| El turismo en nuestra entidad
tiene que romper los viejos moldes y ubicar a sus enemigos para poder crecer y
desarrollarse de acuerdo con la importancia que tiene nuestro Estado. Por mucho tiempo,
por la falta de programas atractivos y el arrastre de vicios a los que se ha dado carta
patente, mucho turismo importante ya no regresó por haber sido esquilmado, robado y mal
tratado, las más de las veces por los mismos prestadores de servicios. A pesar de la
magra publicidad que se la hecho a los atractivos turísticos nuestros, publicidad que se
le ha constreñido a la repartición de folletitos a través de algunos consulados y
embajadas (esos agregados de turismo ¡qué fiasco!), muy deficientes en información por
cierto, en muy poco ha ayudado a incrementar el turismo en Yucatán. Para el caso de la costa yucateca y aprovechando las semanas
lunares, a través de transportadores marítimos (tal vez yates o de otros) que por el
manso oleaje de nuestro litoral no presente peligro. Pequeños muelles o atracaderos en
determinados puertos como Dzilam de Bravo y El Cuyo, donde el turista podrá tomar
alimentos perfectamente controlados en lo que a higiene se refiere, debiendo estar el
parador turístico en esos dos lugares, gozará de todos los servicios que se requieren,
incluyendo la comunicación. El turista, de acuerdo con el plan que aparecerá en el
paquete, podrá darse baños de mar, de alberca o piscina, y de regadera si así lo
prefiere; tendrá la oportunidad de disfrutar esas noches de luna una antes de la
llena y las tres posteriores aunque ésta salga un poco más tarde. Se podrá ir en
convoy y cada grupo de turistas estará protegido por elementos de seguridad, incluyendo
servicios paramédicos, que en su botiquín deberán tener Viperol para el caso que
pudiera presentarse, y esas pomadas repelentes de insectos tan indispensables en tiempos
de mosquito y chaquiste. En los programas, que deberán comenzar en el puerto de Progreso
en el calor o mejor dicho en la frescura de un hotel de cinco estrellas o mínimo de
cuatro, donde el turista que así lo desee podrá guardar las pertenencias que no necesite
en su "lunada", en seguros lockers que aparte de su chapa correspondiente,
tendrá armellas para que el turista coloque su candado. La seguridad que se le otorgue al
turista, la calidad en los alimentos que se le proporcione incluyendo el agua purificada,
así como la calidez que sienta, será una segura recomendación a sus paisanos para que
vengan a disfrutar de nuestras bellezas. Los planes deberán ser elaborados por gente que
demuestre que aman el turismo y que a éste lo vean como un elemento integrador y
hermanador. Resultaría penoso y vergonzante saber que el principal motivador de nuestro
turismo sea la droga; nos permitimos, por las anteriores razones, a guardar silencio sobre
los exagerados crecimientos de algunos lugares vecinos, donde sus policías municipales se
suman a las DEAS, PGRS, INTERPOLES, etcétera, etcétera, por la gran cantidad de droga
que es mercada, muchas veces con la intervención de autoridades que quincenalmente cobra
precisamente para combatirla. Yucatán todavía está muy lejos de ponerse en esa
tesitura.
Lo mismo que en la zona marítima para el turismo que gusta
de ellos, en la terrestre, habiendo tantos lugares interesantes y acogedores, se
organizarían de la misma manera, sólo que en lugar del tipo de transporte marino que
mencionamos, habrá vehículos adecuados y paradores fijos donde los turistas disfrutarán
sus alimentos, así como mercarán las artesanías que se exhibirán en lugares fijos,
para evitar el ambulantaje, que en estos casos no es aconsejable tolerar. El comercio, que
ha desprestigiado a una de las más reconocidas artesanías, como lo es nuestra hamaca, ha
caído en manos de enemigos del turismo y hasta la fecha nadie ha dicho "esta boca es
mía".
Cada vez es mayor el número de vendedores de hamacas en el
mismo centro de la ciudad, que distan mucho de las que utilizamos los yucatecos en
nuestras casas. Hamacas "de juguete" les son ofrecidas a los turistas a muy
altos precios, que al compararlas con las que acostumbramos, nos hacen preguntarnos:
¿qué nos está pasando? En los paradores turísticos y en operaciones de buena fe, se
les puede expender a los turistas las hamacas convencionales, y a manera de orientación
se pueden "tender" los dos tipos de hamacas para poco a poco acabar con este
engaño que mucho nos perjudica.
Lamentablemente se ha detectado que existen personas que,
si no están enquistadas en el presupuesto turístico, respiran por esa herida,
despotrican contra las legalmente constituidas y las descalifican por no pertenecer a su
clan. Los que sí creemos en el cambio, principalmente en el del renglón turismo, estamos
ciertos de que si le ponen buena fe a todos sus desplazamientos las actuales autoridades
de esa industria, para alcanzar planos de más elevación, serán apoyados por las
autoridades superiores. Buen cuidado han de tener los que a contracorriente pretendan
hacer su escaramuza. Hay que hacer un inventario de todo lo hecho hasta ahora en materia
de turismo, desechar lo obsoleto, y agregarle los planes que se desarrollarán en
adelante. Si hay algo de la incumbencia del poder legislativo, por los debidos conductos
deberá canalizarse. El turismo será el apoyo definitivo para el progreso del Estado. (R.A.S.
Mérida, Yucatán, Méx., octubre de 2001). |