Quién lo va
a pagar? ¿De dónde saldrá el dinero? ¿Necesitamos tantos partidos políticos y
candidatos?
¿Le parece bien que en 15 días comparemos
nuestras respuestas?
Hasta cuándo aguantará la paciencia y el
bolsillo de los mexicanos para costear el gasto inútil y grotesco que representa la
incipiente y fallida democracia de la que tanto nos jactamos, que tanto nos cuesta y que
tan pocos beneficios nos produce; ¿no sería más sencillo, práctico y útil un
BIPARTIDISMO REAL? ¿No sería mejor una preselección de candidatos? Desde luego que sí,
en tanto, continuamos disfrutando de nuestra dieta política de atole con el dedo, hasta
que el atole se acabe. Por el pueblo, por favor, no se preocupe, recuerde que los pueblos
tienen los gobiernos que se merecen. (L.E.G. Campeche, Campeche, Méx., octubre de
2001). |