La semana antepasada, en este espacio de La
Revista, enumeré una serie de aciertos y grandes logros que la cultura árabe ha
legado a la humanidad, tanto de nuestra época como de otras lejanas, perdidos algunos en
esos relatos milenarios de libros más antiguos aun que la llamada cultura occidental,
cuyo origen se pierde en la noche de los tiempos y es, como mucho de la cultura árabe, un
misterio que la lectura y la curiosidad pueden más o menos dilucidar, pero hasta hoy no
aclarar totalmente. Grandes mujeres y hombres han dado al Oriente una historia y una
cultura mucho mayor a la que en la actualidad se presenta en una región de esa zona: la
de Afganistán, controlada en su mayoría por el gobierno fundamentalista talibán y que
hoy en día la televisión nos muestra como un lugar donde la barbarie y la incivilidad
son el común de cada día, en estadios donde son ejecutadas, ante un público de todas
edades, mujeres sospechosas solamente sospechosas- de asesinato; o en las noticias
que los diarios difunden sobre atrocidades como la venta de hijos para el pago de deudas,
el asesinato por violar las costumbres de apariencia (en este caso cortarse la barba),
etc. El pueblo musulmán del pasado es piedra angular de nuestra civilización y no se
asemeja en casi nada a lo que la actualidad refleja: merced de los medios de información
y de una sed de justicia del pueblo estadounidense, la religión de Mahoma y sus
seguidores son, tras los atentados del 11 de septiembre, víctimas de la intolerancia en
los Estados Unidos de Norteamérica y otros lugares del mundo, pues son presentados como
portadores de ese mal mundial que tanto daño ha hecho a la humanidad y a su avance hacia
la convivencia pacífica: El terrorismo.
Aspectos que resaltar del Oriente sobran, y
prueba de ello es la bibliografía que con respecto a sus grandes pensadores existe:
Maimónides, Avicena y Averroes, por no hablar del sinnúmero de ensayos, estudios y
análisis sobre la cultura islámica, sus influencias, su conflictividad y su presente.
Con respecto a los dos últimos, la escritora Ikram Antaki publicó en 1994 El
espíritu de Córdoba (Editorial Planeta), en el que se desarrolla una charla ficticia
entre ambos filósofos; ésta describe las visiones del mundo árabe a lo largo de dos
siglos de matemática, derecho, astronomía, medicina, política, así como del legado
aristotélico -que iluminó una de las corrientes más fértiles del pensar islamista-
rescatado por un tercero, Maimónides, cuya historia Herbert Le Porrier desarrolla en Al
Andaluz bajo el título de El médico de Córdoba (Grijalbo), en el que afirma:
"Sólo el conocimiento puede lograr que los hombres sean mejores, y no la fe
ciega". Otro autor destacable, de origen libanés, es Amin Maalouf. En el número 622
de La Revista Germán Martínez publicó una reseña titulada
"Identidades asesinas", que incluye la descripción de la principal obra del
escritor, León el africano, así como su libro de más reciente publicación, de
título homólogo al del artículo referido. No me detendré en ambos ejemplares pero sí
añado algunos más a la lista de Maalouf, que de forma excepcional, y en cada uno de
ellos, trasporta a la lectura historias e Historia que hacen un poco más comprensible el
mundo musulmán y que, junto con las de Antaki y Le Porrier, son imprescindibles para
entender que más allá de las guerras y los constantes conflictos el Oriente es cuna de
un saber milenario sin el cual nuestro Occidente sería muy distinto al que conocemos. Por
principio, Las cruzadas vistas por los árabes anuncia desde su nombre un punto de
vista distinto al que conocemos e incluye el desarrollo de aquéllas guerras medievales
desde el período de la caída de Jerusalén en 1099 hasta la toma de Acre por el sultán
Jalif, en 1291; una de las tesis principales del libro y así lo menciona el autor-
es cómo el centro del mundo después de las Cruzadas se desplaza hacia Europa, iniciando
así una tendencia que hasta nuestro tiempo sigue vigente. Las escalas de Levante,
por su parte, se desenvuelve en ciudades que fueron crisol del contacto entre las culturas
de los dos hemisferios, favoreciendo el intercambio de ideas, el mestizaje, la tolerancia
y el espíritu de reconciliación. En Samarcanda, Amin Maalouf narra la vida del
geómetra y poeta persa Omar Jayyám, a finales del siglo XI y principios del XII, así
como en Los jardines de la luz aborda la historia de un personaje llamado Mani, que
a la larga deviene en el fundador de una doctrina universal que concilia tres religiones
en un enfoque del mundo profundamente humanista.
No obstante, la cantidad de autores que de
alguna manera han abordado la civilización Oriental es muy vasta. Los temas son variados
y van desde la interpretación histórica, la novela y la fantasía narrativa hasta el
legado que la poesía provenzal nacida en Francia (s. XII), junto al concepto del
"amor cortés", toma del mundo árabe, y que Octavio Paz describe junto al
desarrollo del concepto Occidental de amor en La llama doble (Editorial Seix
Barral).
Por otra parte y con respecto al Corán, el arabista y traductor de la doctrina
de Mahoma, Juan Vernet, estudioso de la cultura musulmana y sus implicaciones y
conflictividades actuales, afirma que la tan nombrada yihad o guerra santa no tiene
nada ni de guerra ni de santa, pues el vocablo significa esfuerzo, sólo que fue
utilizado con intereses de reclutamiento militar y obedeciendo a falsas interpretaciones
de un libro que lejos de proclamar justas bélicas y enemigos ficticios es el compendio de
una doctrina monoteísta, en ciertos puntos no tan divergente del catolicismo. Asimismo,
el periodista francés Christian Makarian, en la revista gala LExpress,
llevó a cabo un repaso del Islam, el Corán y los acontecimientos históricos que
devinieron en esas falsas interpretaciones cuya culminación, hasta este momento, son las
fatídicas consecuencias del Centro de Comercio Internacional de Nueva York y el
Pentágono de Washington: un retroceso en las libertades obtenidas por una democracia que
con grandes esfuerzos se ha consolidado como el sistema más óptimo para la convivencia
del hombre. A continuación transcribo algunos fragmentos de este texto, fundamental para
no encerrar al Islam en la imagen que un grupo de extremistas asesinos ha logrado
consolidar.
- "Sobre las ruinas y los miles de
cuerpos todavía enterrados sobrevuela la sombra de un Islam extraviado que ignora los
principios de humanidad trasmitidos por el propio Corán. Un Islam degradante, ultra
minoritario que hiere cruelmente la conciencia y la identidad de un millón de musulmanes
que vive su fe en paz."
- "La voz de la más alta autoridad
islámica, el jeque Mohamed Sayyed Tantaoui, rector de la gran mezquita de al-Azhar, en el
Cairo, afirma sin miedo: "Matar hombres, mujeres y niños inocentes es un acto
horrible y repulsivo que ninguna religión monoteísta aprueba, y que es rechazado por
todo espíritu humano sano."
- "Durante el primer periodo del
Islam, Mahoma que fue jefe de estado en La Meca y Medina- multiplicó los beneficios
sociales, desarrolló una espiritualidad rica y abierta basada en la compasión, la
tolerancia y la caridad."
- "Dada su gran variedad de citas,
parábolas, dichos y hechos, [el Corán] ofrece a los espíritus volubles la posibilidad
de invocar una serie de referencias susceptibles de justificar las peores
intolerancias."
- "El Corán puede prestarse a
lecturas flexibles o a interpretaciones radicales. El libro santo del Islam no fue escrito
a una sola mano ni por una inspiración humana. Es Dios mismo quien dicta el Libro a
Mahoma. Para los cristianos, Dios se hizo hombre; para los musulmanes, Dios se hizo libro.
Y primero hay que aprender a leer (el árabe)".
- "Esta falsa interpretación está
respaldada por la fusión entre Estado y religión, entre fe y Derecho, que es otra gran
característica del Islam."
- "La naturaleza totalitaria del Islam
engloba todos los aspectos de la existencia: ética, trabajo, familia, sexualidad,
herencias... Todo lo privado está regulado en común para todos".
- "El Corán contiene más de 6,000
versos y menos del 5% se refieren a aspectos jurídicos. Son simples recomendaciones. Los
integristas que buscan reconstruir un Estado islámico parecen ignorar que el Corán no
contiene ninguna mención relativa al Estado ni a las reglas para gobernarlo. Ni mucho
menos una reglamentación del derecho público. Por lo tanto, si Dios lo dijo todo en el
Corán (creencia árabe) y no hizo mención alguna sobre el funcionamiento y los roles del
Estado, es porque el Islam es una religión, no una política".
- "El antídoto del fanatismo es
intelectual."
El conocimiento. Esa es la solución del
fanatismo. No interpretar ni acoger tal cual lo que otros predican con respecto a una
creencia o una ideología. El marxismo lo hizo y terminó convertido en una serie de
máximas que ya solamente se gritan a viva voz en los países subdesarrollados, y
que respaldaron a su vez una de las épocas más autoritarias y sanguinarias de la
historia. El cristianismo también fue leído de una manera totalmente ajena a sus fines;
sus traspiés provienen de ahí, de esa lectura que más obedeció a los intereses de las
grandes monarquías que a la salvación de la alma. Ambas formas del pensamiento contaron
con hombres que reivindicaron y renovaron las teorías mal empleadas antaño, y que hoy
son la democracia social y la Iglesia, tal como la conocemos.
Hace falta una reivindicación del Islam,
porque ahí también hay sabiduría guardada, porque la voz de los menos no es de ninguna
forma la de los más, mucho menos la de Dios: solamente es la ambición de quien encontró
en un mensaje de carácter divino el medio para conseguir sus ambiciones particulares,
así se llamen yihad o cruzadas. Hay mucho más que aprender de la cultura árabe,
mucho más de lo que la actualidad muestra en apariencia, mucho más de lo que los tiempos
modernos y la irresponsabilidad mediática han querido descubrir a los ojos de quienes
aceptan las interpretaciones, aunque sean Occidentales, que tampoco en este caso son de
total apego a la verdad histórica del Islam.
C.C.L. Ciudad de México, octubre de
2001, xsharly@hotmail.com |